Tango en San Pedro mientras la barca va a la deriva
Roberto de Mattei
Quizá los historiadores del mañana recordarán que en 2014, en la plaza de San Pedro, se bailaba el tango mientras los cristianos eran masacrados en Oriente y la Iglesia estaba al borde de un cisma. Esta atmósfera de ligereza e inconsciencia no es nueva en la historia. Recuerda Salviano de Marsella que, en Cartago, se bailaba y se banqueteaba en vísperas de la invasión de la Vándalos y, en San Petersburgo, según el testimonio del periodista americano John Reed, mientras los bolcheviques conquistaban el poder, los teatros y restaurantes continuaban abarrotados de gente. Como dice la Escritura, el Señor ciega a los que quiere perder (Jn 12, 37-41).
Sin embargo, el principal drama de nuestro tiempo no es la agresión que viene desde el exterior, sino aquel misterioso proceso de autodemolición de la Iglesia que está llegando a sus últimas consecuencias, después de haber sido denunciado por Pablo VI en el famoso discurso en el Seminario Lombardo del 7 de diciembre de 1968. La autodestrucción no es un proceso fisiológico. Es un mal que tiene unos responsables. Y los responsables, en este caso, son aquellos hombres de la Iglesia que sueñan con sustituir el Cuerpo Místico de Cristo con un nuevo organismo, sujeto a una perpetua evolución sin verdad y sin dogmas.
Un impresionante cuadro de la situación es el que han facilitado, a finales de 2014, dos informes sobre la Iglesia publicados, respectivamente, por el diario francés “Le Figaro” y el diario italiano “La Repubblica”.
“Le Figaro”, un periódico de centroderecha famoso por su moderación, ha dedicado su suplemento de diciembre, “Figaro Magazine”, a la “Guerra Secreta en el Vaticano. De qué manera el Papa Francisco revuelve la Iglesia”: 11 páginas firmadas por Jean-Marie Guénois, considerado uno de los vaticanistas más serios y competentes.
“Algo parece volcarse en la Iglesia después del Sínodo sobre la familia del otoño de 2014 —escribe Guénois— y la acumulación de indicios autoriza a poner este interrogante: ¿se arriesga la Iglesia a enfrentarse a una tempestad a finales de 2015, tras la segunda sesión del Sínodo sobre la familia?”. Guénois revela la existencia de una “guerra secreta” entre Cardenales que no tiene como objetivo la conquista del poder. Lo que se está librando es una batalla de ideas que tiene como principal objetivo la doctrina de la Iglesia sobre la familia y el matrimonio. El Papa Francisco es acusado desde dentro de la Iglesia de una gestión autocrática del poder que el periodista francés resume en la fórmula: “Cuando el Papa decide, no utiliza guantes”. Pero, el verdadero problema es su visión eclesial, inspirada en y aconsejada por las corrientes más progresistas del Vaticano. Según Guénois, son tres los teólogos que están definiendo los nuevos objetivos: el Cardenal alemán Walter Kasper, el Obispo italiano Bruno Forte y el Arzobispo argentino Víctor Manuel Fernández. “¡Es éste el trío que ha prendido fuego a las pólvoras en ocasión del Sínodo sobre la familia!”. Dicho sea de paso, Kasper es la cabeza de ariete utilizada para la admisión a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar. Forte es el fautor de la legalización de la homosexualidad y Fernández es el exponente más destacado de la teología peronista del pueblo.



