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viernes, 23 de octubre de 2020

La Homoherejía avanza dentro del Catolicismo

¿Esto es la Iglesia? ¿O es Sodoma?
Ernesto Domingo Álvarez


Son las preguntas que vienen a nuestra mente al leer las noticias de estos días. Aunque dolorosamente advirtamos que estas preguntas reflejan de algún modo una situación muy extendida en la Iglesia y que el mismo Papa Francisco se encarga de fomentar. 

El Papa Francisco afirmó en una entrevista reciente, recogida en un Documental y refieriéndose a las parejas contranatura, que “Lo que tenemos que hacer es una ley de convivencia civil. Tienen derecho a estar cubiertos legalmente”. “Yo defendí eso”. El Papa respalda así las uniones civiles de parejas homosexuales (Me pregunto qué dirán ahora los movimientos de Iglesia que dicen “defender la familia” para justificar lo injustificable).

Pero volvamos al Papa Francisco: ¿a qué se refiere con “yo defendí eso”? A la época en que era Cardenal Arzobispo de Buenos Aires. Y esto lo confirma el lenguaraz mayor de Bergoglio en Argentina, Víctor Manuel Fernández. “Lo que ha dicho el Papa sobre este tema es lo que sostenía también cuando era el Arzobispo de Buenos Aires”, escribe el inefable Tucho en su página de Facebook según información periodística [ver aquí: https://www.infobae.com/opinion/2020/10/21/bergoglio-siempre-tuvo-esta-opinion/].

¡Ah sí!, me imagino que ahí saldrán los desmentidores seriales de Francisco, diciendo que no dijo lo que dijo. Que no se entiende bien lo que quiso decir. Que es tergiversado. Pero la historia se repetirá una vez más. Recuerden: al final quedará lo que dijo. ¡Como siempre!

jueves, 14 de mayo de 2020

¿Redoxón de la Vida Espiritual? Réplica a Monseñor Eduardo García

La Eucaristía, ´Redoxón de la vida espiritual´
Ernesto Alonso 


Un “ruido” episcopal infamante

Ruido, mucho ruido” le hizo a Monseñor Eduardo H. García, Obispo de la Diócesis de San Justo (provincia de Buenos Aires), “que en estos días circulara un video dirigido a nosotros los obispos, con la frase ´devuélvannos la Misa´”, añadiendo a renglón seguido los siguientes remarcables enunciados. “Si viviéramos realmente como pueblo deberíamos escuchar también, ´devuélvannos la educación, devuélvannos Cáritas, devuélvannos el trabajo, devuélvannos la salud, devuélvannos tantas cosas que resignamos en esta cuarentena atendiendo al bien mayor que es la salud de toda la población” (…) “A este mapeo le faltan unos actores que claman también a los obispos; aquellos que proponen con espíritu de cruzada – que es lo que menos necesitamos en este momento - ´juéguense por la fe, nosotros los acompañamos´”. 

Escogidos al azar, estos son algunos de los pensamientos que expresara Monseñor García y que AICA recogió de una columna de opinión publicada en `Clarín` el 25 de abril pasado. Expresiones indignantes que han soliviantado mi ánimo no solo porque injuria la honesta intención de un número mayúsculo de católicos que reclaman con fuerza, con humildad y respeto la vuelta del culto público y la apertura de los templos. Son exasperantes dichos pensamientos, al extremo del exabrupto, porque dan cuenta de una deleznable adulteración de la verdad del Sacramento Eucarístico no obstante protestar amor por el Cristo Eucarístico y cuidado por la fe de los fieles. 

Monseñor Eduardo Horacio García, por más obispo que sea, no tiene derecho alguno a humillar a un grupo de fieles porque solicita la celebración de la Santa Misa a puertas abiertas, cuando en muchos pasajes de su columna los confronta siempre, y dialécticamente, con aquellos que serían los verdaderos fieles que sí tienen amor por la Eucaristía y la Misa. Nos enfrenta con el ´pueblo´ categoría más sociológica que religiosa, recientemente puesta en alza con la fementida ´teología del pueblo´ por obra y propaganda de Monseñor Víctor Manuel Fernández y del mismo Papa Francisco, advirtiéndonos que “si viviéramos como pueblo” deberíamos reclamar también la “devolución de la salud, del trabajo, de Cáritas”, etc. Pero como somos católicos ´individualistas´ y probablemente ´burgueses´ nos contentamos con solicitar solo la Misa y la Eucaristía. Y puesto que nos cabe la definición de ´cruzados´, pues “proponemos con espíritu de cruzada” jugarnos por la fe, hemos de ser los peores reaccionarios que enajenados por el recio sabor del buen combate imaginamos una Iglesia perseguida que de ningún modo tiene lugar en nuestro país, habida cuenta de la acreditada militancia cristiana de los Kirchner, de los González García, de los Fernández, de los Kicillof, Rodríguez Larreta y un extensísimo etcétera. 

jueves, 3 de octubre de 2019

El inefable T(r)ucho en una de sus Bergogliadas

 Adversus Tuchum
 o la respuesta de un fiel a un inaceptable comunicado de monseñor Víctor Manuel Fernández aparecido ayer en La Nación


Habiendo leído el día de ayer el cobarde y políticamente correcto comunicado de Monseñor Víctor Manuel Fernández, consulté a un sabio sacerdote sobre la conveniencia de salirle al cruce al obispo de La Plata. Tuve como respuesta una afirmación, pero con la aclaración de que esta vez había que hacerlo ya sin palabras: con los dos puños. Pero encontrándome lejos y sin posibilidad de tenerlo a tiro (con los puños, aclaro), vi más que conveniente escribir al menos unas pocas líneas. Líneas de un simple laico, padre de familia, contra una autoridad de la Iglesia que no habla el mismo lenguaje. No es mi intención analizar punto por punto el comunicado vergonzoso y humillante para la Iglesia y sus fieles. Sólo repudiarlo en bloque, espigando algunos pocos puntos.

Empezaré diciendo que a mí sí me interesa conformar a alguien (como también a Fernández le interesa, vamos, aunque diga lo contrario). Soy cristiano, y con mi vida, mis palabras y mis obras quiero conformar a mi Señor Jesucristo. (¿Usted no, monseñor? ¿Por qué dice lo contrario?) Sé que si lo reconozco frente a los hombres, Él me reconocerá a mí frente a sus ángeles (Lc. 12, 8-9). ¡Qué reconfortante certeza en este día!

El obispo de La Plata, casi al inicio nomás, arranca notando que con ocasión del próximo Encuentro Nacional de Mujeres Autoconvocadas “hay gente con miedo”. Le pregunto, monseñor: ¿no será usted el que tiene miedo? ¿Y no será ese miedo el que lo lleve a querer pensar que esas “hordas sedientas de venganza y destrucción” sean solamente “mujeres a quienes une un mismo sueño de igualdad” (!)? Y no puedo dejar de preguntarme si realmente estaremos refiriéndonos a lo mismo, o si monseñor Fernández estará tomándonos el pelo a la feligresía. 

Sí, olfateo miedo a llamar a las cosas por su nombre. Miedo a las definiciones. Miedo del pastor a los lobos. Miedo a ejercer la autoridad, esa que le confirió Jesucristo para apacentar y defender a su rebaño. Miedo a la resistencia, pues expresamente la prohíbe, no sea que se interprete como agresión. ¿Se nos prohíbe la resistencia, en estos tiempos tan fieros? Sí, el arzobispo de La Plata se comprometió a “procurar evitar todo acto, movilización o expresión que se manifieste como contraofensiva” (¡menos mal que no nos prohíbe rezar!  Aunque, claro está, esto deja manifiesto qué poca fe tiene monseñor en la plegaria, pues esta sería ya algo inofensivo, no un arma del cristiano). Pero, ¿en qué quedamos? ¿Habrá una ofensiva entonces? Pues de otro modo no hablaría de “contraofensiva”. Pero no: todo eso sería “inútil, ineficaz e imprudente”, nos aclara. Como el testimonio de los mártires, le faltó rematar. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Uno de los pocos Obispos que habló contra el Aborto en Argentina

Una renuncia exprés
Mario Caponnetto


Tomado del Portal amigo “Adelante la Fe”.


A muy escasos días de haberla presentado, la Santa Sede aceptó la renuncia de Monseñor Héctor Aguer como Arzobispo de La Plata. Tanta celeridad es por completo inusual y asombra habida cuenta de que por lo general los molinos vaticanos muelen lentamente. Esta vez, en cambio, el trámite fue exprés. Se ve que alguno de los “vientos renovadores” que soplan en Roma aceleró esta vez las aspas de los viejos molinos.

Apenas unas pocas semanas antes de la fecha en que Aguer cumplía la edad canónica indicada para el retiro de los obispos, su ahora sucesor, Víctor Fernández (uno de los hombres de mayor confianza del Papa Francisco y reconocido como uno de sus teólogos de referencia) abandonaba -también sorpresivamente- su cargo de Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Es evidente, a la luz de lo que sucedió después, que aquella precipitada salida del rectorado de la primera universidad católica del país no tuvo otro sentido que posicionarlo a Fernández para asumir la diócesis ahora vacante. Es decir, la maniobra sucesoria estuvo perfectamente planeada y pergeñada con anticipación. Sólo restaba aguardar la fecha de la renuncia de Aguer. Sin embargo nada hacía prever semejante velocidad en el trámite.

Que todo el trámite del relevo se caracterizó por una inusual velocidad y premura lo atestiguan algunos detalles harto significativos. En efecto, sólo siete días después de presentar la renuncia, Monseñor Aguer fue citado por el Encargado de Negocios de la Nunciatura en Buenos Aires. Allí se le comunicó que cesaba en sus funciones a partir del momento mismo del anuncio público (que se hizo el sábado 2 de junio, día de la festividad externa de Corpus) y que uno de sus obispos auxiliares quedaría a cargo de la administración de la Diócesis hasta la toma de posesión del nuevo Arzobispo. En consecuencia, su salida efectiva se produciría inmediatamente después de la Misa de Corpus el mismo sábado 2 de junio en la que debía ser su despedida formal de la Arquidiócesis. Esto último se modificó a posteriori tras una entrevista que ambos arzobispos, el saliente y el entrante, mantuvieron en la Curia Platense y en la que se convino que el domingo 10 de junio Aguer se despedirá de su clero y de sus fieles en una misa celebrada en la catedral arquidiocesana.

Habida cuenta de que la toma de posesión del nuevo Arzobispo está fijada para el próximo 16 de junio es más que evidente que ni siquiera se le concedió a Aguer permanecer en el ejercicio del gobierno, y a la espera del sucesor, las dos escasas semanas que median entre el anuncio del nombramiento y la asunción del nuevo titular. En su lugar, el Papa designó Administrador apostólico “sede vacante” a unos de los auxiliares, Monseñor Alberto Bochatey, quien tendrá a su cargo gobernar la Arquidiócesis hasta la inminente asunción de Monseñor Fernández. En resumen está muy claro que Aguer debía ser alejado de su cargo sin demora; y así ocurrió.

martes, 30 de enero de 2018

Brillante Réplica al Tucho Fernández

La Hermenéutica “Bergogliana” de Monseñor Víctor Manuel Fernández
Ernesto Alonso


Tomado del Blog amigo “Cabildo”.


De Interpretatione

El Arzobispo Monseñor Víctor Manuel Fernández, “Tucho” como dice que prefiere lo llamen, rector de la Universidad Católica Argentina (UCA), se ha referido recientemente a las interpretaciones que de acciones, gestos y palabras se predican de y se atribuyen a su Santidad el Papa Francisco.

La de “las interpretaciones erróneas del mensaje del Papa” es una nota que publicó Monseñor Fernández en La Nación  y que AICA ha recogido el pasado lunes 15 de enero y titula tal como está escrito.

El propósito del señor Arzobispo es el de salir al encuentro de “afirmaciones periodísticas sobre el Papa (…) plagadas de imaginación, al mismo tiempo que (…) atribuirle a Francisco ciertas intenciones políticas (…) como si Francisco estuviera permanentemente pensando en Macri”. Un poco más adelante, señala que “si uno leyera este hecho (los referidos al Papa Francisco) con la misma imaginación, podría deducir que hay un plan organizado de desprestigio” (por parte del Santo Padre, cabe aclarar). He retocado por mi cuenta el orden de los enunciados de Monseñor Fernández preservando su literalidad.

lunes, 12 de septiembre de 2016

A confesión de parte relevo de pruebas

¿Comuniones Sacrílegas con el Aval de la Jerarquía de la Iglesia?
Ernesto Domingo Álvarez


Los Obispos de la Región Buenos Aires escribieron un Documento en el que “permiten la Comunión” a los adúlteros. Y el Papa Francisco dice que es la “única interpretación de Amoris Laetitia” (What?).


¿Quiénes componen la Región Buenos Aires? La Arquidiócesis de Buenos Aires y las Diócesis de Avellaneda-Lanús, Gregorio de Laferrere, Lomas de Zamora, Merlo-Moreno, Morón, Quilmes, San Isidro, San Justo, San Martín y San Miguel.

¿De dónde proviene este anhelo episcopo-argento-bergogliano de delinear “criterios” para aplicar “Amoris Laetitia”, justamente en el peor de sus capítulos [el número VIII], como un subsidio de ayuda a los sacerdotes de esa Región? Es que Jorge Mario hizo un trabajo fino durante sus años de tiranía en Buenos Aires: ordenó obispos a sus más destacados cómplices de la demolición de la Iglesia Católica en Argentina. Dentro de estos “elegidos” sobresalen Mons. Víctor Fernández, Mons. Joaquín Sucunza, Mons. Alejandro Giorgi, Mons. Eduardo García, etc. No es extraño, entonces, que sea éste el sector que otorga apoyo incondicional a su líder. 

Todo esto resulta muy curioso. Todavía hoy me parece estar escuchando los típicos rencores “anti-romanos” del P. Jorge. “Somos Católicos, Apostólicos y Latinoamericanos” se ufanaba... Y con él, muchos sacerdotes “porteños” se subieron a ese tren. Algunos por afinidad ideológica y otros por simple conveniencia. Y, precisamente, es esta facción de “Latinoamericanistas” la que ha producido un llamativo documento que, por decir lo menos, no es católico.

¿Por qué afirmamos esto? Léanlo ustedes mismos. A continuación reproducimos parte del texto que va dirigido a los sacerdotes de esta Región. Un texto que, aparentemente, tuvo por autor al Tucho Fernández, en cuyas manos –recordemos– se encuentra nada más y nada menos que la Pontificia (ex)Universidad (ex)Católica Argentina (UCA)... ¡Glup! Saquen entonces sus propias conclusiones... 

viernes, 9 de enero de 2015

Tango en San Pedro mientras la barca va a la deriva - Roberto de Mattei

Tango en San Pedro mientras la barca va a la deriva
Roberto de Mattei


Quizá los historiadores del mañana recordarán que en 2014, en la plaza de San Pedro, se bailaba el tango mientras los cristianos eran masacrados en Oriente y la Iglesia estaba al borde de un cisma. Esta atmósfera de ligereza e inconsciencia no es nueva en la historia. Recuerda Salviano de Marsella que, en Cartago, se bailaba y se banqueteaba en vísperas de la invasión de la Vándalos y, en San Petersburgo, según el testimonio del periodista americano John Reed, mientras los bolcheviques conquistaban el poder, los teatros y restaurantes continuaban abarrotados de gente. Como dice la Escritura, el Señor ciega a los que quiere perder (Jn 12, 37-41).

Sin embargo, el principal drama de nuestro tiempo no es la agresión que viene desde el exterior, sino aquel misterioso proceso de autodemolición de la Iglesia que está llegando a sus últimas consecuencias, después de haber sido denunciado por Pablo VI en el famoso discurso en el Seminario Lombardo del 7 de diciembre de 1968. La autodestrucción no es un proceso fisiológico. Es un mal que tiene unos responsables. Y los responsables, en este caso, son aquellos hombres de la Iglesia que sueñan con sustituir el Cuerpo Místico de Cristo con un nuevo organismo, sujeto a una perpetua evolución sin verdad y sin dogmas.

Un impresionante cuadro de la situación es el que han facilitado, a finales de 2014, dos informes sobre la Iglesia publicados, respectivamente, por el diario francés “Le Figaro” y el diario italiano “La Repubblica”.

“Le Figaro”, un periódico de centroderecha famoso por su moderación, ha dedicado su suplemento de diciembre, “Figaro Magazine”, a la “Guerra Secreta en el Vaticano. De qué manera el Papa Francisco revuelve la Iglesia”: 11 páginas firmadas por Jean-Marie Guénois, considerado uno de los vaticanistas más serios y competentes.


Algo parece volcarse en la Iglesia después del Sínodo sobre la familia del otoño de 2014 —escribe Guénois— y la acumulación de indicios autoriza a poner este interrogante: ¿se arriesga la Iglesia a enfrentarse a una tempestad a finales de 2015, tras la segunda sesión del Sínodo sobre la familia?”. Guénois revela la existencia de una “guerra secreta” entre Cardenales que no tiene como objetivo la conquista del poder. Lo que se está librando es una batalla de ideas que tiene como principal objetivo la doctrina de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio. El Papa Francisco es acusado desde dentro de la Iglesia de una gestión autocrática del poder que el periodista francés resume en la fórmula: “Cuando el Papa decide, no utiliza guantes”. Pero, el verdadero problema es su visión eclesial, inspirada en y aconsejada por las corrientes más progresistas del Vaticano. Según Guénois, son tres los teólogos que están definiendo los nuevos objetivos: el Cardenal alemán Walter Kasper, el Obispo italiano Bruno Forte y el Arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández. “¡Es éste el trío que ha prendido fuego a las pólvoras en ocasión del Sínodo sobre la familia!”. Dicho sea de paso, Kasper es la cabeza de ariete utilizada para la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar. Forte es el fautor de la legalización de la homosexualidad y Fernández es el exponente más destacado de la teología peronista del pueblo.

martes, 21 de octubre de 2014

La Amenaza Bergoglio - César Uribarri

La Amenaza Bergoglio
César Uribarri


Reproducimos a continuación un acertado y valiente artículo publicado originalmente en “El Blog de César Uribarri” del Portal amigo “InfoVaticana”. 


Desde el inicio de su Pontificado el Papa Francisco ha buscado un giro copernicano no sólo en la vida de la Iglesia, sino en la vivencia de la fe. Desde un subjetivismo camuflado en misericordia, Bergoglio ha izado a lo más alto de la Iglesia un equipo de leales que tienen en común la capacidad de destrucción subrepticia de la doctrina. Francisco no se ha servido nunca de declaraciones directas sino de construcciones lingüísticas en las que late una continua invitación a abandonar los rigorismos dogmáticos para abrirse a la realidad moderna, pero todo en una clave moralista en la que se apela a la subjetividad del oyente. Motivo por el cual ni se perciben enfrentadas las verdades doctrinales ni se apela a ellas para establecer un suelo desde el que juzgar el mensaje. Tal moralismo en el lenguaje, acompañado de gestos existenciales en el mismo Papa, son el campo abonado para la siembra del giro copernicano que se pretende. Y en esa estrategia el Sínodo Extraordinario de octubre de 2014 se quiso como la primera y fundamental piedra en esa demolición, pero no está tan claro que lo hayan conseguido.

La primera pregunta es si hay o no una batalla en el seno de la Iglesia. Y de haberla en qué términos y de qué alcance. A esto la respuesta es sí. Sí hay una batalla crudelísima entre los que tratan de adaptar el Evangelio a la realidad de un mundo que ha apostatado y los que pretenden salvar el núcleo del dogma. El sínodo está siendo clara evidencia de su alcance. Pero los sucesos que llevan ocurriendo más de un año obligan a una segunda pregunta: cuál es el papel del Papa en esta batalla. Y atreverse a responder exige dejar de lado toda construcción mental previa para ceñirse a los hechos. Y los hechos son tozudos: es el Papa Francisco quien está impulsando estos cambios. Y cambios que se acercan peligrosamente no sólo a un cisma, tal es la fricción que está causando en esas dos posturas enfrentadas, sino a la validación de la herejía. La comunión a los divorciados vueltos a casar no sólo puede ser una espita que haga saltar toda la antropología y moral cristiana sino que es la terrible puerta a la negación de las enseñanzas de Cristo.

Pero el Papa, el mismo que ha hecho gala de una dureza total contra los elementos que considera enemigos de sus planteamientos (como es el caso de los Franciscanos y Franciscanas de la Inmaculada o de Mons. Livieres) parece querer jugar al doloso juego de que sea la voz universal de la Iglesia la que “demande” los cambios aperturistas, para que él sea, solamente, el obligado instrumento que deba dar el placet-de-hecho al recorrido pastoral que, vox populi vox Dei, dinamite el dogma de la Iglesia. Esta estrategia de nuevo ha sido reconocida por el Cardenal Kasper cuando afirma que “es claro lo que (el Papa) quiere y eso es evidente. El quiere una parte importante del Episcopado con él y lo necesita. Él no puede hacerlo en contra de la mayoría del Episcopado”.

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