Sócrates y Martín Fierro
Carlos Félix Gauna
Andando por anchas soledades de La Pampa Argentina, Martín Fierro divisó en un claro del monte de jarillas, muy quieto y pensativo al viejo Sócrates.
Fierro, desmontando del moro, se acercó respetuoso diciendo:
-¡Buenos días, amigo! ¿Qué lo trae por el pago?- y le tendió la mano.
El griego lo miró un tanto y tendió también la mano.
Mientras la estrechaba, Fierro echó un poco atrás el sombrero.
-Estaba pensando en las últimas noticias -dijo Sócrates y añadió- las de San Rafael.
-¿Y qué le parecen? - preguntó el gaucho.
-No entiendo - le respondió el griego.
-¿Qué cosa no entiende? - volvió a preguntar Fierro.
