
Un Papa argentino: mamma mia (II)
Alberto Buela
En Fratelli tutti el Papa no habla como tal ni a los católicos en particular sino que lo hace como un “operador o agente político” a la progresía mundialista.
Su propuesta es la de un idealismo mundialista infantil en donde se destaca la insustancialidad de su mensaje mechado por frases hechas de la ilustración francesa como igualdad, libertad y fraternidad.
Es, claramente, un mensaje no católico sino más bien globalista ilustrado con frases del Evangelio tomadas ad hoc.
Cuando Francisco asumió, nosotros que lo conocemos “de naranjo” como gustaba decir Perón, escribimos: un Papa argentino: mamma mia. En donde afirmábamos que como nadie puede dar lo que no tiene, Francisco que es más un “rosquero político” que un teólogo solo va a hacer política y no teología católica. Está incapacitado para recuperar la sacralidad perdida de la Iglesia. Es que él mismo forma parte de la gigantesca desacralización, que viene del Vaticano I y se continuó con el II.