El domingo de la solemnidad de Corpus Christi, el P. Panaro se acercó subrepticiamente a la procesión que habían organizado los fieles de una capilla de su parroquia (Santa Francisca Javier Cabrini, muy cerca de la Basílica de San José de Flores, una importantísima parroquia, muy tradicional).
Aparentemente, la intención del P. Panaro era corroborar con sus propios ojos las prácticas abusivas de sus fieles más particulares.
Sí, porque los asistentes a la misa dominical de la Capilla del Sagrado Corazón están sospechados de cometer abusos litúrgicos. Y de hecho el paciente párroco lo comprobó y fue tal la indignación que no esperó siquiera a que terminara el canto de alabanza a la Virgen y a grito pelado interrumpió los rezos.
No era para menos: los fieles de esta capilla, que fue recuperada por ellos del abandono y puesta al servicio del culto divino desde hace cuatro años, no solo rezan la misa en latín, sino que cantan gregoriano, comulgan de rodillas y para colmo de abusos -y no es la primera vez que ocurre- el domingo de la solemnidad de Corpus Christi, llevaron el Santísimo bajo palio por las calles del barrio, exhibido en una magnífica custodia.
