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lunes, 10 de febrero de 2014

El País de las Majaderías Maliciosas

El País de las Majaderías Maliciosas


Artículo publicado originalmente por los amigos de INFOVATICANA en “El Blog de Blas de Lezo


El diario de Soraya nos deleita hoy con una de esas burdas manipulaciones que lo han convertido en líder indiscutible de la prensa diaria española. Los titulares causan rubor:

Los católicos españoles, a favor de las bodas gais y el aborto” esto de aperitivo.

¿Alguien en su sano juicio o simplemente provisto de uso de razón puede asegurar que los católicos españoles o de cualquier nacionalidad pueden ir contra sus propias creencias, contra las creencias que los convierten en católicos? Pues sí, la “periodista” Alejandra Agudo, agudo era su padre claro…

Doña Alejandra no se detiene ante ningún obstáculo y vuelve a titular:

La mayoría discrepa de la doctrina de la jerarquía, según un sondeo”.

La mayoría, sujeto de la oración, no es identificada. La doctrina, para la sesuda reportera, es de la jerarquía no de la Iglesia. Y todo esto avalado por un contundente: “según un sondeo”. ¡Irrebatible!

martes, 19 de julio de 2011

La dignidad humana, por encima de leyes y parlamentos - Mons. Francisco Gil Hellín

La dignidad humana, por encima de leyes y parlamentos
Mons. Francisco Gil Hellín *


“Los legisladores no son dueños de la vida y la muerte”


BURGOS, lunes 18 de julio de 2011 (ZENIT.org).- A estas alturas de la historia de la humanidad, ya no es necesario demostrar que muchas leyes han sido tiránicas, dictatoriales y abiertamente injustas. Sin retrotraernos a tiempos muy lejanos, baste recordar los regímenes de Stalin, Hitler, Sadam Hussein o cualquiera de los sátrapas actuales de África. Podrían recordarse incluso leyes que, pese a ser aprobadas por parlamentos democráticos, avergüenzan la inteligencia y el progreso social. Tal es el caso de la esclavitud, vigente en Estados Unidos e Inglaterra hasta fechas muy recientes.

Todos estos ejemplos ponen de manifiesto que una ley civil no tiene rango de tal por el mero hecho de que sea promulgada por la autoridad del momento. Ni siquiera de una autoridad elegida democráticamente. Imaginemos que un parlamento democrático restaurase costumbres tan crueles como los sacrificios humanos o la clasificación social de las personas, que admitía el Senado del Imperio Romano, de modo que unos fuesen esclavos sin ningún tipo de derechos, y otros ciudadanos libres y de mucha más categoría que los esclavos. Además de caer en un anacronismo histórico de gran bulto, invadiría un terreno que pertenece a otra instancia superior, a saber: la naturaleza de la persona humana, que hace iguales en dignidad a todos, con independencia de su estatus social, cultural, étnico o religioso.

Hay realidades, en efecto que son pre-políticas, es decir, anteriores y superiores a toda autoridad humana. Y, por ello, de rango superior a las decisiones de los legisladores. La consecuencia más radical es que pueden existir leyes que no sean tales, leyes aparentes, no reales, por más que se aprueben en un Parlamento o aparezcan en las páginas de un Boletín Oficial del Estado.


martes, 19 de abril de 2011

Libertad religiosa - Juan Manuel De Prada

Libertad religiosa
Juan Manuel De Prada


Allá donde todas las religiones valen nada, es natural que el orden temporal quiera erigirse a sí mismo en religión única


18 de abril de 2011.- Para condenar los actos de hostilidad contra la fe católica suele aducirse ingenuamente que constituyen «atentados contra la libertad religiosa»; cuando en realidad son la consecuencia natural de la «libertad religiosa», tal como se configura en las declaraciones de derechos humanos. La propia Iglesia adoptó el lenguaje propio de tales declaraciones cuando consagró que la libertad religiosa es «inherente a la dignidad de la persona»; expresión barullera que nace de la confusión entre libre albedrío y libertad de acción. La «dignidad inherente a la persona» radica en su libre albedrío; pero en modo alguno en su libertad de acción, salvo que tal libertad la conduzca a adherirse a la verdad y al bien. La «libertad religiosa» es libertad de acción que puede conducir a la persona a adherirse a cualquier secta destructiva o idolillo grotesco; esto es, empujarla a la indignidad más sórdida e infrahumana. Como afirmaba León XIII en su encíclica Inmortale Dei: «La libertad, como facultad que perfecciona al hombre, debe aplicarse exclusivamente a la verdad y al bien. Ahora bien: la esencia de la verdad y del bien no puede cambiar a capricho del hombre, sino que es siempre la misma y no es menos inmutable que la misma naturaleza de las cosas. Si la inteligencia se adhiere a opiniones falsas, si la voluntad elige el mal y se abraza a él, ni la inteligencia ni la voluntad alcanzan su perfección; por el contrario, abdican de su dignidad natural y quedan corrompidas. Por consiguiente, no es lícito publicar y exponer a la vista de los hombres lo que es contrario a la virtud y a la verdad, y es mucho menos lícito favorecer y amparar esas publicaciones y exposiciones con la tutela de las leyes».

La «libertad religiosa» consagra exactamente lo contrario: esto es, concede la tutela de las leyes a todo tipo de creencias, sean buenas, malas o mediopensionistas, de tal modo que todas valgan lo mismo; o sea, nada. Y allá donde todas las religiones toleradas valen nada, es natural que el orden temporal quiera erigirse a sí mismo en religión única, usurpando los atributos divinos y exigiendo adoración. Esto es lo que se oculta bajo la afirmación de «libertad religiosa» contenida en las declaraciones de derechos humanos: puesto que todas las religiones valen un ardite, la única religión valiosa es la que se postula en tales declaraciones; y toda religión que ose contrariar su designio se convertirá ipso facto en una religión contraria a la «dignidad humana». Esto es lo que está sucediendo hoy con la religión católica.


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