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jueves, 14 de mayo de 2020

¿Redoxón de la Vida Espiritual? Réplica a Monseñor Eduardo García

La Eucaristía, ´Redoxón de la vida espiritual´
Ernesto Alonso 


Un “ruido” episcopal infamante

Ruido, mucho ruido” le hizo a Monseñor Eduardo H. García, Obispo de la Diócesis de San Justo (provincia de Buenos Aires), “que en estos días circulara un video dirigido a nosotros los obispos, con la frase ´devuélvannos la Misa´”, añadiendo a renglón seguido los siguientes remarcables enunciados. “Si viviéramos realmente como pueblo deberíamos escuchar también, ´devuélvannos la educación, devuélvannos Cáritas, devuélvannos el trabajo, devuélvannos la salud, devuélvannos tantas cosas que resignamos en esta cuarentena atendiendo al bien mayor que es la salud de toda la población” (…) “A este mapeo le faltan unos actores que claman también a los obispos; aquellos que proponen con espíritu de cruzada – que es lo que menos necesitamos en este momento - ´juéguense por la fe, nosotros los acompañamos´”. 

Escogidos al azar, estos son algunos de los pensamientos que expresara Monseñor García y que AICA recogió de una columna de opinión publicada en `Clarín` el 25 de abril pasado. Expresiones indignantes que han soliviantado mi ánimo no solo porque injuria la honesta intención de un número mayúsculo de católicos que reclaman con fuerza, con humildad y respeto la vuelta del culto público y la apertura de los templos. Son exasperantes dichos pensamientos, al extremo del exabrupto, porque dan cuenta de una deleznable adulteración de la verdad del Sacramento Eucarístico no obstante protestar amor por el Cristo Eucarístico y cuidado por la fe de los fieles. 

Monseñor Eduardo Horacio García, por más obispo que sea, no tiene derecho alguno a humillar a un grupo de fieles porque solicita la celebración de la Santa Misa a puertas abiertas, cuando en muchos pasajes de su columna los confronta siempre, y dialécticamente, con aquellos que serían los verdaderos fieles que sí tienen amor por la Eucaristía y la Misa. Nos enfrenta con el ´pueblo´ categoría más sociológica que religiosa, recientemente puesta en alza con la fementida ´teología del pueblo´ por obra y propaganda de Monseñor Víctor Manuel Fernández y del mismo Papa Francisco, advirtiéndonos que “si viviéramos como pueblo” deberíamos reclamar también la “devolución de la salud, del trabajo, de Cáritas”, etc. Pero como somos católicos ´individualistas´ y probablemente ´burgueses´ nos contentamos con solicitar solo la Misa y la Eucaristía. Y puesto que nos cabe la definición de ´cruzados´, pues “proponemos con espíritu de cruzada” jugarnos por la fe, hemos de ser los peores reaccionarios que enajenados por el recio sabor del buen combate imaginamos una Iglesia perseguida que de ningún modo tiene lugar en nuestro país, habida cuenta de la acreditada militancia cristiana de los Kirchner, de los González García, de los Fernández, de los Kicillof, Rodríguez Larreta y un extensísimo etcétera. 

jueves, 3 de octubre de 2019

El inefable T(r)ucho en una de sus Bergogliadas

 Adversus Tuchum
 o la respuesta de un fiel a un inaceptable comunicado de monseñor Víctor Manuel Fernández aparecido ayer en La Nación


Habiendo leído el día de ayer el cobarde y políticamente correcto comunicado de Monseñor Víctor Manuel Fernández, consulté a un sabio sacerdote sobre la conveniencia de salirle al cruce al obispo de La Plata. Tuve como respuesta una afirmación, pero con la aclaración de que esta vez había que hacerlo ya sin palabras: con los dos puños. Pero encontrándome lejos y sin posibilidad de tenerlo a tiro (con los puños, aclaro), vi más que conveniente escribir al menos unas pocas líneas. Líneas de un simple laico, padre de familia, contra una autoridad de la Iglesia que no habla el mismo lenguaje. No es mi intención analizar punto por punto el comunicado vergonzoso y humillante para la Iglesia y sus fieles. Sólo repudiarlo en bloque, espigando algunos pocos puntos.

Empezaré diciendo que a mí sí me interesa conformar a alguien (como también a Fernández le interesa, vamos, aunque diga lo contrario). Soy cristiano, y con mi vida, mis palabras y mis obras quiero conformar a mi Señor Jesucristo. (¿Usted no, monseñor? ¿Por qué dice lo contrario?) Sé que si lo reconozco frente a los hombres, Él me reconocerá a mí frente a sus ángeles (Lc. 12, 8-9). ¡Qué reconfortante certeza en este día!

El obispo de La Plata, casi al inicio nomás, arranca notando que con ocasión del próximo Encuentro Nacional de Mujeres Autoconvocadas “hay gente con miedo”. Le pregunto, monseñor: ¿no será usted el que tiene miedo? ¿Y no será ese miedo el que lo lleve a querer pensar que esas “hordas sedientas de venganza y destrucción” sean solamente “mujeres a quienes une un mismo sueño de igualdad” (!)? Y no puedo dejar de preguntarme si realmente estaremos refiriéndonos a lo mismo, o si monseñor Fernández estará tomándonos el pelo a la feligresía. 

Sí, olfateo miedo a llamar a las cosas por su nombre. Miedo a las definiciones. Miedo del pastor a los lobos. Miedo a ejercer la autoridad, esa que le confirió Jesucristo para apacentar y defender a su rebaño. Miedo a la resistencia, pues expresamente la prohíbe, no sea que se interprete como agresión. ¿Se nos prohíbe la resistencia, en estos tiempos tan fieros? Sí, el arzobispo de La Plata se comprometió a “procurar evitar todo acto, movilización o expresión que se manifieste como contraofensiva” (¡menos mal que no nos prohíbe rezar!  Aunque, claro está, esto deja manifiesto qué poca fe tiene monseñor en la plegaria, pues esta sería ya algo inofensivo, no un arma del cristiano). Pero, ¿en qué quedamos? ¿Habrá una ofensiva entonces? Pues de otro modo no hablaría de “contraofensiva”. Pero no: todo eso sería “inútil, ineficaz e imprudente”, nos aclara. Como el testimonio de los mártires, le faltó rematar. 

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