Nuevo ultraje a la estatua de Colón: los talibanes del indigenismo
Mario Caponnetto
El Gobierno nacional acaba de consumar un nuevo ultraje contra el monumento a Cristóbal Colón que dominaba, hasta hace poco, la porteña plaza homónima. Esta vez, aprovechando quizás la modorra del verano, la estatua ha sido prácticamente destruida, desmontadas una a una sus piezas algunas de las cuales han sufrido roturas quizás irreparables. Una auténtica barbarie. Una furia iconoclástica propia de talibanes: los talibanes del indigenismo.
Porque de eso se trata y es necesario hablar sin eufemismos. Aquí no hay ninguna razón urbanística que justifique, ni de lejos, el traslado del monumento ni queda claro para nada que exista una real intención de trasladarlo. Tampoco se ve la necesidad de reparar el grupo escultórico ni se ha dado, hasta ahora, muestra alguna de que se lo vaya a reparar. No. Lo único claro y por demás evidente es que se trata de una ofensiva -hasta ahora la más audaz- de la ideología indigenista que el Gobierno ha hecho suya como que la promueve, la difunde por todos los medios, la impone en los planes de enseñanza pública y, ahora, estalla en esta iconoclastia entre pueril y perversa.
Dicho esto hay que añadir enseguida que el indigenismo es una ideología radicalmente anticatólica y antiespañola sostenida en una patraña histórica de larga data y siempre renovada: la leyenda negra. Es una mentira y por lo mismo tiene algo (o mucho) de diabólico; y lo afirmo sin ruborizarme y exponiéndome, a sabiendas, a las burlas de propios y extraños: ¿hemos o no hemos de creer al Señor cuando dice que el demonio es mentiroso y padre de la mentira (Juan 4, 44)?
