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jueves, 18 de noviembre de 2010

El ecumenismo, a la luz de la hermenéutica de la continuidad

El ecumenismo, a la luz de la hermenéutica de la continuidad


Como se sabe, en estos días se ha celebrado en Roma la plenaria del Pontifico Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a cuyos miembros recibió hoy el Papa en audiencia. El Arzobispo Koch, que el próximo sábado será creado cardenal, presidió las reuniones y pronunció el discurso inaugural. Ofrecemos la parte inicial de dicho discurso en la que el prelado traza un balance del camino ecuménico, con la significativa novedad de incluir, como elemento decisivo en este tema, la hermenéutica de la continuidad, uno de los grandes temas del actual Pontificado.


***


Con el Concilio Vaticano II, sobre todo con el Decreto sobre el ecumenismo «Unitatis redintegratio», la Iglesia Católica ha entrado oficialmente en el movimiento ecuménico. Este “punto de no retorno” ha sido reafirmado por varios Pontífices y se ha traducido de varias maneras en la realidad concreta. El Papa Juan Pablo II, en particular en su Encíclica sobre el compromiso ecuménico «Ut unum sint», ha subrayado de manera inequívoca que el camino ecuménico emprendido por la Iglesia Católica con el Concilio Vaticano II es irreversible. Retomando estas palabras, el Papa Benedicto XVI ha reiterado, en su mensaje a los delegados y participantes de la Tercera Asamblea Ecuménica Europea que tuvo lugar en Sibiu en el 2007: “Como afirmó mi venerado predecesor el Papa Juan Pablo II, con el concilio Vaticano II la Iglesia católica se ha comprometido de modo irreversible a recorrer el camino de la acción ecuménica, poniéndose a la escucha del Espíritu del Señor, que enseña a leer atentamente los signos de los tiempos”. Ya en el primer mensaje después de la elección como Pontífice, el Papa Benedicto XVI afirmaba su voluntad de asumir “como compromiso prioritario trabajar con el máximo empeño en el restablecimiento de la unidad plena y visible de todos los discípulos de Cristo” y definía la búsqueda de la unidad como su “voluntad” y su “apremiante deber”.

Sobre el carácter irreversible de este camino, no puede haber ninguna duda. El mismo Papa Benedicto XVI lo ha mostrado claramente, al contrario de lo que se le ha reprochado varias veces el pasado año. Ciertamente, el Santo Padre ha puesto nuevos acentos en lo que concierne a la hermenéutica de las afirmaciones conciliares. En su discurso a la Curia Romana con ocasión de la presentación de las felicitaciones navideñas, el 22 de diciembre de 2005, él se refirió ampliamente al legado espiritual del Concilio Vaticano II y advirtió sobre la distinción entre las dos diversas hermenéuticas. Por una parte, existe “la hermenéutica de la discontinuidad y de la ruptura", que considera el Concilio Vaticano II no como parte de la tradición viva de la Iglesia sino como un momento de ruptura y afirma la existencia de una Iglesia pre-conciliar y de una Iglesia post-conciliar, como si ya no se tratase de la misma Iglesia. Por otra parte, existe la “hermenéutica de la reforma”, que reconoce los continuos desarrollos de la doctrina de la fe y concilia continuidad con la Tradición y renovación dinámica. En esta dialéctica entre continuidad y discontinuidad, fidelidad a la tradición y renovación, reside para el Santo Padre la verdadera esencia de la reforma, como él mismo expresó de modo convincente a propósito del Concilio Vaticano II: “si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una gran fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia”.

Es con la hermenéutica de la reforma que debemos leer también el Decreto sobre el ecumenismo. El hecho de que tal documento haya marcado para la Iglesia Católica una nueva dirección en las relaciones con las otras Iglesias y Comunidades cristianas es tan evidente que a menudo no se menciona. Sin embargo, este nuevo inicio no implica una ruptura con la Iglesia pre-conciliar. De hecho, el giro ecuménico realizado por el Concilio se sitúa en una continuidad fundamental con la Tradición: esto no habría sido claramente posible si el interés ecuménico, aún en su forma embrionaria, no hubiese estado presente dentro de la Iglesia Católica ya mucho tiempo antes del Concilio Vaticano II. Al respecto, deben mencionarse las Conversaciones de Malinas (Bélgica), que se han tenido con los anglicanos desde 1921 hasta 1926, con el fuerte apoyo del Papa Pío XI. Debe ser recordado también el hecho de que, al comienzo del siglo pasado, sobre todo el Papa León XIII y el Papa Benedicto XV han impulsado enérgicamente la oración por la unidad de los cristianos, que luego será definida en «Unitatis reditengratio» como “el alma de todo el movimiento ecuménico”. Un ulterior impulso al compromiso ecuménico ha sido dado por el Papa Pío XII, el cual, en su instrucción de 1950, elogiaba expresamente al movimiento ecuménico, reconduciendo su inspiración al Espíritu Santo. El hecho de que precisamente Pío XII haya sido la fuente más citada en el Concilio, después de las Sagradas Escrituras, demuestra el rol desarrollado por este Pontífice en la preparación del camino al Concilio con sus numerosas, clarividentes encíclicas, como ha subrayado Benedicto XVI en un volumen dedicado al magisterio del Papa Pacelli: “Ciertamente, la Iglesia, Cuerpo místico de Cristo, es un organismo vivo y vital, y no ha quedado inmóvil en lo que era hace cincuenta años. Pero el desarrollo se realiza con coherencia. Por eso, la herencia del magisterio de Pío XII fue recogida por el concilio Vaticano II y propuesta de nuevo a las generaciones cristianas sucesivas”.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Benedicto XVI, “ni un mero reformista ni un simple continuista absoluto”

Benedicto XVI, “ni un mero reformista ni un simple continuista absoluto”


Como se sabe, el Arzobispo Kurt Koch tuvo la tarea de pronunciar las dos relaciones principales en el encuentro de Benedicto XVI con sus ex-alumnos dedicado a la hermenéutica del concilio Vaticano II. La agencia Gaudium Press ha publicado un resumen de los temas expuestos por Mons. Koch en el pasado mes de agosto. Dado su gran interés, reproducimos también aquí el artículo de Anna Artymiak, corresponsal de Gaudium Press en el Vaticano.

Ciudad del Vaticano (Viernes, 08-10-2010, Gaudium Press)- El Papa Benedicto XVI es "el mayor interprete" del Concilio Vaticano II y quiere realizar "una hermenéutica de renovación en la continuidad de la Iglesia como único sujeto", esto es, "de una reforma que no vuelva al pasado, sino que, al contrario de eso, aún estando en continuidad con la tradición, pueda responder a la nueva situación del mundo".

La frase anterior es la síntesis de dos discursos que el arzobispo suizo Kurt Koch profirió en el Ratzinger Schülerkreis -tradicional encuentro del Santo Padre con sus ex-alumnos- del día 28 de agosto pasado en Castel Gandolfo. Este año se cumplen 45 años de la conclusión del Concilio Vaticano II. Un largo período que hace reflexionar sobre cómo son realizadas sus directrices, pero también cómo se debe interpretar de manera justa y correcta los propios documentos. Justamente el tema de la hermenéutica del Concilio Vaticano II estuvo en el centro de las discusiones del encuentro.

En sus alocuciones, el arzobispo Kurt Koch, que desde el 1º de julio es el nuevo presidente del Pontificio Consejo de la Unidad de los Cristianos, abordó la persona del Papa Ratzinger, con sus decisiones sobre la liturgia y su modo de entender y realizar el Vaticano II, en una luz muy diferente y opuesta a aquella difundida sobre lo que el público piensa del Santo Padre - un "mero" tradicionalista que se encaminaría en una dirección opuesta al Concilio.

En el Schülerkreis, el prelado suizo presentó dos temas: "El Concilio Vaticano II entre tradición e innovación. La hermenéutica de la reforma entre la hermenéutica de la discontinuidad y la hermenéutica de la continuidad histórica", y "'Sacrosanctum Concilium' y reforma post-conciliar de la liturgia. Continuidad y discontinuidad a la luz de la hermenéutica de la reforma". Conforme Mons. Koch, aún hoy, después de casi 50 años del Concilio Vaticano II, todos advierten la necesidad de su correcta interpretación y por tanto es "gravemente equivocado", según el arzobispo, considerar al pontífice como un tradicionalista que quiere llevar la Iglesia a retroceder en relación al Concilio.


jueves, 2 de septiembre de 2010

Encuentro del Papa con sus ex-alumnos: “Fidelidad a la tradición, apertura al futuro”

Encuentro del Papa con sus ex-alumnos: “Fidelidad a la tradición, apertura al futuro”
Mons. Kurt Koch


L’Osservatore Romano ha publicado un nuevo artículo sobre el seminario de verano de Benedicto XVI con sus ex-alumnos, que ha tenido como tema la hermenéutica del Concilio Vaticano II. En este artículo, Mons. Kurt Koch, relator principal, comenta algunas de las conclusiones y ofrece detalles sobre sus dos intervenciones.


“Fidelidad a la tradición, apertura al futuro: es la interpretación más correcta del concilio Vaticano II, que sigue siendo la magna charta de la Iglesia también en el tercer milenio”. Es lo que ha surgido del así llamado Ratzinger Schülerkreis, según el arzobispo Kurt Koch, relator principal en el encuentro del Papa con sus ex-alumnos, realizado del 27 al 30 de agosto en Castelgandolfo. El nuevo Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos habla a nuestro periódico de “una experiencia concreta, vivaz, positiva” y resume los contenidos de las dos relaciones del sábado 28 de agosto.

“En la primera – dice – propuse una reflexión sobre cómo leer e interpretar el concilio Vaticano II, indicando la prioridad de una hermenéutica de reforma”. Una “cuestión que he retomado y desarrollado en la segunda relación, profundizando en particular la Constitución Sacrosanctum Concilium sobre la liturgia, precisamente para mostrar en forma concreta cómo se puede realizar una hermenéutica de reforma”. A las dos relaciones, explica, “ha seguido un debate de más de una hora, muy interesante y rico en contribuciones significativas”. Según monseñor Koch, “se ha podido captar cuán fundamental es la dimensión espiritual de la vida cristiana, en todo aspecto. Y esto vale, desde mi punto de vista, también en el diálogo ecuménico que constituye el campo de trabajo más directo delante de mí”. Precisamente “el hecho de que haya sido concreto ha hecho el debate muy útil para el trabajo de cada uno”. Lo confirma las palabras de ánimo que le dirigió personalmente Benedicto XVI en la audiencia privada del 30 de agosto. “Hemos hablado – dice el arzobispo – de mi nuevo desafío ecuménico porque el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos no es una realidad independiente sino que tiene un mandato del Papa para ver cómo puede desarrollarse el diálogo en el futuro”.

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