Mujeres cautivas, conciencias arrasadas (II)
M. Virginia O. de Gristelli
Porque nosotros también somos culpables, y si nos espantamos de las miles que son arrastradas como hojas, porque no tienen norte ni raíz, podremos preguntarnos qué fue de la catequesis que recibieron muchas de ellas, en colegios católicos, sin haber aprehendido el amor a la Iglesia.
Sobre el XXV Encuentro de Mujeres Autoconvocadas (II)
Sobre la oportunidad de asistir…y reparar
Si como capitán fuerte/ quiso nuestro Dios morir,
comencémosle a seguir,/ pues que le dimos la muerte.
Oh, qué venturosa suerte/ se le siguió de esta guerra!
Ya no durmáis, no durmáis,/ pues Dios falta de la tierra.
Muchos objetan a estos argumentos que la ocasión apostólica se presenta cada día en el puesto diario de trabajo, y que el “amontonamiento” de gente y agravios no amerita prestarle mayor atención a estos Encuentros de Mujeres Autoconvocadas, como los que se realizan en la Argentina cada año.
Creo, sin embargo, que la iglesia nos enseña que existen “tiempos fuertes” en la vida cristiana, en que éste debe pertrecharse especialmente para el combate espiritual. Litúrgicamente son los tiempos que ocupan un lugar destacado en su relación con el Misterio de Cristo, pero san Ignacio nos enseña que también existen tiempos fuertes personales, como los de los Ejercicios Espirituales, o los próximos a la recepción de los sacramentos de iniciación, y nos preguntamos entonces si no podemos colegir unos tiempos fuertes comunitarios, por ejemplo para las ciudades o naciones, cuando éstas son atacadas con especial furia. Vemos que las primeras comunidades cristianas, tenían “un solo corazón y un alma sola” (Hch 4, 32). Y como Iglesia nacional, ¿podemos hablar de auténtica caridad si cuando un “miembro” está sufriendo este ataque, los demás miran para otro lado?...
Hace más de 20 años que varios grupos de católicos vienen realizando una tarea apostólica encomiable en la asistencia valiente de mujeres de fe y razón lúcida a estos Encuentros, “como ovejas entre lobos”. Se acude en micros que se organizan desde algunas parroquias o entidades laicales con el apoyo de sus sacerdotes, pero… se cuenta también con el palo en la rueda que significa la rotunda negativa de otros que no sólo no ayudan a difundir esta coherente iniciativa de ser “sal de la tierra y luz del mundo”, sino que la boicotean, desalientan y desestiman. Porque si se trata de ensuciarse para un campamento, vaya y pase, pero “¡cómo vamos a mezclarnos con “esa gente” metiéndonos en “su” terreno!”. No puede menos que dolernos, por eso, cuando pensamos que mientras este año éramos en Paraná unos 2000 católicos, otros 2000 estaban “cantando su fe” en un Encuentro Nacional de Grupos Misioneros… Como dicen los adolescentes, “todo bien”, pero no podemos dejar de sentir que, como iglesia argentina “estamos en otro canal”. S.S. Paulo VI señalaba que «la recomposición de la unidad, espiritual y real, en su interior mismo, es uno de los más graves y de los más urgentes problemas de la Iglesia» (30-VIII-1973). Se comprende que no se pueda sincronizar absolutamente todo, y que por supuesto, no todos están llamados para lo mismo, desde ya, pero se siente el dolor de que a veces no se toma suficientemente en cuenta la realidad “profunda” que nos va socavando las entrañas de nación católica.