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martes, 19 de septiembre de 2017

Dirección equivocada que debe ser corregida

Cardenal Müller: en el Vaticano de Francisco el poder es más importante que la verdad


Publicamos esta noticia de los amigos alemanes de GloriaTV con un Müller sin pelos en la lengua.


[es.news] El ex prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Gerhard Ludwig Müller, criticó que en el Vaticano del papa Francisco el poder es más importante que la verdad: “hoy, la diplomacia y las cuestiones de poder tienen prioridad [en el Vaticano]”.

Durante una presentación de su libro “Der Papst - Sendung und Auftrag” (El Papa - Misión y Tarea) en una exhibición sobre el papado en el Museo Reiss-Engelhorn, en Mannheim (Alemania), Müller llamó a esto una “dirección equivocada que debe ser corregida”.

Mientras que en el Vaticano de Francisco la Secretaría de Estado se ha convertido en el centro de poder más importante, la teología, la búsqueda de la verdad, se ha convertido en algo secundario. Pero “las cosas siempre han ido mal en la Iglesia cuando la Iglesia va detrás del poder”.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Francisco no sabe si luterana puede comulgar en misa católica

Incompetencia
(a confesión de parte, relevo de pruebas)
Augusto Padilla


Tomado del Blog amigo “Catapulta


“Ciudad del Vaticano, 16 de noviembre de 2015 (Vatican Information Service).- Ayer tarde el Santo Padre encontró a la comunidad evangélica luterana de Roma en la Christuskirche, donde fue acogido calurosamente por el Pastor Jens-Martin Kruse, que en su discurso de bienvenida recordó también las visitas a la misma iglesia de san Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Después Francisco respondió a las preguntas de tres miembros de la comunidad, un niño y dos mujeres…

La segunda pregunta fue la de una mujer luterana casada con un católico que lamentaba que no podían participar juntos en la Cena del Señor. 

No es fácil para mí responderle -afirmó el Papa- … Pienso en lo que el Señor nos dijo cuando nos dio este mandato: «Haced esto en memoria mía»… Sí, habrá una Cena del Señor, habrá un banquete final en la Nueva Jerusalén, al final. Pero a lo largo del camino me pregunto, y no sé cómo responder: ¿Compartir la Cena del Señor es el fin de un camino o es el viático para caminar juntos? Dejo la pregunta a los teólogos que son los que entienden. Es verdad que, en cierto sentido, compartir es decir que no hay diferencias entre nosotros, que tenemos la misma doctrina… pero ¿no tenemos el mismo Bautismo? Y si tenemos el mismo Bautismo tenemos que caminar juntos… Cuando rezáis juntos, ese Bautismo crece, se fortalece, cuando enseñáis a vuestros hijos quien es Jesús hacéis lo mismo… sea en lengua luterana que en lengua católica, pero es lo mismo. La pregunta es: ¿Y la Cena? Hay algunas preguntas a las que si uno es sincero consigo mismo y con las pocas «luces» teológicas que tengo, hay que responder lo mismo, mirad vosotros. ”Este es mi Cuerpo, esta es mi sangre”, dijo el Señor. «Haced esto en memoria mía», y esto es un viático que nos ayuda a caminar… A su pregunta respondo con otra pregunta: ¿Qué puedo hacer con mi marido para que la Cena del Señor me acompañe en el camino? Es un problema al que debe responder cada uno. Pero un Pastor amigo mío me decía: «Creemos que el Señor está presente allí… Vosotros creéis que el Señor está presente. ¿Y cuál es la diferencia?». «Eh, hay explicaciones, interpretaciones…». La vida es más grande que las explicaciones y que las interpretaciones. Referidos siempre al Bautismo: «Una fe, un bautismo, un Señor», así dice san Pablo y, de ahí sacad las consecuencias. Yo no osaré nunca dar permiso para hacer esto porque no es de mi competencia. Un Bautismo, un Señor, una fe. Hablad con el Señor y seguid adelante. No oso decir más”.

[Tomado de la Oficina de Prensa de la Santa Sede: http://visnews-es.blogspot.com.ar/2015/11/francisco-visita-la-comunidad.html]


Hago mío el comentario de Yves Daodal, quien al referirse al asunto de la luterana le puso el título de “Incompetencia”:

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Chantae Gaudium ¿Es absurdo ser católico?

Chantae Gaudium 
¿Es absurdo ser católico?


Varios y serios cuestionamientos de Paco Pepe ante la audiencia del miércoles pasado. Las palabras del Papa.


Es absurdo ser católico
Francisco José Fernández de la Cigoña

Si todos vamos a ir al cielo, todos, sin excepción, es absurdo ser católico. Incluso buena persona. A vivir, que son tres días, y adiós fidelidad matrimonial, honradez profesional, caridad con los pobres, buen trato a los obreros por parte del patrón, preocupación por el Tercer Mundo, sexo a tope incluso con niños, cumplimiento de las obligaciones, no matar, no mentir, no robar... Ya no digamos ir a misa, sostener a la Iglesia en sus necesidades, meterse cura o monja, respetar a un señor vestido de blanco a quien se le da un absurdo protagonismo, bautizarse, comulgar...

Nada tendría el menor sentido. Si todos iremos al cielo, ancha es Castilla. Pero, además, ¿existe el cielo?

Son conclusiones lógicas de algunas afirmaciones que hoy circulan. Y que me parecen suicidas. ¿Quieren cerrar el chiringuito? Porque chiringuito es algo que no sirve para nada salvo para que te saquen dinero y algunos vivan bien a costa de ello.

Menuda estafa a los curas y monjas a quienes han engañado con eso. Y a los laicos a los que nos han impuesto unos mandamientos que no sirven para nada. Porque es igual que los cumplas o no.

¿Se darán cuenta de una puñetera vez que así no pueden seguir? Porque entre otras razones no va a seguirles nadie.

Y ahora a meter la pasta en el tubo de dientes. Otra vez. ¿Y ya van...?






*   *   *


¿Qué dijo exactamente el Papa?


Papa Francisco dijo en su Catequesis del 26 de Noviembre del 2014:

viernes, 1 de febrero de 2013

El Jesuita que niega la realidad del Infierno y del Demonio y forma a los Seminaristas de Barcelona

El Jesuita que niega la realidad del Infierno y del Demonio y forma a los Seminaristas de Barcelona
Severinus Parvus


Un ejemplo de España que guarda mucha similitud con lo que sucede en los Ámbitos Académicos de Argentina, incluidos los Pontificios


HECHOS
  
Se trata de poner en conocimiento y poner en alerta sobre un hecho en el que participó el P. Josep Giménez Melià, SJ, como conferenciante sobre el tema de la escatología, efectuada el día 20 de diciembre de 2012, a las ocho de la tarde, en una sala de conferencias del convento de Pompeya, de los PP. Capuchinos en Barcelona.

Opino que los hechos pueden ser dados a conocer por las siguientes razones:

1. La gravedad de las afirmaciones: negó la realidad del infierno y del demonio como verdades divinamente reveladas.

2. Sus afirmaciones se dieron en acto público: en una sala de conferencias de la calle Riera de Sant Miquel, 1 bis (convento de los Capuchinos de Pompeya, Barcelona), abierta al público y con acceso gratuito y con previa convocatoria y programa públicos.

3. El conferenciante es jesuita y es doctor en teología, profesor de la Facultad de Teología de Cataluña, del Instituto de Teología Fundamental y del Instituto Superior de Ciencias Religiosas de Barcelona. Colabora como profesor visitante en la Universidad Centroamericana de El Salvador (UCA), y es director de la revista Selecciones de Teología y miembro del área teológica de Cristianismo y Justicia.

4. El contenido de la conferencia se encuentra completamente desarrollada en LES PREGUNTES QUE PORTEM DINS.

jueves, 24 de enero de 2013

La verdad usurpada del cardenal Daniélou muerto en 1974

La verdad usurpada del cardenal Daniélou muerto en 1974
Un gran teólogo injustamente mancillado


Pablo VI veía en él un baluarte de la interpretación ortodoxa del Concilio Vaticano II. Los progresistas no se lo perdonaban y aprovecharon la ocasión.


ReL, 20 enero 2013.- El cardenal Jean Daniélou (1905-1974) es una de las figuras eclesiásticas más relevantes de la segunda mitad del siglo XX. Su padre, Charles Daniélou (1878-1953), político anticlerical, tras evolucionar de un pasado conservador, fue varias veces ministro de la masonizante Tercera República Francesa, así que fue todo un shock que su hijo, tras estudiar en la Sorbona, decidiese ingresar en la Compañía de Jesús, lo cual sucedió en 1929.

Tras los duros estudios jesuitas, que en su caso incluyeron una formación en la Patrística de la mano de Henri de Lubac (1896-1991), se ordenó sacerdote en 1938. Sirvió en el ejército del Aire antes de la derrota francesa ante Hitler, cuando fue desmovilizado y se inició propiamente su brillante trayectoria intelectual y eclesiástica. 

Terminó su tesis doctoral en 1942, en 1944 fue nombrado profesor de Historia Antigua de la Iglesia en el Instituto Católico de París y comenzó una brillante producción como estudioso de la liturgia y la espiritualidad, que le llevaron a ser nombrado por Juan XXIII perito en el Concilio Vaticano II.

A su conclusión, el aprecio de Pablo VI no pudo demostrase más: el 19 de abril de 1969 fue consagrado obispo, y el 28 de abril le nombró cardenal, en una muestra inequívoca de que para el Papa Gianbattista Montini la posición teológica de Daniélou se identificaba con la que él quería para la Iglesia en el tiempo postconciliar: una apuesta por los cambios sin alejarse de la ortodoxia doctrinal de la cual el nuevo purpurado había dado pruebas, separándose de antiguos amigos progresistas en forma no muy distinta a como lo había hecho también otro célebre teólogo, también perito conciliar, que sería nombrado obispo en 1977: Joseph Ratzinger.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Card. Koch: “El motu proprio es sólo el comienzo de este nuevo movimiento litúrgico”

Card. Koch: “El motu proprio es sólo el comienzo de este nuevo movimiento litúrgico”


Presentamos nuestra traducción de la relación del Cardenal Kurt Koch en el congreso sobre el motu proprio Summorum Pontificum que se ha celebrado en los pasados días en Roma.


“La reforma de la liturgia no puede ser una revolución. Ella debe intentar tomar el verdadero sentido y la estructura fundamental de los ritos transmitidos por la tradición y, valorizando prudentemente lo que está ya presente, los debe desarrollar ulteriormente de manera orgánica, yendo al encuentro de las exigencias pastorales de una liturgia vital”. Con estas iluminadas palabras, el gran liturgista Josef Andreas Jungmann comentó el artículo 23 de la constitución sobre la sagrada liturgia del concilio Vaticano II, donde son indicados los ideales que “deben servir de criterio para toda reforma litúrgica” y de los que Jungmann dijo: “Son los mismos que han sido seguidos por todos aquellos que con perspicacia han pedido la renovación litúrgica”. Diversamente, el liturgista Emil Lengeling ha afirmado que la constitución del concilio Vaticano II marcó “el fin del medioevo en la liturgia” y llevó a cabo una revolución copernicana en la comprensión y en la praxis litúrgica.

He aquí mencionados los dos polos interpretativas opuestos, que constituyen el punto crucial de la controversia desarrollada en torno a la liturgia después del concilio Vaticano II: ¿la reforma litúrgica postconciliar debe ser tomada a la letra y entendida como “re-forma” en el sentido de una restauración de la forma originaria y, luego, como una ulterior fase dentro de un desarrollo orgánico de la liturgia, o bien esta reforma debe ser leída como una ruptura con la entera tradición de la liturgia católica e incluso la ruptura más evidente que el Concilio haya realizado, es decir, como la creación de una nueva forma?. El hecho de que los padres conciliares entendieran la reforma sólo en el sentido de la primera afirmación ha sido profundamente mostrado sobre todo por Alcuin Reid. Sin embargo, en amplios círculos dentro de la Iglesia católica se ha impuesto cada vez más la segunda interpretación, que ve en la reforma litúrgica una ruptura radical con la tradición e intenta incluso promoverla. Este desarrollo condujo, en la comprensión y en la praxis litúrgica, a nuevos dualismos.

Es cierto que el motu proprio podrá hacer realizar pasos adelante en el ecumenismo sólo si las dos formas del único rito romano en él mencionadas, es decir, la ordinaria de 1970 y la extraordinaria de 1962, no sean consideradas como una antítesis sino como un mutuo enriquecimiento. Ya que el problema ecuménico se encuentra en esta fundamental cuestión hermenéutica.

Un primer dualismo afirma que antes del Concilio la Santa Misa era entendida sobre todo como sacrificio y que después del Concilio ha sido redescubierta como cena común. En el pasado se ha hablado naturalmente de la Eucaristía como de un “sacrificio de la misa”. Hoy, sin embargo, este aspecto no sólo es menos conocido sino que ha sido incluso dejado de lado o sencillamente olvidado. Ninguna dimensión del misterio eucarístico se ha vuelto tan discutida después del concilio Vaticano II como la definición de la Eucaristía como sacrificio, sea como sacrificio de Jesucristo, sea como sacrifico de la Iglesia, al punto de que existe el peligro de que un contenido fundamental de la fe eucarística católica pueda terminar completamente en el olvido. Contra tal dualismo, el Catecismo de la Iglesia Católica mantiene unido lo que es inseparable: “La misa es, a la vez e inseparablemente, el memorial sacrificial en que se perpetúa el sacrificio de la cruz, y el banquete sagrado de la comunión en el Cuerpo y la Sangre del Señor”.

Un ulterior dualismo en torno al cual tiende a polarizarse la visión de una liturgia preconciliar y de una liturgia postconciliar sostiene que, antes del Concilio, era sólo el sacerdote el sujeto de la liturgia mientras que, después del Concilio, la asamblea ha sido elevada al rol de honor de sujeto de la celebración litúrgica. Ciertamente, es indiscutible que, en el curso de la historia, el rol originario de todos los fieles como co-sujetos de la liturgia ha ido poco a poco menguando y que el oficio divino comunitario de la Iglesia primitiva, en el sentido de una liturgia que veía partícipe a toda la comunidad, ha asumido cada vez más el carácter de una misa privada del clero. La existencia de una continuidad de fondo entre la antigua liturgia y la reforma litúrgica puesta en marcha por el concilio Vaticano II brilla por la visión amplia y profundizada por la constitución litúrgica, según la cual el culto público integral es ejercido “por el cuerpo místico de Jesucristo, es decir, por la cabeza y por sus miembros” y toda celebración litúrgica debe ser considerada, por tanto, como “obra de Cristo sacerdote y de su cuerpo, que es la Iglesia”. El Catecismo agrega luego: “algunos fieles son ordenados mediante el sacramento del Orden para representar a Cristo como Cabeza del Cuerpo”.


domingo, 13 de marzo de 2011

Unos 600 anglicanos inician camino a Iglesia Católica en Inglaterra

Unos 600 anglicanos inician camino a Iglesia Católica en Inglaterra


LONDRES, 10 Mar. 11 (ACI/EWTN Noticias).- Unos 600 anglicanos acompañados de 20 pastores anglicanos han iniciado este Miércoles de Ceniza su camino hacia la plena comunión con la Iglesia a través del Ordinariato Católico Nuestra Señora de Walsingham establecido por el Papa Benedicto XVI en Inglaterra.

Este grupo se suma a cinco ex obispos anglicanos que ya hacen parte del ordinariato.

La agencia AP informa que uno de los 20 sacerdotes que conforma el grupo es David Lashbrook, quien en su sermón de despedida en St. Marychurch en Torquay en el sureste de Inglaterra, señaló que el sínodo general anglicano "está tratando de hacer que la iglesia se conforme a la cultura en vez de ser fiel a la nueva vida en Jesucristo".

jueves, 24 de febrero de 2011

La Cuestión Social según San Pío X

La Cuestión Social según San Pío X


“Vosotros, Venerables Hermanos, proseguid activamente la obra del Salvador de los hombres con la imitación de su mansedumbre y de su energía. Inclinaos a todas las miserias, ningún dolor escape a vuestra solicitud pastoral, ninguna queja os halle indiferentes. Pero predicad también denodadamente a grandes y pequeños sus deberes; a vosotros toca formar la conciencia del pueblo y de los poderes públicos. La cuestión social estará muy cerca de su solución cuando unos y otros, menos exigentes de sus derechos, cumplan exactamente sus deberes.

Además, como en el conflicto de intereses, y especialmente en la lucha con las fuerzas de los malos, ni la virtud ni aun la santidad bastan siempre para asegurar al hombre el pan de cada día, y como el rodaje social debe ordenarse de suerte que con su juego natural paralice los esfuerzos de los malvados y haga asequible a todos los hombres de buena voluntad su parte legítima de felicidad terrena, ardientemente deseamos que a este fin os intereséis activamente en la organización de la sociedad. Con este fin, en tanto que vuestros sacerdotes se entregaran con celo a la santificación de las almas, a la defensa de la Iglesia y a las obras de caridad propiamente dichas, escogeréis algunos de ellos activos y de espíritu poderoso, provistos de los grados de doctores en filosofía y teología, perfectamente instruidos en la historia de la civilización antigua y moderna, y los dedicaréis a los estudios menos elevados y mas prácticos de la ciencia social para ponerlos, en tiempo oportuno, al frente de las obras de acción católica.


miércoles, 15 de septiembre de 2010

Comunicado del Obispado sobre el Dr. Ariel Álvarez Valdez

Comunicado del Obispado sobre el Dr. Ariel Álvarez Valdez


“Los fieles católicos obrarán con prudencia si se abstienen de concurrir a sus clases, conferencias y cursos, así como también de leer y difundir sus obras”


Santiago del Estero, 15 Set. 10 (AICA).- La oficina de prensa del Obispado de Santiago del Estero hizo público un comunicado, firmado por mandato del obispo diocesano por el canciller, presbítero Julián María Cueva, en el que se advierte a los fieles que está “en vigencia el retiro de la misión canónica al Dr. Ariel Álvarez Valdez”, por lo cual éste “carece de la necesaria autorización para enseñar materias vinculadas con la doctrina católica”, entre las que se cuentan “las Sagradas Escrituras y las disciplinas teológicas”.


El texto del comunicado es el siguiente:

“Con relación a consultas efectuadas a este Obispado comunicamos a todos los fieles la vigencia del retiro de la misión canónica al Dr. Ariel Álvarez Valdez (h) en virtud de la cual carece de la necesaria autorización que todo fiel católico, sea laico, sacerdote o religioso requiere para enseñar materias vinculadas con la doctrina católica.

Newman, Converso y Teólogo de la Tradición

Newman, Converso y Teólogo de la Tradición
Entrevista a José Morales


Con motivo de la próxima beatificación de John Henry Newman por parte de Benedicto XVI, primeroscristianos.com ha entrevistado a José Morales, teólogo experto en la figura del Cardenal.


- El Cardenal Newman se convirtió al catolicismo tras un estudio riguroso y detallado de la enseñanza de los Padres de la Iglesia, así como de las primeras comunidades cristianas. ¿Qué fue lo que descubrió en ellos que le hizo decidirse a dar este paso?

-La atención prestada por Newman a la Iglesia antigua se centró sobre todo en la doctrina apostólica y su desarrollo en los Padres de los siglos tercero y cuarto. Había estudiado atentamente los Concilios de los primeros siglos y la consiguiente fijación de la doctrina trinitaria y cristológica.

Conocía muy bien las posiciones de Padres como San Atanasio de Alejandría sobre la divinidad y la humanidad de Jesucristo, y declaró en una ocasión que se había hecho católico, entre otros motivos, porque si San Atanasio fuera a Oxford, estaba seguro de que iría al culto a un templo católico.

Los primeros cristianos y su vida de piedad o actividad en el mundo eran considerados por Newman como testigos del Evangelio. No suele hacer comentarios directos sobre ellos, pero se encuentran sin duda en el horizonte de su visión de la Iglesia como formada por hombres que detentan un ministerio por llamada divina y el pueblo cristiano que representa ostensiblemente la Iglesia en el mundo y en la vida de los pueblos.


miércoles, 28 de julio de 2010

La ideología para-conciliar y sus consecuencias en la Iglesia - Mons. Guido Pozzo

La ideología para-conciliar y sus consecuencias en la Iglesia
Mons. Guido Pozzo


Monseñor Guido Pozzo, secretario de la Pontificia Comisión “Ecclesia Dei”, ofreció recientemente una conferencia para la Fraternidad de San Pedro sobre “aspectos de la eclesiología católica en la recepción del Concilio Vaticano II”. Presentamos la parte conclusiva de dicha conferencia, particularmente interesante dado que Mons. Pozzo se refiere a un asunto de gran actualidad en la vida de la Iglesia: el de la interpretación del Concilio Vaticano II en continuidad con la Tradición doctrinal católica (un tema que está incluido entre aquellos que la Fraternidad de San Pío X tratará con la Santa Sede en las actuales conversaciones doctrinales). Con gran claridad y lucidez, Mons. Pozzo denuncia la existencia y las consecuencias de lo que él llama “ideología para-conciliar”.


¿Qué es lo que está en el origen de la interpretación de la continuidad o de la ruptura con la Tradición?

Está lo que podemos llamar la ideología conciliar o, más exactamente, para-conciliar, que se ha apoderado del Concilio desde el principio, poniéndose sobre él. Con esta expresión no se entiende algo que concierne a los textos del Concilio, ni mucho menos a la intención de los sujetos, sino el marco de interpretación global en que el Concilio fue colocado y que actuó como una especie de condicionamiento interior en la lectura sucesiva de los hechos y de los documentos. El Concilio no es, de hecho, la ideología para-conciliar, pero en la historia de los acontecimientos de la Iglesia y de los medios masivos de comunicación ha obrado en gran medida la mistificación del Concilio, es decir, la ideología para-conciliar. Para que todas las consecuencias de la ideología para-conciliar fueran manifestadas como evento histórico, se debió verificar la revolución del ’68, que asume como principio la ruptura con el pasado y el cambio radical de la historia. En la ideología para-conciliar el ’68 significa una nueva figura de Iglesia en ruptura con el pasado, aún si las raíces de esta ruptura estaban presentes ya desde hace algún tiempo en ciertos ambientes católicos.

Este marco de interpretación global, que se superpuso en modo extrínseco al Concilio, se puede caracterizar principalmente por estos tres factores:

miércoles, 27 de enero de 2010

“Teologías deicidas” de Horacio Bojorge - Alfredo Sáenz

“Teologías deicidas” de Horacio Bojorge
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ


Felicitamos al querido P. Bojorge por esta magnífica obra (“Teologías deicidas”, R. P. Horacio Bojorge, S.J., Ediciones Encuentro, Madrid, 2000), donde la profundidad del pensamiento se une con la belleza de la expresión, así como la lucidez de su inteligencia se desposa con el coraje de su corazón sacerdotal. Este libro está en el mismo nivel de sus dos espléndidas obras anteriores sobre la acedia. Su autor sigue ejerciendo el doble oficio que, según Santo Tomás, compete al sabio, exponer la verdad y reprobar el error. Creemos que para todos los que se interesan en los grandes temas de nuestro tiempo, en especial los atinentes a la crisis de la Iglesia, este libro es de lectura obligada.

Juan Luis Segundo es un jesuita uruguayo que murió hace cinco años (1996), cuyo pensamiento ha suscitado la admiración de amplios sectores del catolicismo hispanoamericano y europeo. El P. Bojorge lo analiza en el presente libro con singular agudeza. Si bien él es también, como Segundo, miembro de la Compañía de Jesús, entiende que el amor a la Orden no lo exime de llevar a cabo una crítica incisiva. Primero es la verdad. Bojorge se empeñará en mostrar cómo el pensamiento de Segundo se inscribe dentro de la gran corriente del naturalismo moderno. Los aplausos que recibe el teólogo uruguayo se deben a que representa de manera acabada el pensamiento de la modernidad acerca de la fe y de la Iglesia. “A lo largo de este informe se podrá ver que el perfil del pensamiento de Juan Luis Segundo es el de los pensadores gnósticos y modernistas” (p. 15). En él confluyen elementos del naturalismo, el modernismo, el existencialismo, la teología de la muerte de Dios, la teología progresista, la teología de la liberación. Segundo ha sabido hacer una brillante síntesis de todas estas corrientes. Bojorge nos ofrecerá en este libro, si bien de paso, un utilísimo análisis de tales tendencias, cuyo conjunto pareciera implicar una resurrección del viejo gnosticismo.

Señala el autor el estilo sinuoso y resbaladizo de Segundo. Aquí parece afirmar algo, luego establece distingos o matices sobre lo que acaba de afirmar; sugiere sin decir, lo que hace difícil conocer su pensamiento real. Es el estilo que San Pío X atribuía a los modernistas: “No proponer con orden metódico sus doctrinas ni formando un todo, sino esparcidas y separadas entre sí, para que se los tenga por indecisos, cuando por el contrario son muy firmes”. Lo que pasa es que, como dice Bojorge, a Segundo “lo ponen nervioso las certezas de la revelación y de la fe”. Como si el tener certezas fuese signo de cuadriculatura mental, y el alentar dudas, señal de profundidad.

Destaca el autor los errores de Segundo en lo que toca a los conceptos de Revelación y de teología. En cuanto a la Revelación, pareciera correr siempre el peligro de verla desde la inmanencia, confundiendo teología con antropología. Un peligro semejante se advierte en su concepto de teología. Como se sabe, la teología es una ciencia que toma sus principios de la revelación, principios que deben ser aceptados por la fe. Santo Tomás nos lo expresa de manera admirable: “La doctrina sagrada es ciencia, porque procede de principios que nos son conocidos por medio de la luz de una ciencia superior que es la de Dios y de los bienaventurados...; así como la música cree los principios de la aritmética, la doctrina sagrada cree los principios revelados por Dios” (Sum. Theol. I, 1, 2, c). Más adelante prosigue diciendo que la teología no toma sus principios “de las otras ciencias como superiores; sino que se sirve de ellas como inferiores y siervas, del modo como los arquitectos se sirven de las auxiliares; y si se hace tal uso de ellas, no es por defecto ni por incapacidad, sino solamente por la fragilidad de nuestro entendimiento, que, de las cosas que se conocen por la razón natural, de la cual proceden las otras ciencias, es levantado más fácilmente a las cosas superiores, que son el objeto de esta ciencia” (I, 1, 5, ad 2). Como su nombre lo indica, la teología tiene a Dios por tema central: “No se ocupa por igual de Dios y de las creaturas. Se ocupa de Dios principalmente; y de las creaturas en cuanto se relacionan con Dios, como con su principio o fin” (I, 1, 3, ad 1). La fe es el punto de partida y de llegada de la teología, es el ambiente en que se baña, su habitus operativo.

Totalmente diverso es el punto de vista de Segundo. Según él, no hay que convencerse primero de las verdades que nos trasmite la fe tradicional, ya que lo que realmente es incuestionable e indiscutido son “los criterios del mundo moderno”, como él mismo lo dice. De ahí que se oponga al “fijismo dogmático” que caracteriza a la teología tradicional. El Magisterio es el principal responsable de este inmovilismo del pensamiento católico. Todo lo que diga el Magisterio y el común sentir del pueblo católico deberá ser pasado por la criba de su adaptación a la modernidad. El “dogma” al que se adhiere Segundo es el que libera de lo que no es moderno. Un eximio ejemplo de la tesitura esclavizante del Magisterio lo encuentra en el Syllabus, donde queda bien clara la “condenación que la Iglesia hace, sin talante dialogal alguno, de todas y cada una de las tentativas humanistas de la época”. Nada le hubiera gustado, por cierto, la reciente decisión de Juan Pablo II de beatificar a Pío IX, heroico testigo de la fe, frente a los errores del mundo moderno, aún a costa de enfrentarse con el antagonismo mancomunado de los poderes masónicos de la época.

Bojorge va analizando los errores de Segundo, a partir de los conceptos que sustenta acerca de la Revelación, la fe y la teología. El teólogo uruguayo muestra un interés excesivo por la salvación intramundana, sin que parezca entusiasmarle demasiado la salvación trascendente. La raíz de esta idea la encuentra en el monismo. Para él, la teología católica tradicional es “dualista”. Lo que ahora se impone es acabar con las famosas distinciones entre profano-sagrado, natural-sobrenatural; historia humana – historia de la salvación, tiempo-eternidad. De ahí que aunque su teología política se formule como “teología de la esperanza”, dicha esperanza no tiene ya por objeto la vida eterna sino la transformación de la sociedad desde sus propias entrañas, una suerte de autorredención.

En estricta dependencia de lo anterior emerge otro error de Segundo: el historicismo, o la fe en la historia. A su juicio, la proclamación de los dogmas no ha sido sino un intento de frenar la historia, un remedio excogitado contra la “aceleración de la historia”. Segundo no se interesa tanto por el ser –natural y sobrenatural- y lo verdadero, sino por el acto y lo actual. Sólo los que acatan el curso de la historia son hombres “históricos”, no los que por motivos “superiores” buscan “frenar” un proceso, aduciendo que conduce a la ruina. Sólo es libre el que se suma al proyecto universal; no el que procura enfrentarlo, viéndose tachado por ello de “restaurador” o “restauracionista”. De ahí que a Segundo le parezca ridículo llamar “filosofía perenne” a la filosofía medieval de Santo Tomás, “título harto significativo de una tentativa para detener la historia”. Hablar del “depósito” de la fe es para él una actitud fundamentalista.

Quizás sea éste uno de los puntos más controvertibles del P. Segundo, deudor, en el fondo, del espíritu gnóstico. Porque, como escribe Bojorge, “la gnosis se presenta hoy como estando al servicio de un cierto intento de manipular la fe cristiana con fines intrahistóricos, pragmáticos, políticos”. La fe, en lugar de ponerse de rodillas ante Dios, se pone de rodillas ante la historia; la fe debe justificarse ante el mundo de hoy, en lugar de que el mundo de hoy se justifique ante el Dios eterno de la fe. Es un principio importante en él, “la necesidad de justificar la fe y sus contenidos ante la mentalidad moderna”. En la visión de Segundo, cuando Dios se revela no busca comunicar una verdad que sea aceptada por todos, sino para que sea puesta al servicio de la solución de los problemas históricos. No una verdad que deba ser contemplada, sino una verdad fáctica, hacedora de historia.

Si nuestro teólogo se irrita ante la concepción tradicional de la teología como reina de la filosofía y de las otras ciencias, él intenta lo contrario, convirtiendo, no ya a la teología, sino a la misma fe, en servidora de la Historia, fides ancilla historiae. Se encubre aquí una idea típicamente modernista; la revelación no es algo que viene de lo alto, sino algo que brota del hombre, de la historia del hombre, de su inmanencia vital. Bojorge llega a decir que Segundo parecería aceptar una especie de “fe en la revelación histórica”, que brota de la historia y se pone al servicio de la historia, relativizando toda intervención histórica de Dios. Y así quiere “someter la fe, la Iglesia, el dogma, Dios, unciéndolo al carro de la Historia” (p. 231). Para Segundo, lo que no interesa a la historia es superfluo. Pone el ejemplo del dogma de la Inmaculada Concepción, “una fórmula dogmática vinculada sólo al plano religioso; cuesta ver que tenga relación con alguna liberación humana”. Hay que seleccionar las verdades según los intereses de hoy. ¿Con qué principios de discernimiento se hará tal selección?. Un principio extrateológico, que parte del mundo moderno, una suerte de “revelación inmanente”.

Por lo demás, no deja de ser grave esta sumisión de lo trascendente a su eficacia en lo inmanente. El culto a la eficacia, sobre la contemplación, parece suponer que no es el hombre quien se pone de rodillas delante de Dios, sino Dios delante de los hombres. Dios pasa a ser un instrumento para la promoción del hombre, lo que, por otro lado, como bien señala Bojorge, resulta paradójico cuando a la vez “el secularismo se opone celosamente a que la fe católica rija la política y arroja permanentemente sobre ella la sospecha de esconder aspiraciones totalitarias” (p. 230). Resultan reveladoras a este propósito las tergiversaciones de los textos que a veces encontramos en Segundo, en algunos casos por omisión, como cuando traduce la magnífica expresión de San Ireneo “la gloria de Dios es el hombre que vive”, pero no añadiendo lo que el Santo agrega, “la vida del hombre es ver a Dios”.

Por cierto que, afirma Bojorge, al oponerse la Iglesia a una teología que sólo busca la “eficacia”, no pretende en modo alguno ignorar la influencia real que debe tener la doctrina católica en el campo temporal. Ello y no otra cosa es la Cristiandad: la impregnación evangélica del tejido social. Pero no es esto último lo que busca Segundo, como se ve cuando contrapone el culto de Dios con la justicia social, cual si aquél fuera algo alienante. Dios vino a nosotros para traer el cristianismo, el Evangelio y el culto, pero también la Cristiandad. Un verdadero cristiano tiende a “hacer Cristiandad”. Claro que teniendo siempre en cuenta que lo primero es la glorificación de Dios; lo segundo, el orden temporal cristianizado, es la añadidura, el resto, según el lenguaje de Cristo.

Coherentemente con su idea de la reducción del catolicismo a la historia, a lo que pide “el hombre de hoy”, a su eficacia, en los escritos de los años 60 y 70 optó Segundo por el marxismo, que en aquellos momentos parecía la expresión más radical del “mundo moderno”, en desafío a la enseñanza del magisterio. Pero fue una actitud de gabinete, ya que existencialmente se sentía muy lejos de los pobres concretos. Su público predileccionado fueron siempre los burgueses. Él mismo así lo reconoce. Sea lo que fuere, el marxista estaba en el oleaje de la historia, y por ende los marxistas eran “cristianos anónimos”, cristianos aunque no lo supieran, aunque repudiasen el cristianismo y lo combatiesen. Por eso los principales dardos de Segundo se dirigen, no a los enemigos de la Iglesia, sino a los católicos que se resisten a captar “el sentido de la historia”. Se muestra tan intolerante con el creyente, a quien no le ahorra ironías o frases ofensivas, como simpático con el “hombre de hoy”, por el que entiende preferentemente el ateo o el creyente en crisis de fe. Todas sus “sospechas” y sus acusaciones no van hacia el mundo incrédulo, sino sólo hacia la Iglesia, su fe, su culto, hacia los creyentes, hacia toda teología que no sea la de la liberación. Para el autor, el estilo zumbón e irónico de Segundo es el ejemplo típico de las burlas nacidas de la acedia.

Acertadamente trae Bojorge a colación una cita de Augusto del Noce: “Resignados a una era poscristiana producen una teología eutanásica...; estos discursos de los teólogos parecen no tener ya más utilidad que mantener la importancia de los teólogos en un mundo en que ya nadie cree en Dios”.

Antes de integrar las filas de estos pseudoteólogos preferimos estar con los sencillos de corazón, con los fieles que forman el pueblo cristiano, gente de fe. Bien decía San Hilario que muchas veces los oídos de los fieles son más católicos que los labios de los pastores y de los teólogos. Tienen el instinto de la fe, del que parecieran haber perdido hasta la noticia estos teólogos de salón. Como afirma Bojorge, “lo que la racionalidad ilustrada no alcanza a ver, lo ve la sabiduría de los fieles comunes” (p. 343).





P. Alfredo Sáenz



Fuente: Revista Gladius 19 (2001) 52, pp. 198-201.





domingo, 6 de diciembre de 2009

Homilía para los miembros de la Comisión Teológica Internacional - Benedicto XVI

Homilía para los miembros de la Comisión Teológica Internacional
Benedicto XVI
Capilla Paulina, martes 1º de diciembre de 2009


Queridos hermanos y hermanas,

Las palabras del Señor, que hemos escuchado en el pasaje evangélico, son un desafío para nosotros, los teólogos, o tal vez, para decirlo mejor, una invitación a un examen de conciencia: ¿Qué es la teología? ¿Qué somos nosotros, los teólogos? ¿Cómo hacer verdadera teología? Hemos escuchado que el Señor alaba al Padre porque ha ocultado el gran misterio del Hijo, el misterio trinitario, el misterio cristológico, a los sabios y a los doctos – ellos no lo han conocido – y lo ha revelado a los pequeños, a los nèpioi, a aquellos que no son doctos, que no tienen una gran cultura. A ellos se les ha revelado este gran misterio.

Con estas palabras, el Señor describe sencillamente un hecho de su vida; un hecho que comienza ya en los tiempos de su nacimiento, cuando los Magos de Oriente preguntan a los competentes, a los escribas, a los exegetas, el lugar del nacimiento del Salvador, del Rey de Israel. Los escribas lo saben porque son grandes especialistas; pueden decir enseguida dónde nace el Mesías: ¡en Belén! Pero no se sienten invitados a ir: para ellos, sigue siendo un conocimiento académico que no toca su vida, quedan fuera. Pueden dar información pero la información no se convierte en formación para la propia vida.

Luego, durante toda la vida pública del Señor, encontramos lo mismo. Es inaccesible para los doctos comprender que este hombre no docto, galileo, pueda ser realmente el Hijo de Dios. Sigue siendo inaceptable para ellos que Dios, el grande, el único, el Dios del cielo y de la tierra, pueda estar presente en este hombre. Conocen todo, conocen también Isaías 53, todas las grandes profecías, pero el misterio permanece escondido. Es revelado, en cambio, a los pequeños, desde la Virgen hasta los pescadores del lago de Galilea. Ellos conocen, como también el centurión romano conoce bajo la cruz: éste es el Hijo de Dios.

Los hechos esenciales de la vida de Jesús no pertenecen sólo al pasado sino que están presentes, de diversos modos, en todas las generaciones. Y así también en nuestro tiempo, en los últimos doscientos años, observamos lo mismo. Hay grandes eruditos, grandes especialistas, grandes teólogos, maestros de la fe, que nos han enseñado muchas cosas. Han penetrado en los detalles de la Sagrada Escritura, de la historia de la salvación, pero no han podido ver el misterio mismo, el verdadero núcleo: que Jesús era realmente Hijo de Dios, que el Dios trinitario entra en nuestra historia, en un determinado momento histórico, en un hombre como nosotros. ¡Lo esencial les ha permanecido oculto! Se podrían citar con facilidad grandes nombres de la historia de la teología de estos doscientos años, de los cuales hemos aprendido mucho pero que no ha sido abierto a los ojos de su corazón el misterio.

En cambio, también en nuestro tiempo están los pequeños que han conocido tal misterio. Pensemos en santa Bernadette Soubirous, en Santa Teresa de Lisieux, con su nueva lectura de la Biblia, “no científica”, sino entrando en el corazón de la Sagrada Escritura; hasta los santos y beatos de nuestro tiempo: santa Josefina Bakhita, la beata Teresa de Calcuta, san Damián de Veuster. ¡Podríamos nombrar muchos!

Pero, a partir de todo esto, nace la pregunta: ¿por qué es así? ¿Es el cristianismo la religión de los necios, de las personas sin cultura, no formadas? ¿Se extingue la fe donde se despierta la razón? ¿Cómo se explica esto? Tal vez debamos mirar una vez más la historia. Sigue siendo cierto lo que Jesús ha dicho, lo que se puede observar en todos los siglos. Y, sin embargo, hay una “especie” de pequeños que son también sabios. A los pies de la cruz está la Virgen, la humilde esclava de Dios y la gran mujer iluminada por Dios. Y está también Juan, pescador del lago de Galilea, aquel Juan que la Iglesia llamará justamente ‘el teólogo’ porque realmente ha sabido ver el misterio de Dios y anunciarlo: con ojos de águila entró en la luz inaccesible del misterio divino. Así, también después de su resurrección, el Señor, en el camino hacia Damasco, toca el corazón de Saulo, que es uno de los sabios que no ven. Él mismo, en la primera carta a Timoteo, se define ignorante en aquel tiempo, a pesar de su ciencia. Pero el Resucitado lo toca: se queda ciego y, al mismo tiempo, se convierte realmente en alguien que ve, comienza a ver. El gran sabio se vuelve un pequeño, y precisamente por eso ve la necedad de Dios que es sabiduría, sabiduría más grande que todas las sabidurías humanas

Podríamos continuar leyendo toda la historia de este modo. Sólo una observación más. Estos eruditos sabios, sofòi y sinetòi, en la primera lectura, aparecen de otro modo. Aquí sofia y sínesis son dones del Espíritu Santo que reposan en el Mesías, en Cristo. ¿Qué significa? Se ve aquí un doble uso de la razón y un doble modo de ser sabios o pequeños. Hay un modo de usar la razón que es autónomo, que se pone por encima de Dios, en toda la gama de las ciencias, comenzando por las naturales donde un método apto para la investigación de la materia es universalizado: en éste método Dios no entra, por lo tanto, Dios no existe. Y así, finalmente, también en teología: se pesca en las aguas de la Sagrada Escritura con una red que permite pescar sólo peces de una cierta medida, y todo aquello que está más allá de esta medida, no entra en la red y, por lo tanto, no puede existir. Y así, el gran misterio de Jesús, del Hijo hecho hombre, se reduce a un Jesús histórico: una figura trágica, un fantasma sin carne y hueso, un hombre que ha quedado en el sepulcro, se ha corrompido y es realmente un muerto. El método sabe “pescar” ciertos peces pero excluye el gran misterio, porque el hombre se hace él mismo la medida: tiene esta soberbia que, al mismo tiempo, es una gran necedad porque absolutiza ciertos métodos que no son aptos para las grandes realidades; entra en este espíritu académico que hemos visto en los escribas, los cuales responden a los Reyes magos: no me conmueve; sigo cerrado en mi existencia, que no se conmueve. Es la especialización que ve todos los detalles pero no ve ya la totalidad.

Y hay otro modo de usar la razón, de ser sabios, que es el del hombre que reconoce quién es; reconoce la propia medida y la grandeza de Dios, abriéndose en la humildad a la novedad del actuar de Dios. De este modo, precisamente aceptando la propia pequeñez, haciéndose pequeño como es realmente, llega a la verdad. De este modo, también la razón puede expresar todas sus posibilidades, no se apaga, sino que se amplía, se hace más grande. Se trata de otra sofia o sínesis, que no excluye el misterio, sino que es precisamente comunión con el Señor en el cual reposan la prudencia y la sabiduría, y su verdad.

En este momento, queremos rezar para que el Señor nos conceda la humildad verdadera. Que nos dé la gracia de ser pequeños para poder ser realmente sabios; que nos ilumine, nos haga ver su misterio del gozo del Espíritu Santo, nos ayude a ser verdaderos teólogos, que pueden anunciar su misterio porque hemos sido tocados en la profundidad de nuestro corazón y de nuestra existencia. Amén.



Homilía del Papa Benedicto XVI en la Santa Misa con los miembros de la Comisión Teológica Internacional, Capilla Paulina, martes 1º de diciembre de 2009



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viernes, 22 de agosto de 2008

El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología


El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología



Santiago del Estero, 22 Ago. 08 (AICA).- El obispo de Santiago del Estero, monseñor Francisco Polti Santillán, retiró al presbítero Ariel Álvarez Valdés las licencias para enseñar Teología, publicar sus notas y artículos y usar los medios de comunicación social, al tiempo que lo exhorta a revisar su actitud, para el bien de toda la Iglesia, y de un mayor y fructuoso servicio ministerial. La medida fue tomada, según la Secretaría de Prensa del Obispado santiagueño, debido a que “algunas de sus afirmaciones causan perplejidad y llevan a pastores y fieles a preguntarse si dichas afirmaciones son compatibles con la enseñanza del Magisterio auténtico de la Iglesia”.


Comunicado del Obispado de Santiago del Estero

La Secretaría de Prensa del Obispado de Santiago del Estero informa que, ante la publicación en medios de comunicación locales de informaciones inexactas relativas a la supuesta situación canónica del Pbro. Dr. Ariel Álvarez Valdés, sacerdote incardinado en esta diócesis, el Obispado de Santiago del Estero se ve en la necesidad de aclarar a los fieles católicos de la diócesis y a la opinión pública en general:

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