Catequesis del Padrenuestro: Dios, Padre y Madre
Pedro Rizo
En la emisión del pasado lunes, 14 de junio de 2010, Radio María transmitió desde un pueblo de La Coruña una misa en la que el celebrante citó a Dios como padre y madre. Teología feminista muy defendida por personajes de triste fama. Lucha de clases encubierta, tesis-antítesis hegeliana que en su síntesis busca distraer la fe hacia su autodestrucción. A este feminismo teológico se oponen mis comentarios al Padrenuestro, oración guía de nuestra religión a la cual algunos insensatos manosearon con ilegítimas traducciones.
[Vuelvo a decirles que mis credenciales son sólo las de un cristiano corriente, sin otra teología, ¡hay tantas y tan dispares!, que la heredada de la Iglesia enseñada; obviamente, la tradicional multisecular. Creo, además, que la que no respete este origen es indiscutiblemente otra teología, por tanto otra fe y otra iglesia… aunque la vistan de seda].
Me parece necesario advertir en detalle sobre lo que, en mi opinión, se persigue con estas propuestas.
La destrucción de la Eucaristía.- Llamar madre a Dios no viene de un supuesto despecho de las mujeres que quieren ser sacerdotisas, sino más cierto de falta de fe, espiritualidad y sentido común, con fuertes cargas de soberbia. Feminismo teológico muy querido en bastantes órdenes y conventos. Revisemos, pues, antes de pasar al tema del título, esta ambición de algunos teólogos y religiosas. Y contemplemos, primero, que el sacerdocio católico no tiene nada que ver con la mujer. Porque en la Iglesia Católica el único sacerdocio lo ejerce Cristo mismo, que es Cordero de Dios y no cordera, víctima macho según instruían las Escrituras (Lev 1, 3; 10) para los holocaustos. Víctima que se purgaba los pecados contra Dios (Lev 1, 4). De modo que al realizarse el ministerio sacerdotal “in persona Christi”, lo cual significa que es Él, y sólo Él, el que sacrifica a través del sacerdote de la Iglesia, se concluye que el sacerdote debe ser hombre y no mujer. Elección definitiva a considerar tanto si como víctima cuanto como oferente.
