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miércoles, 20 de abril de 2022

Nicolas Kasansew: ligereza y superficialidad de una interpolación - Luis Alvarez Primo

Nicolas Kasansew: ligereza y superficialidad de una interpolación
Luis Alvarez Primo


(Traductor y Editor de “El Espíritu Revolucionario de los Judíos y
Su Impacto en la Historia Mundial” de E. Michael Jones. Fidelity-Buenos Aires)


Bella Vista, Bs.As. , Argentina
08/04/2022

Organizada por Forum, en el teatro auditorio de la Federación del Círculo de Obreros Católicos en Buenos aires, el día 6/04/22 el prestigioso corresponsal de guerra en Malvinas, Nicolás Kasanzew, dio una conferencia sobre el tema “Malvinas: prohibido ocultar”. La exposición del periodista fue documentada con emotivas y vibrantes historias de heroísmo.

Con toda justicia Kasanzew analizó y denunció las infames e hipócritas maniobras de desmalvinización después del 14 de junio de 1982 hasta la fecha por parte de la Junta Militar y, muy especialmente, por los sucesivos gobiernos de la “Democracia” desde 1983 en adelante. Pero lo central de su recuerdo fueron las emotivas y dramáticas historias de heroísmo y amor fraterno de los argentinos que combatieron a las fuerzas inglesas enviadas por “la borracha” M. Thatcher (Ella era la adicta al alcohol, no el General Galtieri, afirmó el conferencista apuntando a uno de los tantos mitos construidos para menoscabar la autoestima de los argentinos). 

Kasanzew citó al padre Castellani  cuando  alguien le preguntó cuál era el rasgo de carácter más negativo de los argentinos y el cura respondió, “la ligereza, la superficialidad”.  En el contexto conmovedor y patriótico de su conferencia sobre Malvinas, Kasanzew interpoló breves y duros comentarios, sin justificación ni fundamento, condenatorios del presidente Putin y su intervención en Ucrania. 

lunes, 9 de marzo de 2015

Juan Manuel De Prada: "el Nuevo Orden Anticristiano ya fue aceptado"

Una raza en vías de extinción
Agustín De Beitia


Juan Manuel De Prada afirma que hay un orden anticristiano que ya fue aceptado. Y que el pensamiento y el arte católico son productos del pasado. Hasta la Iglesia se pone hoy de rodillas y halaga al mundo para ser admitida, lamenta.


08.03.2015 | Juan Manuel de Prada, el famoso escritor y columnista español, es un apasionado apologeta católico, tal vez el más renombrado de la España actual. Sus artículos, donde se rebela contra el mundo y contra la tiranía de la cultura dominante, son publicados desde hace más de veinte años en el diario español ABC.

De Prada (Baracaldo, 1970) es un caso infrecuente. No sólo  su incisiva mirada sobre la realidad y su defensa de la doctrina católica, sino porque el desprecio que ha sufrido a veces por este motivo se atenúa por el éxito de sus novelas y la aclamación de la crítica. En una entrevista con este diario, el autor -que acaba de publicar en España su novela "Morir bajo tu cielo"- examina la figura del intelectual católico en el mundo actual.


- Los intelectuales católicos suelen merecer el ostracismo, hablar desde las catacumbas. Usted no. ¿Por qué?

- Bueno, he tenido un primer impulso como escritor y hoy cuento con unos lectores a los que estoy muy agradecido, que creen en mis obras y ven que no estoy al servicio del sistema como la mayoría de los llamados intelectuales españoles. Pero el sistema de a poco me ha ido poniendo un cerco.


- ¿Cómo es eso?

- El mundo liberal y progresista ha intentado arremeter contra mí y desprestigiarme de formas muy diversas. Cuando tú te inscribes a negociados de izquierda o de derecha, el sistema te permite encontrar tu lugar bajo el sol. Lo que no se soporta es una crítica más profunda, más radical. Eso te condena al ostracismo. A mí de joven me veían como un escritor conservador. A medida que se han dado cuenta que no es así las resistencias y las condenas van creciendo. Sin embargo, lo más duro para mí fue el ostracismo al que se me ha condenado desde medios católicos.

sábado, 19 de febrero de 2011

Cristo Rey - P. Leonardo Castellani

Cristo Rey
P. Leonardo Castellani


Hoy último Domingo de Octubre celebramos, desde hace pocos años, la fiesta de CRISTO REY, fiesta de primera clase. Cristo delante de Pilatos afirmó tres veces que El Era Rey, en el mismo sentido que lo entendía Pilatos. “Luego en definitiva ¿Tú eres Rey? —Tú lo has dicho”; o sea “estás en lo cierto”. Es cierto que le dijo: “Mi Reino no es de aquí”; pero no dijo: “mi Reino no está aquí". Usó el adverbio “hinc” que indica movimiento y no existe en castellano: existe en alemán. Ese adverbio “hinc” significaba tres cosas juntas: “Mi reino no procede de este mundo; mi Reino está en este mundo; mi Reino va de este mundo al otro mundo”.

Es un “pobre Rey” aparentemente, que hoy día no reina mucho, puesto que si reinara, el mundo andaría mejor. Una gran parte del mundo ni siquiera lo conoce; otra parte lo conoce y reniega de Él, como los judíos: “Nolumus Hunc regnare super nos” —no queremos que Este reine sobre nosotros—, finalmente otra parte lo reconoce en las palabras y lo niega prácticamente en los hechos; que somos los cristianos cobardes. Pero hay esto que también notó Cristo: que si a un Rey se le sublevan los vasallos, no deja de ser Rey mientras conserve el poder de castigarlos y avasallarlos de nuevo. Si no tiene ese poder, es otra cosa. Y así hoy los herejes modernistas admiten que Cristo es Rey “en cierto sentido”, pero niegan la Segunda Venida de Cristo. Entonces sí, sería un pobre Rey. Los modernistas, o cambian enteramente el sentido de la Parusía, convirtiéndola en OTRA COSA (como Teilhard de Chardin) o bien dicen que vendrá dentro de 18 millones de años, que es como decir “nunca”.


jueves, 9 de abril de 2009

Domingo de Pasión (II) - Leonardo Castellani


Domingo de Pasión (II)
P. Leonardo Castellani


Excelente meditación del sabio P. Castellani. Especial para esta semana santa... y la siguiente... y la siguiente... y la siguiente...

El segundo comentario al Passio de San Mateo que habíamos prometido versa sobre la legalidad de la muerte de Cristo.

Hace tiempo leímos en un diario yanqui una noticia curiosa: que los israelitas de Nueva York querían hacer una revisión jurídica del proceso a Cristo; es decir, reunir otra vez el Sinedrio, rever testimonios y pruebas, y dictar sentencia definitiva. No sé si se hizo. Lo curioso sería que lo hubiesen hecho y hubiesen condenado de nuevo a muerte al Nazareno ese, que tanto ha dado que hacer. La verdad es que en todo rigor debían hacer eso; porque si llegaran a absolverlo, tenían que volverse todos cristianos; o mejor dicho, ya lo serían1.

Pero si lo han hecho, lo probable es que la sentencia no ha sido ni guilty, ni non guilty; sino una sentencia de notproven o out of legality: nulo por irregularidad de forma jurídica. El proceso de Cristo ha sido altamente ilegal.

El P. Luis De La Palma S. J. en su clásica obra “Historia de la Pasión” ha reseñado en una página maestra las ilegalidades de ese rabioso proceso, que fue una monstruosidad jurídica. El Sinedrio o Tribunal Supremo se reunió en el tiempo pascual, cosa que les estaba vedada; se produjeron testigos falsos y contradictorios; no hubo testigos de descargo; no se dio al reo un defensor; al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofeteado; se tomó una respuesta del reo como prueba y el juez se convirtió en fiscal; la respuesta del Sinedrio no se dio por votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal mandada entre la audición y la sentencia; el sentenciado fue diferido a la Autoridad Romana, que ellos no reconocían como legítima y que - como les advirtió el mismo Pilatos - no entendía jurisdiccionalmente de delitos religiosos; la acusación promovida en el Pretorio (“Éste se ha hecho Dios y por eso debe morir”) no era delito en ese Tribunal; el reo fue tundido a azotes, que era el comienzo de la crucifixión, antes de la sentencia prolata; el delito de conspiración contra el César, que promovieron después, no era pasible de crucifixión, ni siquiera de muerte, como lo era la sedición a mano armada y la traición al ejército imperial, cosas que manifiestamente no hizo Cristo; y finalmente dejando otras dos irregularidades menores, el pazguato de Pilato no profirió la sentencia oficial: Ibis ad crucem, sino que dijo malhumorado: “Agárrenlo ustedes y hagan lo que quieran”, cosa que un juez no puede hacer, porque es abdicar su oficio; después de haber hecho la fantochada de lavarse las manos con lo que creyó quedar bien con Dios, con los judíos y con su mujer; y después de haber proclamado públicamente la inocencia del acusado: “Non invenio in eo culpam” ("No encuentro culpa en él"), lo mandó al patíbulo.

No sé si olvido alguna porque cito de memoria; pero con la mitad de estas irregularidades el proceso es archinulo; y el juez tenía el deber estrictísimo de absolver al acusado; hacer administrar cuarenta menos uno a Caifas por los malos tratamientos que había permitido infligirle; y hacer barrer a golpe de lictor a la turba con Barrabás y todo, que al pie de la escala de mármol - no querían pisar el pretorio para no mancharse y poder comer la pascua, los angelitos -, bramaban como leones y toros (“Toros bravos me han cercado, líbrame de la boca del león”, dijo el Profeta), y atropellaban el decoro del Procónsul con amenazas absurdas. Lo único que hay que anotarle al pollerudo de Pilatos es que no recibió ninguna coima - no se acordó - cosa que no se puede decir de todos los jueces cristianos.

Pero donde se equivoca De La Palma es en enrostrar a los fariseos todas estas fallas del “procedimiento”; en este caso no tienen importancia maldita2. Si Cristo no era lo que Él decía, había que darle muerte por encima de todo procedimiento; y eso en virtud del sentimiento religioso. Era un blasfemo; y por cierto, el blasfemo más extraordinario que ha existido. Por eso, ellos no tuvieron reparos en des-responsablar a Pilatos: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Esto era un juramento tremendo, que los latinos llamaban exsecración. En eso se sentían seguros: “Creían - perversamente - hacer un obsequio a Dios”. Si el Nazareno no era Dios; ni el pastor Eróstrato que incendió el templo de Diana de Efeso, ni Calígula que violó una Vestal, ni Enrique II que hizo matar a Santo Tomás-Beckett en su catedral y durante su misa, han hecho una blasfemia y un sacrilegio comparable: “Reo es de muerte; nosotros sabemos que es reo de muerte; poco importa lo que le digamos a este romanacho incircunciso…”. Si la acusa de conspiración contra el César, y la subsiguiente amenaza no hubiesen surtido el apetecido efecto, poco les hubiera importado acusar a Cristo de haber pagado tres asesinos para matar a Pilatos, su mujer y su hijo (Pilatos no tuvo hijos en vida; aunque después de muerto ha tenido muchos hijos adoptivos).

Porque la cuestión en causa no era la sedición contra el César - que ellos deseaban con toda el alma, los hipócritas - ni si Cristo había dicho que iba destruir el Templo y reedificarlo en tres días - que ellos sabían no había dicho - ni nada por el estilo. La cuestión real era: ¿Cristo es lo que él dijo o no? Esta es la cuestión más tremenda que se ha puesto en la historia de la humanidad: cuestión de vida o muerte.

Todavía se pone y se pone continuamente; y la prueba son los honestos judíos de Nueva York. El proceso de Cristo se reproduce continuamente en el alma de cada hombre: Cristo es acusado, da testimonio de sí, deponen contra él falsos testigos, malos sacerdotes lo juzgan y condenan, Judas lo besa, inmundos herodes se burlan de él, y muchos pilatillos lo crucificamos. Es la cuestión de un simplicísimo si o no que se produce en lo más profundo del alma: “Sí, es Dios. No, no es mi Dios”. Si no es mi Dios, es reo de muerte… ¡Que desaparezca, que sea crucificado, que sea sepultado y sellado su cadáver y que no sepa más de él ni de su memoria!… Tremendo pensamiento.

Los cristianos creemos que la dispersión secular del pueblo judío - que ahora se está por terminar - es la respuesta a aquella exsecración de los fariseos: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. ¿Por qué "sobre nuestros hijos"? ¿No es injusto eso? Aquí hay un misterio. En realidad, todo judío que por su culpa no se vuelve cristiano, da su aquiescencia a la condenación de Cristo; porque ellos tienen en sus manos las Escrituras con todas las profecías (la pieza maestra del proceso, el testigo que no se llamó) y nadie tan bien como ellos puede entender de esta causa. Decir esto parece duro y tremendo; y en realidad lo es. Pero la cuestión es esta: o fue Dios o no fue Dios y no hay evasiva ni respuesta intermedia posible. O blasfemo, o mi Creador y Señor.

Dejemos en paz a los judíos si no es para rogar por ellos, como ruega la Iglesia el Viernes Santo: demasiado han sufrido. Lo malo es la segunda crucifixión de Cristo (“Rursum crucifigentes Filium Dei”) que hacemos los cristianos. En mi propia vida tengo bastante que considerar; pero eso no es para contarlo aquí. Pero en la vida pública de las naciones llamadas cristianas, desde la Reforma acá, un largo e infausto Vía Crucis ejecuta al Cuerpo Místico de Cristo. Los caifas, los judas, los pedros, los herodes, los pilatos se multiplican; y todos los gestos de aquella nefasta hazaña se reproducen simbólicamente: se lo niega, se lo calumnia, se lo impreca, se lo azota y se lo crucifica. Y se lo sepulta.

Las naciones parecen en camino de crucificar nuevamente a Cristo; y de gritar al cielo: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

«Hasta el cielo en dolor anegado
llega el grito de un ruego execrable,
cubre el ángel su rostro espantado,
dice Dios: “Yo lo voy a cumplir”.
Y esa sangre, que el padre imprecaba,
a la prole infeliz aún enlima
que hace siglos la lleva y de encima
no la pudo hasta hoy sacudir…
´Padre nuestro, pues tanto le cuesta
por Él cese tu ardor vengativo
de los ciegos la insana respuesta
vuelve en bien, oh piadoso Señor´.
Sí, esa sangre sobre ellos descienda
pero en lluvia que limpie sus lodos.
Todos hemos errado, y de todos
esa sangre redima el error».
3

[Tomado de "El Evangelio de Jesucristo", pp. 195-199]

__________

Notas
1. Esta noticia ha dado origen a una obra dramática: “El proceso de Jesús”, que se está viendo mucho ahora en Buenos Aires.
2. Esta sentencia es de Santo Tomás de Aquino.
3. En la Argentina se ha visto mucho una película “holliwoodense” llamada “El manto sagrado”, en la cual el proceso de Cristo y sus promotores están escamoteados, y la idea que saca el vulgo es que a Cristo lo mataron los romanos; es decir, ¡los fascistas! –y que Cristo murió por la “democracia”. Han aplicado a la teología la técnica de los dibujos animados: el manto (no la “túnica”, que es lo que los soldados echaron a suertes) obra brujerías; pero no se sabe si Cristo es Dios, o qué. La “cinta” está inspirada por ese “neomahometismo culto” que parece ser la teología de una gran parte del pueblo yanqui; conforme a lo que predijo hace más de un siglo y medio el Conde Joseph de Maistre: “El protestantismo vuelto sociniano (negada la divinidad de Cristo) no se diferencia ya esencialmente del mahometismo”.
También se ha visto muchísimo aquí “El Proceso a Jesús” de Diego Fabbri, pieza teatral que como obra de arte es muy deficiente y como sermón en pro de Jesucristo (intención del autor) nos parece ineficaz.

Domingo de Ramos - Leonardo Castellani


Domingo de Ramos
P. Leonardo Castellani


Excelente meditación del sabio P. Castellani. Especial para esta semana santa... y la siguiente... y la siguiente... y la siguiente...


En el Domingo de Ramos se lee durante la misa - y la gente no sabe lo que pasa - la Pasión según San Mateo; y en el curso de la Semana Santa se leen las otras tres “Pasiones”; la de San Juan, se canta. La Iglesia quisiera que toda esta Semana se recordara de continuo y meditara la Pasión de Cristo. Pero para poder hacer eso, hay que ser fraile.

La Iglesia quisiera que se meditara la Pasión de Cristo toda la vida; que eso significan los Crucifijos; y los “Calvarios” que se yerguen sobre todas las montañas y lomas en los países católicogermanos de Europa; meditación a la que no puede agotar ninguna vida de hombre. La actual devoción al “Corazón de Jesús” significa lo mismo: es la Pasión de Cristo contemplada en el interior, es decir, en sus afectos, que fueron infiernados; y en su causa, que fue el Amor; el amor no correspondido. Es decir, los dolores del alma. San Juan es el “scriba ánimæ Christi”, el notario del corazón de Jesús.

Haremos dos comentarios de la Pasión y Muerte de Cristo: uno sobre los dolores de su alma - sobre lo cual escribió un sermón inmortal E. Newman - y otro sobre la legalidad de la muerte de Cristo. Hoy día, después del historiador Gibbons, muchos escritores impíos sostienen que la muerte de Cristo “fue legal”.

Los dolores físicos de Cristo fueron extremos: una verdadera tempestad de horrores. Un día de intenso trabajo, el rito de la Pascua, el largo y emotivo Sermóntestamento después del lavatorio de los pies pedían una noche de sueño: siguió la larga subida al Olivar desde la otra punta de la ciudad, rodeando el Templo: la bajada al Cedrón y la subida a Getsemaní, la doble oración del Huerto en la cual sudó sangre; y el apresamiento lleno de brutalidades; que no otra cosa significan el machetazo de Pedro a Malco y la huida despavorida de los Apóstoles. Después siguió la parada ante el Sanedrín y la bofetada; y las inmundas vejaciones, ultrajes y golpes en la galería de la Curia Sinagogal. Al amanecer Cristo tenía que estar desmayado o muerto; y entonces comienza la real pasión: le quedaban todavía doce horas de torturas sobrehumanas, a saber, los paseos horribles por toda la ciudad, los azotes a la columna (que ellos solos producían la muerte en muchos casos), la coronación de espinas, el acarreo de la cruz, el enclavamiento y las tres horas de espantosa agonía. Hasta la última gota de sangre. Despacio, diabólicamente graduado.

Los dolores de un hombre son una función de su sensibilidad; los dolores físicos al fin y al cabo desembocan en la conciencia, la cual les da su tercera dimensión: por eso un dolor físico cualquiera es infinitamente mayor en un hombre que en un animal. Y por eso la pasión física de Cristo, aunque la suma de las torturas no hubiese sido casi infinita, hubiese sido a causa de su exquisita sensitividad casi infinita; porque Cristo representa con respecto a nosotros algo como nosotros con respecto a un animal. Cristo tenía una cuarta dimensión.

Hay hombres que han sufrido horrores en su vida estando casi incólumes exteriormente: a causa de su sensitividad. El filósofo Kirkegor por ejemplo: yo no he vacilado en estampar hace poco a su propósito la frase sagrada: “enclavaron sus manos y sus pies y contaron todos sus huesos”. Y sin embargo Kirkegor físicamente no sufrió mucho: tenía una pequeña renta para vivir, no tuvo enfermedades agudas, su “wouldbe” suegro lo amenazó una vez con un puñetazo pero no se lo dio, su gigantesco trabajo de escritor (que en 8 ó 10 años produjo una obra que en la actual edición alemana tiene 52 tomos) estaba compensado por el gozo de la creación de obras geniales… Pero Kirkegor era un melancólico, tenía los nervios de un gran artista; y lastimados encima. La lectura de su Diario lo pone poco a poco a uno delante de los dolores de Job; y uno se queda pasmado delante de un verdadero abismo de paciencia. Fue ciertamente un crucificado.

La pasión del Cristo se abre y se cierra con dos frases de dimensión infinita, que indican los dolores del alma de Jesús, que sólo Él podía conocer. Al comenzar dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte”; y al terminarla dijo: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”. Estas palabras responden al grito que puso en sus labios el profeta: “Todos los que pasáis por el camino, atended y mirad si hay dolor comparable a mi dolor”.

Estas palabras designan un dolor abismal, casi infinito: la Muerte y el Infierno, que son los dos males supremos, hijos del Pecado. Porque el sentirse real y verdaderamente abandonado por Dios, eso es el Infierno. Y Cristo no exageraba ni mentía.

La primera sangre que derramó Cristo no se la arrancaron los azotes: se la arrancó la tristeza. “Empezó a entristecerse y a atediarse y aterrorizarse”, anota el Evangelista. Vieron visiblemente los Apóstoles en el gesto de Cristo esos tres monstruos (Tristeza, Tedio y Terror) que cayeron sobre Él al ingresar en el Oliveto; y la respuesta del Maestro a su muda o hablada interrogación fue descubrirles su alma “triste hasta la muerte”. La aprensión imaginativa de un gran peligro o un gran dolor –y más de un dolor irremediable– suele atormentar a veces más aún que el mismo hecho: a muchos los ha llevado a la desesperación y al suicidio. Esa es la condición del hombre; pero esa condición, que nos ha sido dada para que luchemos y evitemos la catástrofe, a Cristo le fue dada para mayor tormento. “Y era su sudor como sudor de sangre que corría hasta la tierra”, empapadas las vestiduras por lo tanto. Púrpura real. “¿Quién es éste que viene desde Esrom, enrojecidas sus vestiduras como vestiduras de rey?”.

La tristeza de Cristo tenía tres raíces:
1. El Universal Pecado que había asumido como Cordero Sacrificial pesando asquerosamente sobre su conciencia santísima; 2. La previsión de todos los horrores próximos con la violenta y frustrada voluntad de rehuirlos y evitarlos; 3. La visión clarísima de la ingratitud de la humanidad. "¿Quae utílitas in sánguine meo?" ("¿Para qué ha servido mi sangre?"). ¡Judas!

De nosotros depende que haya servido o no. Podemos consolar el corazón de Dios.

Comenzó a entristecerse…”. Esa tristeza fue aumentando hasta el final, hasta llegar al grito de los condenados. Los Apóstoles no vieron más que la entrada al abismo. Más allá ningún hombre puede seguir al Hombre-Dios.

Es cuestión de recordar la frase ingenua y temeraria del paisano: “Si esto que dicen los curas es verdá, y todo eso fue por mí, yo tengo que hacer alguna cosa muy brava por vos”.
[Tomado de "El Evangelio de Jesucristo", pp 191-194.]
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