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jueves, 2 de enero de 2014

Lo más profundamente humano: dos visiones en contraste sobre la nostalgia - Peter Kwasniewski

Lo más profundamente humano: dos visiones en contraste sobre la nostalgia
Peter Kwasniewski


Recomendable artículo de “New Liturgical Movement” traducido por “J” del Blog amigo “La Espalda de Felipe” (http://trilobitedisidente.blogspot.com.ar/)


En una conferencia dada en Varsovia el 9 de Abril de 2011, Leo Darroch, ex Presidente de la Federación Internacional de "Una Voce" tenía algo como esto para decir:

"¿Y qué es esto que atrae a tantos jóvenes a la Liturgia Tradicional de la Iglesia? Nostalgia no puede ser: ellos nunca experimentaron la Liturgia anterior a 1962. ¿Y por qué no están conformes con la nueva liturgia que se supone tan especialmente atractiva para los jóvenes (participación activa, liturgias creativas, música moderna, danzas)? ¿No es eso todo lo que los jóvenes quieren? Queda claro que no lo es. La Misa moderna, tal como se les ha presentado en las décadas recientes los ha alejado de la Iglesia. En la preparación para esta conferencia he consultado a todos los miembros de la Federación y también a aquellos grupos nuevos que me contactaron. Los comentarios que recibí, especialmente de los líderes jóvenes de los nuevos grupos formados en todas partes del mundo, revelan una sed por la verdad, por la dignidad y la reverencia en el culto, por algo trascendente".

Ciertamente, la vieja guardia del “Espíritu del Vaticano II” acusa a los tradicionalistas de hundirse en una especie de nostalgia, al punto que el Padre Richard McBrien se vio en grandes apuros al intentar explicar cómo es posible que los católicos jóvenes, que no crecieron asistiendo a la Misa en latín, (y que en realidad nacieron mucho después de que esta casi desapareciera) hoy se acercan en grandes cantidades a ella, encantados, y pasándola a sus hijos. ¡Que alguien sienta “nostalgia” por algo que jamás podría recordar es algo que solo puede tacharse de absurdo y categóricamente ilógico!

En una entrevista al National Catholic Reporter, el Arzobispo Piero Marini insólitamente comparaba a estos nostálgicos con los judíos, que luego de ser liberados del cautiverio bajo el Faraón y su malévolo imperio, extrañaban los carnales placeres de Egipto:

"Antes que nada es importante que me refiera a este sendero [de reforma litúrgica], que sostengo es irreversible. Con frecuencia pienso acerca del viaje de los israelitas del Antiguo Testamento. Era un viaje difícil, y en ocasiones el pueblo sentía nostalgia por el pasado, por las cebollas y melones de Egipto y demás. En otras palabras: a veces querían regresar. Pero el viaje histórico de la Iglesia es uno en el que por necesidad debe ir hacia delante".

Su Excelencia se siente intrigado al ver tanta gente joven atraída por las viejas formas de la Liturgia, ¿Cómo puede ser? Y comparte su razonamiento:

"Veo una cierta nostalgia por el pasado. Lo que más me preocupa es que esta nostalgia parece especialmente fuerte entre algunos sacerdotes jóvenes. ¿Cómo es posible sentir nostalgia por una era que no experimentaron?...Siempre me sorprende ver jóvenes que sienten nostalgia por algo con lo que nunca vivieron. “¿Nostalgia por qué?”, eso es lo que me pregunto".

En realidad, estamos asistiendo, gracias a la "Summorum Pontificum", a los primeros frutos de una largamente demorada renovación litúrgica genuina, y a la re-introducción de la doctrina tradicional y su práctica a lo largo y ancho de la Iglesia. Los jóvenes católicos que toman seriamente su fe, están simplemente haciendo eso: tomándosela seriamente. Como recibida, no manufacturada; como intemporal, no como algo actualizado. Han conseguido ver que la Misa no es un experimento de “hágalo usted mismo”: sino el verdadero Sacrificio del Calvario revivido entre nosotros, en una forma sagrada que nos fue dada y que tiene no solamente su propia realidad santa, sino también la realidad santificada de la comunión de los santos. La reacción de cualquier creyente sano es la de caer de rodillas en agradecida adoración junto con las generaciones pasadas y las que están por venir.

viernes, 13 de diciembre de 2013

El preocupante apartado 32 de la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium" - César Uribarri

El preocupante apartado 32 de la exhortación apostólica "Evangelii Gaudium"
César Uribarri


Publicamos un artículo de César Uribarri que "misteriosamente" ha desaparecido a las pocas horas de su publicación en "Religión en Libertad".


Quizá es más cómodo callar. Yo he estado en silencio voluntario casi 6 meses y uno acaba acostumbrándose a los placeres de lo oculto: ves, oyes, lees, interpretas… y no tienes que dar cuenta a nadie de tus silencios.

Quizá no quería hablar o quizá, simplemente, no podía. Desde la elección del Papa Francisco un terrible nubarrón se cernió, a mi entender, sobre la realidad. Y preocupado por la tormenta futura veía como mi desasosiego era, por el contrario, gozo y alegría en casi todos. Pero no era un gozo normal, era casi enfermizo, avasallador, total. Si sobre y contra Benedicto XVI se pudo decir cualquier cosa, parecía que con el advenimiento de Francisco estuviera prohibido el disenso. Y así los medios, casi al unísono, se convertían en portavoces del Papa. Incluidos, claro está, los medios católicos, ortodoxos o heterodoxos: lo curioso es que en ellos cualquier opinión en contrario era silenciada, cuanto menos dificultada. Y eso, esa unanimidad en los aprecios, en el seguidismo, no era normal -basta recordar las campañas de acoso contra Benedicto XVI que empezaron en el mismo inicio de su pontificado, incluso desde dentro de la misma Iglesia, y que en absoluto han ocurrido con el Papa Francisco-. Algo había cambiado en la percepción de ésta, tanto desde fuera como desde dentro de la Iglesia. No en vano el Papa Francisco ha sido elegido personaje del año 2013 por la revista Time, en lo que es la conclusión, el súmmum, del aprecio que le tienen los medios tradicionalmente enemigos de la moral y del papado. Por contra, ¿acaso hemos de olvidar la persecución que sufriera el Papa Benedicto XVI, dentro y fuera de la Iglesia? Cómo no recordar la terrible carta de 2009 en la que Benedicto XVI públicamente lloró por el abandono que había sufrido por parte de los obispos y de los católicos, reconociendo cómo unos y otros se habían lanzado a herirle “con una hostilidad dispuesta al ataque”, o usando calificativos tales cual “morder o devorar” referidos a su misma persona. 

Pero bastó que subiera Francisco a la silla de Pedro para que preclaras figuras de la Iglesia comentaran que con el nuevo papado se había abierto una ventana de aire fresco en la Iglesia queriendo indicar que con el nuevo Papa vendrían nuevos tiempos. Imagen de la ventana abierta que me desasosegaba, por cuanto me parecía que el tal aire más bien nos iba a constipar, amén de lo poco respetuoso que me parecía para con el Papa emérito. Luego me contaron que algún otro, más malévolo, parafraseando a Pablo VI dijo que Satanás ya no tendría que esforzarse en entrar por los resquicios de la Iglesia, ya que ahora se le habían abierto las ventanas de par en par. Y es que algunos, pocos, mirábamos con preocupación la deriva que parecía tomar el rumbo de la Iglesia, mientras que una mayoría ingente gozaba el tal evento.

Se dirá que nada cambiaba, pero la realidad nos mostraba, día a día incluso, que al menos el lenguaje sí había cambiado y con él muchos gestos. El problema es que tras el lenguaje se cambiara el contenido. Y esa era la preocupación, porque no se trataba simplemente de cambios menores como el coche papal, los apartamentos pontificios, o las diarias homilías en santa Marta. No era, simplemente, que el Papa día a día quisiera ser un pastor más, como párroco en su pequeña parroquia, permitiéndose ambiguas frases comprensibles por lo pastoral y coloquial del lugar y del discurso. No. Había una intención, una querencia que solo se vislumbraba en frases concretas, entrevistas desaparecidas o mensajes cara a cara. Y esa intención, lo que el Supremo Pontífice de la Iglesia entendía sobre cual habría de ser su misión y la misión de la misma Iglesia, se evidenciaba someramente a pesar de los ímprobos esfuerzos del voluntario equipo de traductores y comentadores que trataban día tras día de reconducir todo cuanto dijera a la ortodoxia. Pero era un reflejo, un brillo, que permanecía en un terreno fantasmagórico. Lo querías atrapar y se escapaba. Querías ampararte en esas frases para alertar y se escapaban en lo coloquial o interpretable de las mismas. Parecía una lluvia fina que empapa sin darse cuenta. Nada cambiaba, decían, mientras nos parecía que el barco de la Iglesia se adentraba en aguas pantanosas. 

Era necesario algo más, palabras firmes, no movibles por lo coloquial del lugar o del discurso. Con Lumen Fidei habló nuevamente Benedicto XVI, porque la encíclica que firmara Francisco nació de la mano y del corazón del Papa anterior. Pero ahora, con la exhortación Evangelii Gaudium el Papa reinante ha expresado su programa, su parecer del mundo y de su misión. Y su contenido me preocupa porque la Iglesia parece que ha dejado de enfilar su mascarón de proa hacia Dios, para enfilarlo hacia el hombre. Y así, se dice en dicha exhortación apostólica que “el obispo siempre debe fomentar la comunión misionera en su Iglesia diocesana siguiendo el ideal de las primeras comunidades cristianas, donde los creyentes tenían un solo corazón y una sola alma (cf. Hch 4,32). Para eso, a veces estará delante para indicar el camino y cuidar la esperanza del pueblo, otras veces estará simplemente en medio de todos con su cercanía sencilla y misericordiosa, y en ocasiones deberá caminar detrás del pueblo para ayudar a los rezagados y, sobre todo, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos” pero la sensación que tenemos es que sólo se permiten caminos escorados hacia las fronteras. Que no en vano conviene recordar como en ese encuentro del Papa Francisco con la Presidencia de la CLAR el 16 de junio del 2013 les animaba a equivocarse (¿doctrinalmente?) y si les llegaba una carta de la Congregación para la doctrina de la fe (sí, era doctrinalmente) que no se preocuparan, que siguieran adelante. No parece que, por ejemplo, los Franciscanos de la Inmaculada puedan decir lo mismo. ¿Permitirá el Papa que el olfato del rebaño de los Franciscanos puedan fundar esa nueva congregación que pretenden y que así han solicitado a Roma, anclada en el rito litúrgico vetus ordo, ahora que se les ha impedido celebrarlo? Desgraciadamente percibimos ya con los hechos como esos “nuevos caminos” que se van a poder abrir son caminos concretos en las fronteras de la doctrina y muy alejados de la tradición de siempre. Los otros, los que libremente el rebaño quiera dirigir hacia aquellos otros pastos, quizá esos no sean permitidos.

Pero no debo detenerme en esto. Otros serán los que vayan marcando y señalando esos aspectos. Yo, con todo, prefiero alertar de un riesgo que intuyo y que puede hacer entender unos de los aspectos más desconcertantes de Fátima. 

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