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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Las amargas palabras del Papa al término del Sínodo

El enfado del Papa
Las descalificaciones del Papa


Tomado del Blog “Cristo era Sabio” del Portal InfoVaticana.


Las palabras del Papa al término del Sínodo han sido claramente amargas. Epítetos y descalificaciones no han faltado.

Da la impresión a los progresistas de que el Sínodo no ha aportado nada nuevo. Repetir lo de siempre. Lo más que se hace es inocular el virus de la ambigüedad, pero evitando algo de sesgo abiertamente kasperista. ¿Para esto hacía falta tanto lío?

Lo improductivo de este Sínodo parece haber sido la primera preocupación del Papa, que se adelanta a justificar con parrafadas más poéticas que reales para qué ha servido todo esto. Pero la verdad es que, a la prensa mundana, el Sínodo no aporta ningún titular, salvo que manipulen con descaro.

Y aquí vienen los reproches del Papa en negrita:

Significa haber puesto al descubierto a los corazones cerrados, que a menudo se esconden incluso dentro de las enseñanzas de la Iglesia o detrás de las buenas intenciones para sentarse en la cátedra de Moisés y juzgar, a veces con superioridad y superficialidad, los casos difíciles y las familias heridas.

¿Cuáles son los corazones cerrados? ¿Qué han dicho tan malo? ¿Esconderse dentro de las enseñanzas de la Iglesia no significará corresponderse con las enseñanzas de la Iglesia? ¿Qué significa juzgar? ¿Decir lo que está bien y lo que está mal? Eso es más discernimiento que juicio, en caso de definir el juicio desde una óptica negativa.

jueves, 16 de octubre de 2014

El lío ya está armado y es estratosférico - Francisco José Fernández de la Cigoña

El lío ya está armado y es estratosférico
Francisco José Fernández de la Cigoña


Reproducimos dos comentarios de Paco Pepe que pintan mucho de lo que sucede en el Sínodo de la Familia. Cristo fortalezca a los Obispos y Cardenales fieles a Él, para que corrijan los desvaríos sinodales que intentan sodomizar a la familia católica y liquidar a la Iglesia.


El lío ya está armado

Lo verdaderamente sorprendente es que quien lo está armando, o animando, sea el Papa. Creo que los católicos, y la Iglesia no nos merecemos esto. Unos y otra hemos vivido dos mil años en la seguridad de estar en la casa de Dios y siguiendo, con todos nuestros pecados, sus mandatos. ¿Ahora quieren convertirla en la de Tócame Roque? ¿Y los mandatos no eran tales?

Y lo de siempre. ¿Si se equivocó dos mil años por qué no se va a equivocar ahora? ¿Es Francisco mucho más inteligente que Pío XI, Pío XII, León XIII, Pablo VI, Benedicto XVI? ¿Tiene unas comunicaciones con el Espíritu Santo que los otros no tuvieron? ¿Hay que seguir a una Iglesia que ayer dijo blanco, hoy negro y mañana vayan ustedes a saber?

Cierto que el Papa todavía no se ha pronunciado pero la patita la ha enseñado varias veces por debajo de la puerta. Y sin harina.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

El Papa Francisco elogia al Arzobispo Marchetto, decidido defensor de la Hermenéutica de la Continuidad

El Papa Francisco elogia al Arzobispo Marchetto, decidido defensor de la Hermenéutica de la Continuidad


El Papa Francisco elogia por carta a Mons. Agostino Marchetto, un crítico implacable de la Escuela de Bologna, y lo declara “el mejor hermeneuta del Vaticano II”.


La noticia fue primicia del vaticanista Sandro Magister cuyo artículo, publicado el 14 de Noviembre pasado, presentamos aquí traducido al español por Mario Caponnetto.

Luego publicamos un reportaje a Mons. Marchetto, realizado por el diario “La Prensa” de Buenos Aires en octubre del 2012, que nos permite conocer un poco la figura de este decidido defensor de la Hermenéutica de la Continuidad.


*   *  *



Melloni y Compañia de luto, traicionados por “su” Papa
Sandro Magister


Nadie esperaba semejante pronunciamiento del Papa Francisco. Sin embargo, llegó. Y clamorosamente.
    
Una vez le dije, querido Monseñor Marchetto, y hoy deseo repetirlo, que lo considero a usted el mejor hermeneuta del Concilio Vaticano II”.
    
En Bolonia, santuario de esa “escuela” dirigida hoy por el profesor Alberto Melloni que tiene el monopolio mundial de la interpretación del Concilio Vaticano II, las banderas habrán ondeado a media asta en señal de luto.
    
Porque Agostino Marchetto era su bestia negra, su crítico más irreductible, desde siempre.
    
Los “boloñeses” pretendieron sumar a su interpretación del Concilio incluso a Benedicto XVI. Del Papa Francisco decían hasta ayer, entusiasmados, que “del Concilio habla poco porque lo realiza en los hechos”, al modo de ellos naturalmente. En cambio jamás respondieron puntualmente a las críticas de Marchetto. Simplemente, se burlaron de él, lo ridiculizaron.
    
Y ahora lo tienen delante como “el mejor hermeneuta del Concilio”, investido como tal nada menos que por el que fuera su dilecto Jorge Mario Bergoglio.
    
El reconocimiento del Papa a Marchetto tomó estado público el 12 de noviembre en ocasión de la presentación en Campidoglio de un volumen en su honor editado por la Librería Editrice Vaticana.
    
He aquí el texto íntegro de la carta del Papa:
    

jueves, 24 de enero de 2013

La verdad usurpada del cardenal Daniélou muerto en 1974

La verdad usurpada del cardenal Daniélou muerto en 1974
Un gran teólogo injustamente mancillado


Pablo VI veía en él un baluarte de la interpretación ortodoxa del Concilio Vaticano II. Los progresistas no se lo perdonaban y aprovecharon la ocasión.


ReL, 20 enero 2013.- El cardenal Jean Daniélou (1905-1974) es una de las figuras eclesiásticas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Su padre, Charles Daniélou (1878-1953), político anticlerical, tras evolucionar de un pasado conservador, fue varias veces ministro de la masonizante Tercera República Francesa, así que fue todo un shock que su hijo, tras estudiar en la Sorbona, decidiese ingresar en la Compañía de Jesús, lo cual sucedió en 1929.

Tras los duros estudios jesuitas, que en su caso incluyeron una formación en la Patrística de la mano de Henri de Lubac (1896-1991), se ordenó sacerdote en 1938. Sirvió en el ejército del Aire antes de la derrota francesa ante Hitler, cuando fue desmovilizado y se inició propiamente su brillante trayectoria intelectual y eclesiástica. 

Terminó su tesis doctoral en 1942, en 1944 fue nombrado profesor de Historia Antigua de la Iglesia en el Instituto Católico de París y comenzó una brillante producción como estudioso de la liturgia y la espiritualidad, que le llevaron a ser nombrado por Juan XXIII perito en el Concilio Vaticano II.

A su conclusión, el aprecio de Pablo VI no pudo demostrase más: el 19 de abril de 1969 fue consagrado obispo, y el 28 de abril le nombró cardenal, en una muestra inequívoca de que para el Papa Gianbattista Montini la posición teológica de Daniélou se identificaba con la que él quería para la Iglesia en el tiempo postconciliar: una apuesta por los cambios sin alejarse de la ortodoxia doctrinal de la cual el nuevo purpurado había dado pruebas, separándose de antiguos amigos progresistas en forma no muy distinta a como lo había hecho también otro célebre teólogo, también perito conciliar, que sería nombrado obispo en 1977: Joseph Ratzinger.

jueves, 15 de noviembre de 2012

Rabino ofende a la Iglesia en la UCA

Rabino ofende a la Iglesia en la UCA 
Ante el silencio del Rector y de Bergoglio. Y también del Predicador Pontificio y el Nuncio Apostólico.


La Universidad Católica Argentina celebró, el 11 de Octubre pasado, el cincuentenario de la apertura del Concilio Vaticano II con un acto interreligioso, como si esa hubiera sido la principal preocupación de aquella Asamblea, durante el cual se le otorgó el Doctorado Honoris Causa al rabino Abraham Skorka.

Al enterarnos de la noticia nos preguntamos si es posible hacer Doctor Católico, sin grave ofensa a la verdad y al sentido común, al dignatario de una religión que niega la Divinidad de Jesucristo, reduciéndolo a la condición de mentiroso o loco (pues no puede haber mayor locura que enseñar por la palabra y las obras que se es Dios, sin serlo).

Mas al oír el discurso que pronunció luego de recibir tal distinción, no podemos menos que certificarnos en nuestra convicción de que fue un grave error conferírsela.

Allí ha insultado a la Iglesia, demostrando una insolencia y una falta de educación impropia, no ya de quien recibe el último grado académico de una casa de altos estudios, sino de alguien que conoce elementales normas de urbanidad.

jueves, 8 de noviembre de 2012

¿El Concilio rompió con el pasado? Lo afirma Cantalamessa el predicador Papal

¿El Concilio rompió con el pasado? Lo afirma Cantalamessa el predicador Papal


El padre Raniero Cantalamessa vino a Buenos Aires para ser la estrella del encuentro anual de CRECES (ver Aquí), durante el cual se puso de rodillas al recibir una bendición protestante, o algo por el estilo. Habría que preguntarle si se arrodilla para comulgar en una misa que no sea la propia.

El suplemento "Enfoques" del diario La Nación del pasado Domingo 28 de Octubre del 2012 (ver Aquí), publica un reportaje que le realizó Mariano de Vedia y que publicamos abajo con algunos comentarios nuestros en rojo.

Es interesante notar su referencia a los Blogs que dicen que el ecumenismo, como él lo practica, procede del diablo. No sabemos si será para tanto, pero que no sigue la tradición es seguro.

Cuando el periodista le pregunta si hay resistencias dentro de la Iglesia a los avances del Concilio, don Raniero dice que "La Iglesia ha hablado de una novedad de la continuidad. El Concilio ha hecho una ruptura respecto del pasado próximo en la Iglesia, pero una continuidad respecto del pasado remoto".

Esta frase implica desconocer lo que significa la Tradición, que no está integrada por compartimientos estancos, sino que su vivo fluir nos pone en contacto con las fuentes de la Fe, que se ha de mantener siempre viva y fiel a Jesucristo, y que va siendo profundizada bajo la guía suprema del Magisterio de la Iglesia.

lunes, 30 de mayo de 2011

Libertad religiosa ¿La Iglesia estaba en lo correcto también cuando la condenaba? - Sandro Magister

Libertad religiosa ¿La Iglesia estaba en lo correcto también cuando la condenaba?
Sandro Magister


En el debate sobre el Concilio Vaticano II interviene el teólogo benedictino Basile Valuet. Contra los tradicionalistas Gherardini y de Mattei. Pero también contra el "ratzingeriano" Rhonheimer. 


ROMA, 26 de mayo del 2011.– La instrucción "Universæ Ecclesiæ" del pasado 30 de abril, fiesta de san Pío V, no ha aplacado el enfrentamiento entre los más ardorosos defensores de la misa en rito antiguo y en rito moderno, tentados unos y otros de considerar válido y legítimo solamente el propio rito.

Pero el enfrentamiento es más amplio. Atañe el criterio general con el que el actual pontífice quiere guiar la Iglesia fuera de la actual crisis.

Es el criterio de la "reforma en continuidad" afirmado por Benedicto XVI en el memorable discurso a la curia romana del 22 de diciembre del 2005, sobre la interpretación del Concilio Vaticano II.

En estas últimas semanas, www.chiesa ha dado voz a una discusión muy viva sobre la acogida o no a este criterio. Una discusión nacida de la "desilusión" de algunos pensadores tradicionalistas por el modo como Benedicto XVI insiste en defender en bloque el Concilio Vaticano II, que a juicio de ellos debería ser corregido allí donde ha "roto" con la Tradición de la Iglesia.

A continuación hay una nueva intervención en la discusión. Es del padre Basile Valuet, teólogo benedictino de la abadía de Le Barroux, en Francia, entre la Provenza y los Alpes.

Valuet critica a dos tradicionalistas de primera línea "desilusionados": el teólogo Brunero Gherardini y el historiador Roberto de Mattei.

Pero critica también al filósofo Martin Rhonheimer, según el cual la hermenéutica ratzingeriana de la "reforma en continuidad" explica perfectamente no sólo el Concilio en conjunto, sino también lo que ha sido quizá su vuelco más notorio: la afirmación de la libertad religiosa hecha por la "Dignitatis humanae", en evidente contraste con la enseñanza de los Papas anteriores pero no por esto desligada de la Tradición de la Iglesia, más aún, en sólido acuerdo con el "patrimonio profundo" de la Tradición misma.

Valuet no está de acuerdo con esta interpretación. A su juicio, no hay contraste sino continuidad entre la enseñanza del Vaticano II sobre la libertad religiosa y la anterior condena de la misma hecha por Pío IX y por otros Papas. Y lo explica.

O mejor dicho, lo vuelve a explicar, sintetizando en pocas frases los seis monumentales volúmenes que ha publicado precisamente sobre dicho tema.

Antes de dar la palabra a Valuet, es útil releer las críticas de Rhonheimer a las tesis "concordistas" del teólogo benedictino y de otros dos autores: el filósofo alemán Robert Speamann y el teólogo francés Bertrand de Margerie.

Este pasaje de Rhonheimer ha sido extraído de un artículo suyo aparecido en "Nova et Vetera" en el 2010 que fue relanzado por www.chiesa el pasado 28 de abril, seguido de un amplio apéndice.

La armonización que Rhonheimer considera equivocada - en las primeras palabras del pasaje que reproducimos aquí - es aquella entre la afirmación de la libertad religiosa hecha por el Vaticano II y su condena por obra de los Papas anteriores. Entre una y otra, escribe, "no hay punto en común, ni continuidad".

miércoles, 18 de mayo de 2011

Card. Koch: “El motu proprio es sólo el comienzo de este nuevo movimiento litúrgico”

Card. Koch: “El motu proprio es sólo el comienzo de este nuevo movimiento litúrgico”


Presentamos nuestra traducción de la relación del Cardenal Kurt Koch en el congreso sobre el motu proprio Summorum Pontificum que se ha celebrado en los pasados días en Roma.


“La reforma de la liturgia no puede ser una revolución. Ella debe intentar tomar el verdadero sentido y la estructura fundamental de los ritos transmitidos por la tradición y, valorizando prudentemente lo que está ya presente, los debe desarrollar ulteriormente de manera orgánica, yendo al encuentro de las exigencias pastorales de una liturgia vital”. Con estas iluminadas palabras, el gran liturgista Josef Andreas Jungmann comentó el artículo 23 de la constitución sobre la sagrada liturgia del concilio Vaticano II, donde son indicados los ideales que “deben servir de criterio para toda reforma litúrgica” y de los que Jungmann dijo: “Son los mismos que han sido seguidos por todos aquellos que con perspicacia han pedido la renovación litúrgica”. Diversamente, el liturgista Emil Lengeling ha afirmado que la constitución del concilio Vaticano II marcó “el fin del medioevo en la liturgia” y llevó a cabo una revolución copernicana en la comprensión y en la praxis litúrgica.

He aquí mencionados los dos polos interpretativas opuestos, que constituyen el punto crucial de la controversia desarrollada en torno a la liturgia después del concilio Vaticano II: ¿la reforma litúrgica postconciliar debe ser tomada a la letra y entendida como “re-forma” en el sentido de una restauración de la forma originaria y, luego, como una ulterior fase dentro de un desarrollo orgánico de la liturgia, o bien esta reforma debe ser leída como una ruptura con la entera tradición de la liturgia católica e incluso la ruptura más evidente que el Concilio haya realizado, es decir, como la creación de una nueva forma?. El hecho de que los padres conciliares entendieran la reforma sólo en el sentido de la primera afirmación ha sido profundamente mostrado sobre todo por Alcuin Reid. Sin embargo, en amplios círculos dentro de la Iglesia católica se ha impuesto cada vez más la segunda interpretación, que ve en la reforma litúrgica una ruptura radical con la tradición e intenta incluso promoverla. Este desarrollo condujo, en la comprensión y en la praxis litúrgica, a nuevos dualismos.

Es cierto que el motu proprio podrá hacer realizar pasos adelante en el ecumenismo sólo si las dos formas del único rito romano en él mencionadas, es decir, la ordinaria de 1970 y la extraordinaria de 1962, no sean consideradas como una antítesis sino como un mutuo enriquecimiento. Ya que el problema ecuménico se encuentra en esta fundamental cuestión hermenéutica.

Un primer dualismo afirma que antes del Concilio la Santa Misa era entendida sobre todo como sacrificio y que después del Concilio ha sido redescubierta como cena común. En el pasado se ha hablado naturalmente de la Eucaristía como de un “sacrificio de la misa”. Hoy, sin embargo, este aspecto no sólo es menos conocido sino que ha sido incluso dejado de lado o sencillamente olvidado. Ninguna dimensión del misterio eucarístico se ha vuelto tan discutida después del concilio Vaticano II como la definición de la Eucaristía como sacrificio, sea como sacrificio de Jesucristo, sea como sacrifico de la Iglesia, al punto de que existe el peligro de que un contenido fundamental de la fe eucarística católica pueda terminar completamente en el olvido. Contra tal dualismo, el Catecismo de la Iglesia Católica mantiene unido lo que es inseparable: “La misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor”.

Un ulterior dualismo en torno al cual tiende a polarizarse la visión de una liturgia preconciliar y de una liturgia postconciliar sostiene que, antes del Concilio, era sólo el sacerdote el sujeto de la liturgia mientras que, después del Concilio, la asamblea ha sido elevada al rol de honor de sujeto de la celebración litúrgica. Ciertamente, es indiscutible que, en el curso de la historia, el rol originario de todos los fieles como co-sujetos de la liturgia ha ido poco a poco menguando y que el oficio divino comunitario de la Iglesia primitiva, en el sentido de una liturgia que veía partícipe a toda la comunidad, ha asumido cada vez más el carácter de una misa privada del clero. La existencia de una continuidad de fondo entre la antigua liturgia y la reforma litúrgica puesta en marcha por el concilio Vaticano II brilla por la visión amplia y profundizada por la constitución litúrgica, según la cual el culto público integral es ejercido “por el cuerpo místico de Jesucristo, es decir, por la cabeza y por sus miembros” y toda celebración litúrgica debe ser considerada, por tanto, como “obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia”. El Catecismo agrega luego: “algunos fieles son ordenados mediante el sacramento del Orden para representar a Cristo como Cabeza del Cuerpo”.


viernes, 25 de marzo de 2011

La raíz de los problemas en las celebraciones: falta formación litúrgica

La raíz de los problemas en las celebraciones: falta formación litúrgica


Entrevista con el doctor en liturgia Gregório Lutz


SÃO PAULO, jueves 24 de marzo de 2011 (ZENIT.org) - “En la raíz de todos los problemas que encontramos en nuestras celebraciones litúrgicas, y también de esta falta de espiritualidad, está la insuficiencia de la formación litúrgica”, afirma el sacerdote alemán Gregório Lutz CSSp.

Doctor en liturgia y autor de varios libros sobre el tema, el padre Gregório Lutz afronta la cuestión en esta entrevista concedida a ZENIT.


- La Sacrosanctum Concilium, en el art. 7, dice: "con razón se considera la Liturgia como el ejercicio de la función sacerdotal de Cristo". ¿Podría explicar por qué?

Gregório Lutz: Las palabras citadas del documento del Concilio Vaticano II sobre la Liturgia son las primeras de la frase tal vez más importante de todo este documento. Muchos consideran esta frase como una definición de Liturgia. Creo que junto con estas palabras debemos también considerar las últimas de esta frase que nos dicen quién es este Cristo que en la Liturgia ejerce su sacerdocio: Es el Cristo todo, cabeza y miembros. Para entender bien esta afirmación del Concilio Vaticano II, es bueno recordar la situación de fondo, dentro de la cual se hizo: Era la de la comprensión de la Liturgia como ritual externo, como conjunto de ceremonias, como reglas y prescripciones que regulaban las celebraciones. Además de eso, como celebrantes de la Liturgia se consideraban solamente los ordenados, sobre todo los padres y los obispos, mientras que los laicos asistían en las celebraciones pero no tenían parte activa en ellas. Para el movimiento litúrgico, que se considera comenzado en 1909, esta comprensión de la liturgia se corrigió en muchas cabezas, pero sabemos que aún hoy ésta existe.

Ya el papa Pío XII había declarado, en 1947, en su encíclica Mediator Dei sobre la Liturgia: "No tienen por esto una exacta noción de la Sagrada Liturgia aquellos que la consideran como una parte exclusivamente externa y sensible del culto divino ó como un ceremonial decorativo; ni yerran menos aquellos que la consideran como una mera suma de leyes y de preceptos, con los cuales la Jerarquía eclesiástica ordena al cumplimiento de los ritos" (nº 23 de la edición ‘Documentos Pontifícios’ de la Editorial portuguesa Vozes, de 1963). De modo positivo, el papa Pio XII dice, en el mismo documento, la siguiente definición de Liturgia: “La Sagrada Liturgia es, por tanto, el culto público que nuestro Redentor rinde al Padre como Cabeza de la Iglesia, y es el culto que la sociedad de los fieles rinde a su Cabeza, y, por medio de ella, al Padre eterno; es, para decirlo en pocas palabras, el culto integral del Cuerpo místico de Jesucristo; esto es, de la Cabeza y de sus miembros" (nº 17).

Esta encíclica aprobó ampliamente aquello por lo que los protagonistas del movimiento litúrgico habían luchado y que en la conciencia y en la práctica celebrativa de muchos católicos y comunidades ya habían asumido: Liturgia no es solo el ritual que el clero realiza, sino que es Jesucristo, nuestro Sumo Sacerdote en medio de su pueblo sacerdotal y con los miembros de su cuerpo místico celebrando la obra divina de salvación de la humanidad. El Concilio Vaticano II, como suprema instancia de la Iglesia, ratificó esta visión de la Liturgia y colocó los fundamentos para la reforma litúrgica que debía facilitar que todos los que en el bautismo fueron ungidos sacerdotes, pudiesen celebrar la Liturgia, participando de forma activa, externa e interna, consciente, plena y fructuosamente, y así ejercer su derecho y deber como pueblo sacerdotal (cf. SC 14), en lugar de apenas asistir desde la nave de la iglesia a lo que el clero hacía en el altar. Conforme al Concilio, los fieles deben también aprender a "ofrecerse a sí mismos al ofrecer la hostia inmaculada no sólo por manos del sacerdote, sino juntamente con él" (SC 48).

lunes, 21 de febrero de 2011

Libertad religiosa: la hermenéutica de Pablo VI

Libertad religiosa: la hermenéutica de Pablo VI


Andrea Tornielli presenta hoy en su blog el texto de un apunte manuscrito del Papa Pablo VI sobre la libertad religiosa, escrito en los tiempos en que se discutía el decreto Dignitatis humanae durante el concilio Vaticano II. Presentamos nuestra traducción del artículo de Tornielli y del texto del Papa Montini.


Una de las cuestiones “candentes” en los diálogos entre la Fraternidad San Pío X y la Santa Sede es, como se sabe, la interpretación del decreto conciliar Dignitatis humanae, dedicado a la libertad religiosa. El argumento es actual no sólo en el ámbito particular de aquellos diálogos: basta pensar en el debate historiográfico sobre el Concilio Vaticano II y las famosas dos hermenéuticas señaladas en diciembre de 2005 por Benedicto XVI, o en las discusiones suscitadas por el reciente libro del profesor De Mattei sobre el Concilio, o incluso en el llamamiento para invitar al Papa Ratzinger a reconsiderar su decisión de convocar a las religiones mundiales a Asís en el 25º aniversario del encuentro querido por su (casi beato) predecesor.

Resulta iluminador, al respecto, leer un apunte manuscrito de Pablo VI, fechado en 1965, es decir en plena discusión conciliar, y dedicado a la libertad religiosa. Como es conocido, aquella difícil declaración en su formulación definitiva definió el derecho a la libertad religiosa como un derecho a la inmunidad (la fórmula del “nemo cogatur nemo impediatur”, en materia religiosa nadie sea obligado y nadie sea impedido). Ahora, algunos sostienen que el resultado del documento conciliar fue el de poner las religiones al mismo nivel, de haber favorecido el indiferentismo, incluso el sincretismo. Los Pontífices, en cambio, han sostenido siempre que éstas eran sólo interpretaciones erradas de Dignitatis humanae. Ahora un Papa teólogo – al que ciertamente no se le puede reprochar poca claridad sobre el tema – ha decidido convocar una nueva reunión de Asís: puede ser útil releer el apunte de Pablo VI que está en las actas del Concilio. Lo propongo íntegramente.

lunes, 7 de febrero de 2011

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (III)

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (III)


Presentamos la tercera y última parte de la conferencia de Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Karaganda, titulada “Propuestas para una correcta lectura del Concilio Vaticano II”. En esta última parte, el prelado explica la necesidad de un nuevo syllabus de errores en la interpretación del Vaticano II.


III. La auténtica intención y finalidad del Concilio Vaticano II

Para una correcta lectura de los textos del Concilio Vaticano II es necesario tener en cuenta también la característica específica del tiempo en que se llevó a cabo. En la homilía del Papa Pablo VI, durante la última congregación general del Concilio Vaticano II, el 7 de diciembre de 1965, el Pontífice da la siguiente descripción del período histórico en que se celebraba el Concilio Vaticano II: “El tiempo en que se ha realizado, un tiempo que todos reconocen como dirigido a la conquista del reino de la tierra más que al reino de los cielos, un tiempo en que el olvido de Dios se hace habitual y parece sugerido por el progreso científico, un tiempo en que el acto fundamental de la personalidad humana, más consciente de sí misma y de su libertad, tiende a pronunciarse por la propia autonomía, emancipándose de toda ley trascendente, un tiempo en que el laicismo parece la consecuencia legítima del pensamiento moderno y la sabiduría última de la ordenación temporal de la sociedad, un tiempo, además, en el cual las expresiones del espíritu alcanzan vértices de irracionalidad y desolación, un tiempo, finalmente, que registra también desórdenes y decadencias nunca antes experimentadas. En este tiempo se ha celebrado nuestro Concilio en honor de Dios”.

Según una expresión del Beato Papa Juan XXIII, en el discurso con ocasión de la última congregación general de la primera sesión del Concilio, el 7 de diciembre de 1962, la única finalidad del Concilio y la única esperanza y confianza del Papa y de los Padres Conciliares consiste en esto: “Hacer conocer cada vez más a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de Cristo, hacerlo practicar de buen ánimo y hacerlo penetrar incisivamente en cada aspecto de la cultura”. ¿Puede existir un principio y un método pastoral más auténtico y más católico que este?.

En el discurso para la clausura de la primera sesión del Concilio Vaticano II, el 8 de diciembre de 1962, el Papa Juan XXIII presentaba así la verdadera finalidad del Concilio y sus deseados frutos espirituales: “«Para que la Santa Iglesia, firme en la fe, fortalecida en la esperanza y más ardiente en la caridad, florezca con un nuevo y juvenil vigor, y, armada de leyes sacrosantas, sea más eficiente y más resuelta en ampliar el Reino de Cristo» (Carta autógrafa a los Obispos de Alemania del 11 de enero de 1962)... Entonces el Reino de Cristo sobre la tierra será dilatado por un nuevo crecimiento. Entonces en el mundo resonará más alto y más suave el alegre anuncio de la Redención humana, por la que son confirmados los supremos derechos de Dios Omnipotente, los vínculos de caridad fraterna entre los hombres, la paz que ha sido prometida sobre esta tierra a los hombres de buena voluntad”. Según la intención y el deseo del santo pontífice Juan XXIII, el Concilio Vaticano II debe contribuir fuertemente al siguiente fin: “que en la entera familia humana crezcan abundantísimos los frutos de la fe, de la esperanza y de la caridad”. En esto consiste, según las palabras de Juan XXIII, “la singular importancia y dignidad del Concilio” (cfr. Ibíd.).

miércoles, 2 de febrero de 2011

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (II)

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (II)


Presentamos la segunda parte de conferencia de Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Karaganda, titulada “Propuestas para una correcta lectura del Concilio Vaticano II”, en la cual explicó la necesidad de un nuevo Syllabus de errores en la interpretación del último concilio ecuménico. En esta segunda parte, el autor termina de presentar el “vademécum pastoral” partiendo de las enseñanzas del Vaticano II.


3. El deber de predicar a los fieles la penitencia (cfr. Sacrosanctum Concilium, n.9)

No se puede hablar de una verdadera doctrina y praxis pastoral sin el elemento esencial de la penitencia en la vida de la Iglesia y de los fieles. Toda verdadera renovación de la Iglesia en la historia se efectuaba con el espíritu y la práctica de la penitencia cristiana. En la Constitución dogmática Lumen Gentium n. 8 se afirma que la Iglesia debe avanzar continuamente por el camino de la penitencia y de la renovación. Luego se dice que los fieles deben vencer en sí mismos el reino del pecado con la abnegación de sí mismos y con la vida santa (cfr. ibíd., n. 36). En la actividad misionera los hijos de la Iglesia no deben avergonzarse del escándalo de la cruz (cfr. Ad Gentes, n. 24).

Se puede entender mejor el verdadero espíritu de estas enseñanzas conciliares sobre la necesidad de la penitencia si se considera el hecho de que, en vista de la inminente apertura del Concilio, el Beato Papa Juan XXIII, el 1º de julio de 1962, Fiesta de la Preciosísima Sangre, dedicó precisamente una Encíclica a la necesidad de la penitencia titulada Paenitentiam agere. Se trataba de una apremiante invitación al mundo católico y una exhortación a una más intensa oración y a una penitencia propiciadora de Gracias sobre el inminente concilio. El Papa indicaba el pensamiento y la práctica de la Iglesia como también el ejemplo de los concilios precedentes, reiterando la necesidad de la penitencia interior y exterior como cooperación a la divina redención. Concretamente el Papa Juan XXIII recomendaba en las diócesis una función penitencial propiciatoria, explicando cómo “con las obras de misericordia y de penitencia todos los fieles buscan propiciar a Dios omnipotente e implorar de él aquella verdadera renovación del espíritu cristiano, que es uno de los objetivos principales del Concilio” (n. II, 2). El Papa prosigue diciendo: “De hecho, justamente observaba Nuestro predecesor Pío XII, de venerada memoria: «La oración y la penitencia son los dos medios a disposición de Dios en nuestro tiempo para reconducir a Él la mísera humanidad que vaga sin guía por doquier; medios que disipan y reparan la causa principal y primera de toda trastorno, es decir, la rebelión del hombre contra Dios» (Encíclica Caritate Christi compulsi)”. Juan XXIII dirigía la siguiente ardiente exhortación a los obispos: “Venerables hermanos, actuad sin demora con todo medio que esté en vuestro poder para que los cristianos confiados a vuestros cuidados purifiquen su espíritu con la penitencia y se enciendan en mayor fervor de piedad” (n. II, 3).

El espíritu de penitencia y de expiación debe animar siempre toda verdadera renovación de la Iglesia, como el Papa Juan XXIII deseaba con el Concilio Vaticano II. Esta actitud protege a la Iglesia del espíritu de activismo terreno. Así el Papa enseñaba al final de su encíclica: “Todo el pueblo cristiano, en obsequio a Nuestra exhortación, dedicándose más intensamente a la oración y a la práctica de la mortificación, ofrecerá un admirable y conmovedor espectáculo de aquel espíritu de fe, que debe animar indistintamente a todo hijo de la Iglesia. Esto no dejará de sacudir saludablemente también el ánimo de aquellos que, excesivamente preocupados y distraídos por las cosas terrenas, se han dejado llevar al descuido de sus deberes religiosos” (Ibíd.). En las siguientes palabras se puede percibir aquel auténtico espíritu que animaba al Papa del Concilio y ciertamente a la pars maior et sanior de los Padres Conciliares: “Es necesario que los cristianos reaccionen con la fortaleza de los mártires y de los santos, que siempre han ilustrado la Iglesia católica. De este modo todos podrán contribuir, según su estado particular, al mejor éxito del Concilio Ecuménico Vaticano II, que debe llevar a un reflorecimiento de la vida cristiana” (Ibíd., n. II, 2).


lunes, 31 de enero de 2011

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (I)

“Necesitamos un nuevo Syllabus”: conferencia de Mons. Schneider (I)


Como se sabe, Mons. Athanasius Schneider, obispo auxiliar de Karaganda, pronunció una histórica conferencia en Roma el 17 de diciembre de 2010, en la que mencionó la necesidad de un nuevo Syllabus de los errores en la interpretación del Concilio Vaticano II. Por su extensión, presentaremos nuestra traducción de dicha conferencia en tres partes. En esta primera parte, que a continuación ofrecemos, Mons. Schneider, luego de una breve introducción, comienza a enumerar y desarrollar un “vademecum pastoral” partiendo de algunas enseñanzas del último Concilio, leídas en una hermenéutica de continuidad.


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Propuestas para una correcta lectura del Concilio Vaticano II


I. El fundamento teológico de la pastoral

Para hablar correctamente de la teoría y de la praxis pastoral es necesario primero ser conscientes de su fundamento y de su fin teológico. El fin de la Iglesia es el mismo fin de la Encarnación: “propter nostram salutem”. Así la fe y la oración de la Iglesia se expresa: “Qui propter nos homines, et propter nostram salutem, descendit de caelis et incarnatus est et homo factus est”. Esta salvación significa la salvación del alma para la vida eterna. En esto consiste también la finalidad de toda la ordenación jurídica y pastoral de la Iglesia, como nos dice el último canon del Código de Derecho Canónico: “prae oculis habita salute animarum, quae in Ecclesia suprema semper lex esse debet” (can. 1752).

El contenido de la salvación del alma humana consiste en la santidad, en la renovación y en la perfección de la originaria dignidad humana en Cristo. Dios ha creado al hombre según Su imagen y Su semejanza (cfr. Gen 1, 26) y esta obra es admirable, como dice la Iglesia en la liturgia: “Deus, qui humanae substantiae dignitatem mirabiliter condidisti”. Pero todavía más admirable es la renovación y la perfección de esta imagen, realizada por la obra de la redención: “mirabilius reformasti”. La renovación, la perfección nueva, la santidad, consiste en la inimaginable gracia de la participación del hombre en la misma naturaleza Divina: “Divinitatis esse consortes”. Esta participación en la naturaleza divina significa ser hijos adoptivos de Dios, ser hijos en el Único Hijo, Jesucristo.

Jesucristo, el único Hijo de Dios según la naturaleza, se ha hecho por Su verdadera Encarnación el primogénito entre muchos hermanos: “primogenitus in multis fratribus” (Rm 8, 29). Por medio de Su sacrificio redentor, Cristo ofrece al hombre la gracia de la vida Divina. La misma vida Divina en el misterio de la Santísima Trinidad está presente en la humanidad del Hijo de Dios: “in Ipso inhabitat omnis plenitudo divinitatis corporaliter”, en Él toda la divinidad habita corporalmente (Col 2, 9). Cristo encarnado está lleno de gracia y de verdad (cfr. Gv 1, 14). El Espíritu Santo distribuye desde esta fuente de vida Divina por medio de la Iglesia, que es el Cuerpo Místico de Cristo, en la liturgia de los sacramentos, la gracia de la filiación Divina y todas las otras gracias de santidad necesarias. Así se puede entender mejor lo que enseñó el Concilio Vaticano II: “Liturgia est culmen ad quod actio Ecclesiae tendit et simul fons unde omnis eius virtus emanat” (Sacrosanctum Concilium, n. 10). “La Liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza. Pues los trabajos apostólicos se ordenan a que, una vez hechos hijos de Dios por la fe y el bautismo, todos se reúnan para alabar a Dios en medio de la Iglesia, participen en el sacrificio y coman la cena del Señor” (Sacrosanctum Concilium, n. 10).

jueves, 18 de noviembre de 2010

El ecumenismo, a la luz de la hermenéutica de la continuidad

El ecumenismo, a la luz de la hermenéutica de la continuidad


Como se sabe, en estos días se ha celebrado en Roma la plenaria del Pontifico Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a cuyos miembros recibió hoy el Papa en audiencia. El Arzobispo Koch, que el próximo sábado será creado cardenal, presidió las reuniones y pronunció el discurso inaugural. Ofrecemos la parte inicial de dicho discurso en la que el prelado traza un balance del camino ecuménico, con la significativa novedad de incluir, como elemento decisivo en este tema, la hermenéutica de la continuidad, uno de los grandes temas del actual Pontificado.


***


Con el Concilio Vaticano II, sobre todo con el Decreto sobre el ecumenismo «Unitatis redintegratio», la Iglesia Católica ha entrado oficialmente en el movimiento ecuménico. Este “punto de no retorno” ha sido reafirmado por varios Pontífices y se ha traducido de varias maneras en la realidad concreta. El Papa Juan Pablo II, en particular en su Encíclica sobre el compromiso ecuménico «Ut unum sint», ha subrayado de manera inequívoca que el camino ecuménico emprendido por la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II es irreversible. Retomando estas palabras, el Papa Benedicto XVI ha reiterado, en su mensaje a los delegados y participantes de la Tercera Asamblea Ecuménica Europea que tuvo lugar en Sibiu en el 2007: “Como afirmó mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, con el concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los signos de los tiempos”. Ya en el primer mensaje después de la elección como Pontífice, el Papa Benedicto XVI afirmaba su voluntad de asumir “como compromiso prioritario trabajar con el máximo empeño en el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo” y definía la búsqueda de la unidad como su “voluntad” y su “apremiante deber”.

Sobre el carácter irreversible de este camino, no puede haber ninguna duda. El mismo Papa Benedicto XVI lo ha mostrado claramente, al contrario de lo que se le ha reprochado varias veces el pasado año. Ciertamente, el Santo Padre ha puesto nuevos acentos en lo que concierne a la hermenéutica de las afirmaciones conciliares. En su discurso a la Curia Romana con ocasión de la presentación de las felicitaciones navideñas, el 22 de diciembre de 2005, él se refirió ampliamente al legado espiritual del Concilio Vaticano II y advirtió sobre la distinción entre las dos diversas hermenéuticas. Por una parte, existe “la hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura", que considera el Concilio Vaticano II no como parte de la tradición viva de la Iglesia sino como un momento de ruptura y afirma la existencia de una Iglesia pre-conciliar y de una Iglesia post-conciliar, como si ya no se tratase de la misma Iglesia. Por otra parte, existe la “hermenéutica de la reforma”, que reconoce los continuos desarrollos de la doctrina de la fe y concilia continuidad con la Tradición y renovación dinámica. En esta dialéctica entre continuidad y discontinuidad, fidelidad a la tradición y renovación, reside para el Santo Padre la verdadera esencia de la reforma, como él mismo expresó de modo convincente a propósito del Concilio Vaticano II: “si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”.

Es con la hermenéutica de la reforma que debemos leer también el Decreto sobre el ecumenismo. El hecho de que tal documento haya marcado para la Iglesia Católica una nueva dirección en las relaciones con las otras Iglesias y Comunidades cristianas es tan evidente que a menudo no se menciona. Sin embargo, este nuevo inicio no implica una ruptura con la Iglesia pre-conciliar. De hecho, el giro ecuménico realizado por el Concilio se sitúa en una continuidad fundamental con la Tradición: esto no habría sido claramente posible si el interés ecuménico, aún en su forma embrionaria, no hubiese estado presente dentro de la Iglesia Católica ya mucho tiempo antes del Concilio Vaticano II. Al respecto, deben mencionarse las Conversaciones de Malinas (Bélgica), que se han tenido con los anglicanos desde 1921 hasta 1926, con el fuerte apoyo del Papa Pío XI. Debe ser recordado también el hecho de que, al comienzo del siglo pasado, sobre todo el Papa León XIII y el Papa Benedicto XV han impulsado enérgicamente la oración por la unidad de los cristianos, que luego será definida en «Unitatis reditengratio» como “el alma de todo el movimiento ecuménico”. Un ulterior impulso al compromiso ecuménico ha sido dado por el Papa Pío XII, el cual, en su instrucción de 1950, elogiaba expresamente al movimiento ecuménico, reconduciendo su inspiración al Espíritu Santo. El hecho de que precisamente Pío XII haya sido la fuente más citada en el Concilio, después de las Sagradas Escrituras, demuestra el rol desarrollado por este Pontífice en la preparación del camino al Concilio con sus numerosas, clarividentes encíclicas, como ha subrayado Benedicto XVI en un volumen dedicado al magisterio del Papa Pacelli: “Ciertamente, la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, es un organismo vivo y vital, y no ha quedado inmóvil en lo que era hace cincuenta años. Pero el desarrollo se realiza con coherencia. Por eso, la herencia del magisterio de Pío XII fue recogida por el concilio Vaticano II y propuesta de nuevo a las generaciones cristianas sucesivas”.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Benedicto XVI, “ni un mero reformista ni un simple continuista absoluto”

Benedicto XVI, “ni un mero reformista ni un simple continuista absoluto”


Como se sabe, el Arzobispo Kurt Koch tuvo la tarea de pronunciar las dos relaciones principales en el encuentro de Benedicto XVI con sus ex-alumnos dedicado a la hermenéutica del concilio Vaticano II. La agencia Gaudium Press ha publicado un resumen de los temas expuestos por Mons. Koch en el pasado mes de agosto. Dado su gran interés, reproducimos también aquí el artículo de Anna Artymiak, corresponsal de Gaudium Press en el Vaticano.

Ciudad del Vaticano (Viernes, 08-10-2010, Gaudium Press)- El Papa Benedicto XVI es "el mayor interprete" del Concilio Vaticano II y quiere realizar "una hermenéutica de renovación en la continuidad de la Iglesia como único sujeto", esto es, "de una reforma que no vuelva al pasado, sino que, al contrario de eso, aún estando en continuidad con la tradición, pueda responder a la nueva situación del mundo".

La frase anterior es la síntesis de dos discursos que el arzobispo suizo Kurt Koch profirió en el Ratzinger Schülerkreis -tradicional encuentro del Santo Padre con sus ex-alumnos- del día 28 de agosto pasado en Castel Gandolfo. Este año se cumplen 45 años de la conclusión del Concilio Vaticano II. Un largo período que hace reflexionar sobre cómo son realizadas sus directrices, pero también cómo se debe interpretar de manera justa y correcta los propios documentos. Justamente el tema de la hermenéutica del Concilio Vaticano II estuvo en el centro de las discusiones del encuentro.

En sus alocuciones, el arzobispo Kurt Koch, que desde el 1º de julio es el nuevo presidente del Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos, abordó la persona del Papa Ratzinger, con sus decisiones sobre la liturgia y su modo de entender y realizar el Vaticano II, en una luz muy diferente y opuesta a aquella difundida sobre lo que el público piensa del Santo Padre - un "mero" tradicionalista que se encaminaría en una dirección opuesta al Concilio.

En el Schülerkreis, el prelado suizo presentó dos temas: "El Concilio Vaticano II entre tradición e innovación. La hermenéutica de la reforma entre la hermenéutica de la discontinuidad y la hermenéutica de la continuidad histórica", y "'Sacrosanctum Concilium' y reforma post-conciliar de la liturgia. Continuidad y discontinuidad a la luz de la hermenéutica de la reforma". Conforme Mons. Koch, aún hoy, después de casi 50 años del Concilio Vaticano II, todos advierten la necesidad de su correcta interpretación y por tanto es "gravemente equivocado", según el arzobispo, considerar al pontífice como un tradicionalista que quiere llevar la Iglesia a retroceder en relación al Concilio.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Encuentro del Papa con sus ex-alumnos: “Fidelidad a la tradición, apertura al futuro”

Encuentro del Papa con sus ex-alumnos: “Fidelidad a la tradición, apertura al futuro”
Mons. Kurt Koch


L’Osservatore Romano ha publicado un nuevo artículo sobre el seminario de verano de Benedicto XVI con sus ex-alumnos, que ha tenido como tema la hermenéutica del Concilio Vaticano II. En este artículo, Mons. Kurt Koch, relator principal, comenta algunas de las conclusiones y ofrece detalles sobre sus dos intervenciones.


“Fidelidad a la tradición, apertura al futuro: es la interpretación más correcta del concilio Vaticano II, que sigue siendo la magna charta de la Iglesia también en el tercer milenio”. Es lo que ha surgido del así llamado Ratzinger Schülerkreis, según el arzobispo Kurt Koch, relator principal en el encuentro del Papa con sus ex-alumnos, realizado del 27 al 30 de agosto en Castelgandolfo. El nuevo Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos habla a nuestro periódico de “una experiencia concreta, vivaz, positiva” y resume los contenidos de las dos relaciones del sábado 28 de agosto.

“En la primera – dice – propuse una reflexión sobre cómo leer e interpretar el concilio Vaticano II, indicando la prioridad de una hermenéutica de reforma”. Una “cuestión que he retomado y desarrollado en la segunda relación, profundizando en particular la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, precisamente para mostrar en forma concreta cómo se puede realizar una hermenéutica de reforma”. A las dos relaciones, explica, “ha seguido un debate de más de una hora, muy interesante y rico en contribuciones significativas”. Según monseñor Koch, “se ha podido captar cuán fundamental es la dimensión espiritual de la vida cristiana, en todo aspecto. Y esto vale, desde mi punto de vista, también en el diálogo ecuménico que constituye el campo de trabajo más directo delante de mí”. Precisamente “el hecho de que haya sido concreto ha hecho el debate muy útil para el trabajo de cada uno”. Lo confirma las palabras de ánimo que le dirigió personalmente Benedicto XVI en la audiencia privada del 30 de agosto. “Hemos hablado – dice el arzobispo – de mi nuevo desafío ecuménico porque el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos no es una realidad independiente sino que tiene un mandato del Papa para ver cómo puede desarrollarse el diálogo en el futuro”.

miércoles, 28 de julio de 2010

La ideología para-conciliar y sus consecuencias en la Iglesia - Mons. Guido Pozzo

La ideología para-conciliar y sus consecuencias en la Iglesia
Mons. Guido Pozzo


Monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, ofreció recientemente una conferencia para la Fraternidad de San Pedro sobre “aspectos de la eclesiología católica en la recepción del Concilio Vaticano II”. Presentamos la parte conclusiva de dicha conferencia, particularmente interesante dado que Mons. Pozzo se refiere a un asunto de gran actualidad en la vida de la Iglesia: el de la interpretación del Concilio Vaticano II en continuidad con la Tradición doctrinal católica (un tema que está incluido entre aquellos que la Fraternidad de San Pío X tratará con la Santa Sede en las actuales conversaciones doctrinales). Con gran claridad y lucidez, Mons. Pozzo denuncia la existencia y las consecuencias de lo que él llama “ideología para-conciliar”.


¿Qué es lo que está en el origen de la interpretación de la continuidad o de la ruptura con la Tradición?

Está lo que podemos llamar la ideología conciliar o, más exactamente, para-conciliar, que se ha apoderado del Concilio desde el principio, poniéndose sobre él. Con esta expresión no se entiende algo que concierne a los textos del Concilio, ni mucho menos a la intención de los sujetos, sino el marco de interpretación global en que el Concilio fue colocado y que actuó como una especie de condicionamiento interior en la lectura sucesiva de los hechos y de los documentos. El Concilio no es, de hecho, la ideología para-conciliar, pero en la historia de los acontecimientos de la Iglesia y de los medios masivos de comunicación ha obrado en gran medida la mistificación del Concilio, es decir, la ideología para-conciliar. Para que todas las consecuencias de la ideología para-conciliar fueran manifestadas como evento histórico, se debió verificar la revolución del ’68, que asume como principio la ruptura con el pasado y el cambio radical de la historia. En la ideología para-conciliar el ’68 significa una nueva figura de Iglesia en ruptura con el pasado, aún si las raíces de esta ruptura estaban presentes ya desde hace algún tiempo en ciertos ambientes católicos.

Este marco de interpretación global, que se superpuso en modo extrínseco al Concilio, se puede caracterizar principalmente por estos tres factores:

jueves, 27 de mayo de 2010

Concilio Vaticano II y hermenéutica de la continuidad

Concilio Vaticano II y hermenéutica de la continuidad


Han pasado cerca de 45 años desde el final del Concilio Vaticano II y, nunca como ahora, desde varias partes, está surgiendo un intenso y profundo debate sobre las enseñanzas y las implicaciones de este acontecimiento eclesial. Entre las diversas interpretaciones, los Pontífices que han tomado parte personalmente en el Concilio (como Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI) han sostenido una lectura de acuerdo a la llamada “hermenéutica de la continuidad”, según la cual el Concilio no se pone en contraste con el milenario “depositum fidei” propio de la tradición católica. Como explicó el Pontífice Benedicto XVI durante su visita a Fátima, según este tipo de lectura no hay ruptura entre modernidad y tradición.

Para comprender lo que el Papa ha confirmado como “hermenéutica de la continuidad”, la asociación Vera Lux organizó en San Marino un encuentro de estudio sobre el tema: “Passione della Chiesa. Amerio e altre vigili sentinelle”. El congreso parte de la obra del teólogo Romano Amerio (1905-1997) “Iota Unum. Estudio sobre las variaciones de la Iglesia Católica en el siglo XX”, para proponer una articulada investigación sobre el período post-conciliar. Intervendrán en el congreso, entre otros, don Nicola Bux, el profesor Matteo D’Amico y el padre Giovanni Cavalcoli O.P.

La jornada de estudios será presidida, y concluida con una reflexión sobre la figura de Benedicto XVI, por monseñor Luigi Negri, obispo de San Marino-Montefeltro. Considerando el gran interés que está naciendo en torno al Congreso, Zenit ha realizado algunas preguntas a Mons. Negri.


- ¿Usted conoció personalmente a Amerio?

Conocí personalmente a Romano Amerio porque recibí de él una sugerencia muy precisa para orientar mis estudios de filosofía sobre la personalidad de Tomás Campanella, a quien él dedicó una consistente parte de su actividad de estudio y de enseñanza. Le debo el redescubrimiento de este gran autor que normalmente la historiografía laicista hace pasar como uno de los precursores de la revuelta moderna contra la tradición católica y que, en cambio, es un singular testigo de un catolicismo que ciertamente reconquista a partir de más de una falla frente a una mentalidad laicista. Este es el motivo de gran gratitud que tengo hacia Amerio, quien, por otro lado, ha sido por décadas profesor en el Liceo Cantonal de Zurich, uno de los puntos de mayor impacto cultural no sólo para el Cantón del Tesino sino también para buena parte de Italia.

La discusión sobre la hermenéutica del Concilio Vaticano II, sobre la que Amerio ha reflexionado y escrito mucho, es de gran actualidad. En el famoso volumen – “Iota Unum” -, traducido a varias lenguas, Romano Amerio habla de lo que sucedió en el Concilio Vaticano II y de la crisis post conciliar, indicando aquellas fisuras en la solidez de la fe que todavía hoy hieren a la Iglesia. ¿Podría ilustrarnos el sentido y la razón de este análisis crítico?

La lectura desapasionada, a tantos años de distancia, del libro “Iota Unum”, es la demostración de que Amerio había intuido cómo se estaba operando una fractura entre la tradición y un cierto modo de interpretar el Concilio Vaticano II. Por lo tanto, representa un testimonio inteligente y vivido hasta el fondo, expresado no sin sufrimiento por esta fractura que se estaba delineando y en la cual la interpretación “modernista” o, como le gustaba decir a él, “neotérica” del Concilio corría el riesgo de poner en crisis todo un dato de la tradición, de la cual no se podía prescindir. En su libro, se muestra claramente la situación tal como la ha indicado Benedicto XVI diciendo que ya es necesario cerrar el tema de la contraposición entre las hermenéuticas y tomar el camino de la continuidad hermenéutica. Por otro lado, que en esta re-lectura del Concilio –o, mejor dicho, de todo lo que se ha provocado dentro y fuera del Concilio– realizada por Amerio algunas veces haya un poco de vehemencia es algo que resulta perfectamente comprensible.


- ¿Cuál es la principal contribución que esta jornada de estudios podrá ofrecer?

Yo participaré en esta conferencia como expositor, hablando de Benedicto XVI, y estoy feliz de acoger esta jornada de estudios en San Marino porque pienso que en la línea del magisterio de Benedicto XVI puede representar una contribución sobre algunos nudos muy importantes de la historia reciente de la teología que, una vez recuperados de modo crítico, podrían favorecer el diálogo y el desarrollo de la así llamada hermenéutica de la continuidad.


* * *


Sobre las motivaciones que llevaron a la organización de la jornada hemos hecho algunas preguntas a uno de los promotores, Lorenzo Bertocchi, estudioso de Historia del Cristianismo y perteneciente al Centro Cultural “Vera Lux” de Bolonia.


- ¿Por qué habéis decidido dedicar un Congreso a Romano Amerio?

Desde los orígenes, la Iglesia ha vivido siempre sufrimientos y hostilidades provenientes tanto de su interior como desde fuera de ella, pero ha podido contar con la presencia de “centinelas” que, por gracia de Dios, han sabido iluminarla sobre los peligros y los riesgos. Entre los peligros debe ser contado también el tema de la correcta interpretación del Concilio Ecuménico Vaticano II. De hecho, a partir del famoso discurso a la Curia Romana del 2005, varias veces Benedicto XVI ha vuelto sobre el tema de la así llamada hermenéutica de la continuidad. La confusa interpretación del Concilio, de hecho, no está privada de consecuencias para la vida de la Iglesia. En este contexto, Romano Amerio con su obra “Iota Unum” ha propuesto un articulado análisis sobre el atormentado período post-conciliar. No por casualidad el libro se cierra con estas palabras: “Custos quid de nocte?” (Isaías 21, 11). Es por eso que el Congreso pone una particular atención en Amerio, pero va más allá, subrayando la obra de otros “centinelas” como el Siervo de Dios P. Tomas Tyn O.P. y sobre todo el Cardenal Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI.


- ¿Cuáles son los fines que os proponéis alcanzar con el Congreso?

Para responder, quisiera citar un pasaje de Benedicto XVI en la audiencia general del pasado 10 de marzo: “Gracias a Dios, los timoneles sabios de la barca de Pedro, el Papa Pablo VI y el Papa Juan Pablo II, por una parte defendieron la novedad del Concilio y, por otra, al mismo tiempo, defendieron la unicidad y la continuidad de la Iglesia, que siempre es Iglesia de pecadores y siempre es lugar de gracia”. La jornada de estudios promovida por el Centro Cultural Vera Lux quiere, por lo tanto, animar el debate encaminado a desarrollar “la unicidad y la continuidad de la Iglesia” en el surco del Magisterio y en la conciencia de que la claridad doctrinal no es sólo un hecho elitista o intelectualista sino que tiene consecuencias importantes para todo el pueblo de Dios que fácilmente puede ser confundido por errores o interpretaciones heterodoxas.



Fuente: Zenit (edición en lengua italiana)



jueves, 6 de mayo de 2010

Un dudoso moralismo de los que se ensañan contra el Papa - Mons. Héctor Aguer

Un dudoso moralismo de los que se ensañan contra el Papa
Mons. Héctor Aguer


La Plata (Buenos Aires), 5 May. 10 (AICA).- “En los días que corren arrecian los ataques que vienen apuntando contra la figura del Papa Ratzinger desde el comienzo de su pontificado. Se ha pretendido descalificarlo haciendo una caricatura de su anterior oficio de ‘defensor de la ortodoxia’, como si el empeño de tutelar la doctrina de la fe fuera algo desusado en la Iglesia o no correspondiera a las urgencias más hondas de un mundo necesitado de la verdad y del amor que tienen su fuente en Dios”. Así lo expresa el arzobispo de La Plata, monseñor Héctor Aguer, en un artículo publicado por el diario “El Día” el pasado 30 de abril.

Tras señalar que “la impugnación ha partido, algunas veces, de personas y grupos que adoptaron una hermenéutica de la discontinuidad y la ruptura para interpretar el Concilio Vaticano II en contra de la gran tradición eclesial”, advierte que “luego, cualquier oportunidad ha parecido propicia para criticar presuntas ‘gaffes’ y crear equívocos, difundidos por una turba mediática superficial y prejuiciada”.

En ese sentido, sostiene que “los ‘flashes’ de la comunicación globalizada simplifican el discurso, buscan acentuar las contradicciones, reales o aparentes, incitan a la confrontación y con frecuencia responden a una posición tomada, anticatólica” y subraya: “No hace falta acudir a una teoría de la conspiración para sospechar que detrás de este fenómeno se mueven fuerzas oscuras y poderosos intereses”.

El pastor platense destaca que “Joseph Ratzinger se ha distinguido siempre por su vigor intelectual, su vastísima cultura, su sensibilidad artística, y más íntimamente por la sencillez de su trato, por su mansedumbre y afabilidad. Su obra teológica tiene un valor innegable, no sólo como exposición actualizada de la fe católica, sino también porque implica una reivindicación del papel de la razón y de su capacidad para descubrir la verdad y hacer de ella el fundamento de una vida con sentido plenamente humano y de un orden social que se erija sobre los pilares de la justicia y la solidaridad. Estas características se reflejan también en su magisterio desde la cátedra de Pedro”.

Al recordar que el motivo más reciente de los ataques “ha sido el descubrimiento de casos de pedofilia de los cuales se han hecho culpables, en las últimas décadas, sacerdotes de diversos países”, aclara que “en esta perversión la patología consiste en una compulsión de dominio que lleva al comportamiento criminal contra niños y adolescentes; en la inmensa mayoría de los casos los autores son hombres casados y el abuso se verifica, a menudo, dentro de la propia familia”.

Si bien reconoce que “es mucho más grave el delito cuando los culpables son sacerdotes”, sin embargo, considera “llamativo que sólo se hable de ellos y no se afronte en profundidad el vergonzoso problema que abarca al mundo entero”.

En cuanto a la actitud del Papa frente a los casos de pedofilia en la Iglesia señala que “se ha ubicado con claridad del lado de las víctimas” y también que, “mucho antes de que estos hechos lamentables se hicieran públicos, él había determinado con mayor rigor los procedimientos a seguir para juzgar según las leyes eclesiásticas a los autores de tan graves pecados”.

Por eso asegura que “esta triste realidad es aprovechada con otra intención: minar la credibilidad de la Iglesia y en especial su misión de orientar el sentido moral de la sociedad”.

“Es notable observar que se ensañan contra el Papa los promotores del aborto y la eutanasia, los que intentan alterar la esencia del matrimonio y desbaratar completamente la familia, los que en nombre de una libertad sin contenido, sin referencia a valores objetivos y universales, niegan que exista una naturaleza de la persona humana. Un dudoso moralismo, en suma, el de aquellos que destruyen los fundamentos del orden moral y se atreven a arrojar la primera piedra”, concluye.



lunes, 15 de marzo de 2010

Total adhesión de sacerdotes a Cristo y a la Iglesia, alienta el Papa Benedicto XVI

Total adhesión de sacerdotes a Cristo y a la Iglesia,
alienta el Papa Benedicto XVI


VATICANO, 12 Mar. 10 (ACI).- Al recibir hoy a los participantes en el Congreso teológico promovido por la Congregación para el Clero, que se celebra el 11 y 12 de marzo en la Pontificia Universidad Lateranense, y cuyo tema es: "Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote", el Papa Benedicto XVI alentó a los presbíteros a vivir en total adhesión a Cristo y a la Iglesia para poder responder a su misión.

El Santo Padre señaló que en una época como la nuestra "es importante tener bien clara la peculiaridad teológica del ministerio ordenado para no ceder a la tentación de reducirlo a las categorías culturales dominantes. En un contexto de secularización difundida, que excluye progresivamente a Dios de la esfera pública, y que tiende a hacerlo también de la conciencia social compartida, a menudo se percibe al sacerdote como una persona 'distante' ".

Por eso, dijo, "es importante superar los peligrosos reduccionismos del pasado, que han presentado al sacerdote como un 'agente social', con el riesgo de traicionar el mismo sacerdocio de Cristo".

"Al igual que es cada vez más urgente la hermenéutica de la continuidad para comprender adecuadamente los textos del Concilio Vaticano II, es necesaria una hermenéutica que podríamos definir 'de la continuidad sacerdotal', que partiendo de Jesús de Nazaret, Señor y Cristo, y pasando a través de los dos mil años de la historia de grandeza y de santidad, de cultura y de piedad, que el sacerdocio ha escrito en el mundo, llegue a nuestros días".

Benedicto XVI afirmó que "es particularmente importante que la llamada a participar en el único sacerdocio de Cristo en el ministerio ordenado florezca en el 'carisma de la profecía': hay una gran necesidad de sacerdotes que hablen de Dios al mundo y que presenten a Dios al mundo; hombres no sujetos a modas culturales efímeras, sino capaces de vivir auténticamente aquella libertad que solo la certeza de la pertenencia a Dios es capaz de donar. Hoy la profecía más necesaria es la de la fidelidad, que lleve a vivir el propio sacerdocio en total adhesión a Cristo y a la Iglesia".

Tras resaltar que el presbítero "debe estar atento para no dejarse arrastrar por la mentalidad dominante, que tiende a asociar el valor del ministro a su función y no a su ser", el Papa señaló que "el horizonte de la pertenencia ontológica a Dios es el justo marco para comprender y reafirmar, también hoy, el valor del celibato sagrado, que en la Iglesia latina es un carisma exigido por el orden sagrado, y las Iglesias orientales lo estiman mucho; es expresión del don de sí a Dios y a los demás".

"La vocación del sacerdote es muy grande y es siempre un gran misterio. Nuestros límites y nuestras debilidades deben impulsarnos a vivir y a custodiar con profunda fe este don precioso, con el que Cristo nos ha configurado a sí, haciéndonos partícipes de su misión salvífica. De hecho, la comprensión del sacerdocio ministerial está unida a la fe y exige, cada vez con mayor fuerza, una continuidad total entre la formación en el seminario y la formación permanente".

Finalmente el Papa aseguró que "los hombres y mujeres de nuestro tiempo nos piden únicamente que seamos sacerdotes cien por cien y nada más. Los fieles laicos encontrarán en tantas otras personas lo que humanamente necesitan, pero solo en el sacerdote podrán hallar aquella Palabra de Dios que debe estar siempre en sus labios: la misericordia del Padre, abundante y de modo gratuito que se transmite por medio del sacramento de la Reconciliación; el Pan de vida nueva".



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