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jueves, 2 de julio de 2015

En Argentina se legalizó el Aborto

El cardenal Poli dijo que Francisco no es muy entusiasta de las marchas provida


Reproducimos a continuación un post del Blog amigo “Wanderer” del día de ayer, con un comentario final nuestro.


El huidizo cardenal Poli

Con la publicación del “Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal de embarazo” (http://www.notivida.org/boletines/975_.html), Argentina legalizó, de hecho, el aborto. Esto ocurrió hace pocos días, apenas unas semanas después de que la Presidente Cristina Kirchner, que ordenó tal reglamentación, fuera recibida por quinta vez por el Papa Francisco. 

La reacción natural de muchas asociaciones y fieles católicos fue organizar la “Marcha por la Vida y la Familia” (http://www.aica.org/18490-marcha-este-jueves-en-todo-el-pais-por-la-vida.html) que tendrá lugar mañana jueves 2 de julio frente al Congreso Nacional. Yo no soy muy partidario de este tipo de demostraciones por motivos que he expuesto abundantemente en el blog, pero soy consciente de que se trata de una opinión -y por tanto puedo estar equivocado- y que, sobre todo, la mayor parte de la gente que allí se congrega tiene la mejor de las intenciones y entienden buenamente que de ese modo defienden la fe. Frente a ese testimonio, no tengo más que respeto y simpatía.

A quien parece que no le despiertan ningunas simpatías estas marchas es al cardenal arzobispo de Buenos Aires, Mario Aurelio Poli, quizás la figura más apagada y desleída del episcopado nacional. 

miércoles, 21 de mayo de 2014

El Padre Mugica y un doble relato - Mario Caponnetto

El Padre Mugica y un doble relato
Mario Caponnetto 


1. Un hombre, dos relatos
    
Se han cumplido cuarenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes civiles y eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta una de esas modernas gigantografías, que recoge su ascético rostro, insertada en el corazón del pasaje urbano.
    
El Gobierno y la Jerarquía Católica, que no suelen andar muy juntas, esta vez han aunado sus afanes en pro de exaltar la memoria del sacerdote. Es que, curiosamente, Mugica les pertenece en la medida en que ambos, Gobierno y Jerarquía, lo han integrado, cada uno a su modo y con muy diversa gravedad, como veremos, a sus respectivos “relatos”. 
    
Para el Gobierno, en efecto, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, del que ha hecho la columna vertebral de su radical impostura. Es que en esa imaginaria “lucha de liberación” librada por aquella “juventud maravillosa” encuadrada en las “organizaciones combatientes”, en esa falsa épica revolucionaria que reivindica como su pasado glorioso, el relato exige la presencia de un ingrediente “cristiano”. Se podrá preguntar por qué. Porque en ese setentismo real, no el ficticio, y por razones que enseguida examinaremos, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) dieron su decisiva contribución a ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica es, en este sentido, el rostro más reconocido (no el único ni, tal vez, al que le quepan las máximas responsabilidades); y esta es la razón del homenaje que hoy le brinda un Gobierno que ha pisoteado hasta el hartazgo la ley de Dios y los derechos de Jesucristo y al que hoy, la emblemática figura del cura villero vuelve a servir de ariete en su renovado odio contra la Iglesia.
    
En cuanto a la Jerarquía Católica, la exaltación no ha sido menor. El Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al inaugurar la última Asamblea Plenaria de ese organismo, nada menos que en la homilía de la misa de apertura, tuvo un recuerdo especial de Mugica cuya muerte, dijo, “está en la memoria de la Iglesia”. El Cardenal Primado, por su parte, no fue a la zaga: calificó a Mugica de “mártir de los pobres”; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo en labios de un sucesor de los Apóstoles. El relato eclesiástico ha insistido, pues, en presentar a Mugica como un sacerdote fiel a Cristo que en comunión con la Iglesia y el Concilio Vaticano II dio su vida por los pobres: todo un modelo de sacerdote. 
    
Dos relatos, pues, y un mismo protagonista.

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