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sábado, 27 de abril de 2019

Dos Obispos Argentinos [y algunas imágenes]


Hoy es un día de luto para la Iglesia de Cristo: el Papa Francisco en su voluntad omnímoda y soberbia, ha declarado beato y mártir a un Obispo Pro-Montonero. ¡Es el Papa Dictador!

Satanelli, como la decían en La Rioja, era un Obispo Tercermundista. Apoyaba la Guerrilla Terrorista Izquierdista en Argentina. Y murió en un accidente de auto.








martes, 14 de agosto de 2018

Una sombra oscura se cierne sobre toda la enseñanza y la praxis católicas

La Pena de Muerte y la Iglesia
Vittorio Messori


El gran periodista italiano converso Messori, en su magnífico ensayo “Leyendas negras de la Iglesia”, dedica un capítulo a la pena de muerte… que reproducimos a continuación.


Pena de Muerte / 1

Por mucho que nosotros los periodistas nos esforcemos en hacer creer lo contrario, a menudo los periódicos, por su propio deseo, no representan del todo a la opinión pública.

El problema de la pena de muerte es uno de esos casos en los que la escisión entre los ciudadanos y los medios de comunicación parece más profunda. Estos últimos, casi sin excepción, rechazan indignados la simple posibilidad de debatir una cuestión que consideran tan anacrónica e incívica que no merece la menor atención.

En los periódicos donde he tenido ocasión de trabajar, he visto tirar a la papelera con repugnancia las numerosas cartas que envían los lectores sobre ese tema. Sin embargo, todos los sondeos muestran que si se sometiera a referéndum popular, el resultado se decantaría sin la menor duda por la reimplantación del pelotón de ejecución o del verdugo, al menos para los crímenes especialmente execrables.

El informe anual de «Amnistía Internacional» nos ofrece una prueba concreta de ello al señalar que la pena de muerte está incluida en el derecho penal de 99 Estados (el 80 % de las ejecuciones tienen lugar en países que manifiestan la pretensión de servir de modelo, como Estados Unidos, la Unión Soviética o China), sin que importantes movimientos de opinión reclamen su abolición. En los casi treinta estados de la Unión norteamericana en los que se ha mantenido la pena capital, la voluntad popular se ha opuesto a todas las iniciativas llevadas a cabo para eliminarla.  Es más, en algunas ocasiones han sido los propios ciudadanos quienes han impuesto su restauración.

Hay un tipo de corifeos de la democracia, periodistas y políticos en primera línea, bien conocidos por lo selectivo de su criterio: para ellos, la mayoría de las opiniones y de los votos son «una noble manifestación de la voluntad popular» cuando coincide con su propia orientación, pero resultan «una despreciable vomitera reaccionaria» cuando su expresión contraría sus prejuicios y planteamientos.

El hecho es que, desde la más remota antigüedad hasta que algún intelectual de la Europa occidental del siglo XVIII empezó a manifestar sus dudas, la pena de muerte se admitía pacíficamente en todas las culturas de todas las sociedades del mundo.

Es falso que aquel curioso personaje llamado Cesare Beccaria pidiera su abolición. En el capítulo veintiocho de “De los delitos y sus penas” se dice: «La muerte de un ciudadano sólo puede considerarse necesaria en dos casos...». Principalmente, Beccaria rechaza la tortura y luego lo que denomina pena de muerte «fácil», tal como se aplicaba en su época, pero no la excluye de modo categórico ni la declara ilícita, hasta el punto de juzgarla «necesaria» en algunos casos. Por otro lado, la alternativa que propone Beccaria con el fin de suscitar mayor espanto, tal como él mismo especifica, es «la esclavitud perpetua». Algo que no parece un beneficio ni para la sociedad ni para el reo.

También es falso que mantener la pena capital sea «de derechas» y su abolición «de izquierdas». Entre las ignoradas paradojas de nuestras reconfortantes ideas fijas se cuenta que Luis XVI abolió dicha pena pocos años antes de la Revolución francesa. Ésta volvió a implantarla por iniciativa de la «izquierda» jacobina, haciendo tal uso de la misma que, por una vez justificadamente, el imaginario popular ha hecho de las palabras guillotina y revolución un todo inseparable.

Aquellos «progresistas» rogaron sin ambages al doctor Guillotin que perfeccionara su máquina para pasar de la fase artesanal a la industrial. Así nos ha llegado el escalofriante prototipo de un instrumento capaz de cortar sesenta cabezas al mismo tiempo.

domingo, 10 de junio de 2018

La Insoportable Levedad del Bermudo...

Cara Dura
Antonio Caponnetto


Tomado del Portal amigo “Adelante la Fe”


Creánme o no tirios y troyanos, en la gélida noche argentina del 8 de junio, me he enterado de tres cosas que ignoraba. La primera que existe un amondongado sujeto llamado Alejandro Bermúdez; y que por cierto no debe ser confundido con su homónimo, el nadador colombiano, apodado precisamente el Flaco. La segunda, que el ente carnoso, entre otros menesteres ilustres, dirige un programa televisivo titulado “Cara a Cara”, sin que sepamos aún si su objeto propio versa sobre el lifting facial o el identikit. Y la tercera, que en la edición del mencionado programa con fecha 6 de junio de este 2018 (cfr.minuto 50 y ss de https://youtu.be/F9xoj0N3Sx8) , el célebre saín –que para abreviar llamaremos nomás Alejandro Bermúdez- se ha ocupado de mí, desbarrando de dislate en falacia y de mentira en canallada.

Viene a decir el Alejandrino –con ripios,¡ay! en la prosodia, la fonología y la sintaxis– que he “caído en el abismo antipapista y lefevbrista, que simplemente” me “hacen incompatible con un comentarista católico”. Que he “dejado de ser un comentarista católico”, por mi “antipapismo irracional y apocalíptico”; y que el “proceso sistemático de negación de la autoridad pontificia del Papa Francisco” me convierten en “herético”, pues eso “es negar la realidad del Espíritu Santo que gobierna a la Iglesia”.

Dá vergüenza ajena que este señor Bermudo hable de quien no conoce ni su vida ni su obra, ni su pensamiento ni su acción; y que movido por su obsecuencia a los altos mandos eclesiales que lo rentan, se arrogue el derecho a dividir las aguas de los ortodoxos y de los herejes,con un maniqueísmo que lo degrada,ridiculiza y abaja. Esto no sólo es “irracional” sino moralmente pecaminoso, penalmente injuriante e intelectualmente mendaz. Esto, para decirlo de una vez, es la zafaduría propia de un maleducado.

Dá mayor vergüenza que confunda el deber canónico de los fieles de señalar los yerros de sus pastores y aún el del Pontífice con el antipapismo, que es negación de la institución petrina. Precisamente el núcleo de la herejía luterana a la que Francisco ha rendido homenaje público  hasta la indecencia.

miércoles, 6 de junio de 2018

Uno de los pocos Obispos que habló contra el Aborto en Argentina

Una renuncia exprés
Mario Caponnetto


Tomado del Portal amigo “Adelante la Fe”.


A muy escasos días de haberla presentado, la Santa Sede aceptó la renuncia de Monseñor Héctor Aguer como Arzobispo de La Plata. Tanta celeridad es por completo inusual y asombra habida cuenta de que por lo general los molinos vaticanos muelen lentamente. Esta vez, en cambio, el trámite fue exprés. Se ve que alguno de los “vientos renovadores” que soplan en Roma aceleró esta vez las aspas de los viejos molinos.

Apenas unas pocas semanas antes de la fecha en que Aguer cumplía la edad canónica indicada para el retiro de los obispos, su ahora sucesor, Víctor Fernández (uno de los hombres de mayor confianza del Papa Francisco y reconocido como uno de sus teólogos de referencia) abandonaba -también sorpresivamente- su cargo de Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina. Es evidente, a la luz de lo que sucedió después, que aquella precipitada salida del rectorado de la primera universidad católica del país no tuvo otro sentido que posicionarlo a Fernández para asumir la diócesis ahora vacante. Es decir, la maniobra sucesoria estuvo perfectamente planeada y pergeñada con anticipación. Sólo restaba aguardar la fecha de la renuncia de Aguer. Sin embargo nada hacía prever semejante velocidad en el trámite.

Que todo el trámite del relevo se caracterizó por una inusual velocidad y premura lo atestiguan algunos detalles harto significativos. En efecto, sólo siete días después de presentar la renuncia, Monseñor Aguer fue citado por el Encargado de Negocios de la Nunciatura en Buenos Aires. Allí se le comunicó que cesaba en sus funciones a partir del momento mismo del anuncio público (que se hizo el sábado 2 de junio, día de la festividad externa de Corpus) y que uno de sus obispos auxiliares quedaría a cargo de la administración de la Diócesis hasta la toma de posesión del nuevo Arzobispo. En consecuencia, su salida efectiva se produciría inmediatamente después de la Misa de Corpus el mismo sábado 2 de junio en la que debía ser su despedida formal de la Arquidiócesis. Esto último se modificó a posteriori tras una entrevista que ambos arzobispos, el saliente y el entrante, mantuvieron en la Curia Platense y en la que se convino que el domingo 10 de junio Aguer se despedirá de su clero y de sus fieles en una misa celebrada en la catedral arquidiocesana.

Habida cuenta de que la toma de posesión del nuevo Arzobispo está fijada para el próximo 16 de junio es más que evidente que ni siquiera se le concedió a Aguer permanecer en el ejercicio del gobierno, y a la espera del sucesor, las dos escasas semanas que median entre el anuncio del nombramiento y la asunción del nuevo titular. En su lugar, el Papa designó Administrador apostólico “sede vacante” a unos de los auxiliares, Monseñor Alberto Bochatey, quien tendrá a su cargo gobernar la Arquidiócesis hasta la inminente asunción de Monseñor Fernández. En resumen está muy claro que Aguer debía ser alejado de su cargo sin demora; y así ocurrió.

sábado, 25 de octubre de 2014

La “crisis Williamson” del Papa Bergoglio

La “crisis Williamson” del Papa Bergoglio


Este mes de octubre ha sido hasta ahora un “mensis horribilis” para el Papa Francisco.


El Pontífice alabado y mimado por todo el sistema mediático internacional, y con tanto más entusiasmo cuanto más alejados del catolicismo los comentaristas (Scalfari es un ejemplo), ha tenido que soportar la primera contrariedad justamente en su terreno preferido, el de las relaciones públicas: el frustrado Premio Nobel de la Paz. Conociendo la actitud del Comité del Nobel (que había rechazado el reconocimiento a Juan Pablo II, a pesar de sus iniciativas contra la guerra del Golfo, debido a sus enseñanzas sobre la anticoncepción), esto debiera haber sido un motivo de consuelo; no así, sin embargo, para un hombre que tiene en mucho el construir su propio estilo sobre el appeal mediático y gestos en consonancia con el común sentir. Parece que se estuvo cerca de obtener el premio; pero los suecos quieren primero ver resultados, y esperan que Bergoglio concretice las promesas de subvertir la moral sexual. Hasta ahora anuncios, que aún no ha estado en capacidad de cumplir.

El segundo fastidio, en este mismo mes, fue la publicación del libro de Antonio Socci, No es Francisco. Ciertamente no asusta a Bergoglio (tampoco convence al lector de buen sentido) la parte de ese ensayo que profundiza en las minucias del procedimiento para demostrar la nulidad de la elección. Pero la parte de cerrada crítica del modo de conducir la barca de Pedro y en particular el examen de los muchos puntos de ruptura con sus predecesores, representa un pesado J'accuse que Bergoglio entiende ya no es prerrogativa exclusiva de una franja aislada (Socci, por empezar, no ha sido nunca un tradicionalista). El libro es, en materia de textos sobre religión, un best seller en Italia (a pesar de la censura de los Paulinos, que se niegan a venderlo en sus librerías). Y esto da a pensar que no todos forman su opinión sólo sobre la base del número de discapacitados abrazados durante los paseos papales.

Pero la verdadera debacle fue el Sínodo. Desde el punto de vista de la catequesis, se ha hecho ya un daño inconmensurable al catolicismo con la publicación de la primera Relatio: ya se ha instalado el mensaje de que cada uno puede hacer cómodamente sus indecencias con la bendición de la Iglesia; y de hecho la política italiana, siempre atenta a los humores vaticanos, encuentra ahora que es urgente regular las uniones civiles; cosa que hasta el mes pasado le interesaba a muy pocos. El Cardenal Napier habló de un daño irreparable en el sentido de que ahora los bueyes se han desbocado, pese a cualquier documento magisterial que intentase en el futuro volver a unirlos. Por lo tanto, en este marco, la estrategia subversiva de Bergoglio (el hombre acostumbrado a destrozar milenios de doctrina sin argumentar en encíclicas de relevancia magisterial sino a golpes de entrevistas) ha logrado su propósito. 

Todo esto, sin embargo, le ha costado un precio incalculable. El Papa ha sido desafiado por su “Parlamento”. Públicamente, abiertamente, en voz alta e incluso con vehemencia. Y desde el momento que, a pesar de toda su perorata de la colegialidad y la libertad de expresión, resultó bien claro para todos su modo de obrar manipulador con el fin de imponer su agenda, así como todos sabían que la primer Relatio estaba acordada con él, la revuelta no ha respetado siquiera el hipócrita convencionalismo de tomársela sólo con sus ejecutores. Los Cardenales le han reprochado directamente a él, al mandante, y no sólo a sus secuaces, de haber causado un grave daño a la Iglesia (Cardenal Burke), o tener que repasar el catecismo (Arzobispo de Kiev); algunos, como Müller, Ruini y Burke, incluso le retiraron el saludo, como lo reportan todos los diarios. Y finalmente, cómo no ver un puñetazo directo al Papa en esta frase de una de las comisiones del Sínodo (Italicus B): "no vayamos en busca de un populismo fácil que adormece y algodona todo".

miércoles, 9 de julio de 2014

Angelelli y los Montoneros

Acciones pastorales de Monseñor Angelelli
María Lilia Genta


Después de ver por la televisión pública la sentencia del tribunal que condenó al Comodoro Estrella (que está hace más de sesenta años en la vida de mi familia) por el “asesinato” de Angelelli, logré recuperarme lo suficiente como para transmitir algo que supe, en su momento, de primera mano por boca de uno de los protagonistas. 

Lo que voy a contar ocurrió poco tiempo después de haber sido designado Angelelli Obispo de La Rioja (julio de 1968), tras consumar su traición y zancadilla al Arzobispo de Córdoba, Monseñor Castellano, a quien hizo perder su diócesis. El Padre Eliseo Melchiori, de origen chacarero, doctor por Roma, Capellán de Aeronáutica (llegó a ser Vicario General de esa Arma) estaba destinado en la Base Aérea de El Chamical, en la Provincia de La Rioja. Así las cosas, Angelelli lo llamó a Melchiori citándolo en el Obispado para hablar. Los capellanes militares dependen del Obispado Castrense pero es costumbre y norma no escrita que tengan cierto vínculo y aún una relación cordial con el Ordinario de cada lugar. De modo que el buen Cura Melchiori acudió prestamente al llamado del Pastor. La sorpresa fue mayúscula cuando, al quedarse a solas con el Obispo, éste le espetó: 

- Che, Melchiori, vos que estás con los milicos, ¿por qué no sacás algunos fierros y me los traés para que yo pueda armar a los muchachos? 

miércoles, 21 de mayo de 2014

El Padre Mugica y un doble relato - Mario Caponnetto

El Padre Mugica y un doble relato
Mario Caponnetto 


1. Un hombre, dos relatos
    
Se han cumplido cuarenta años del asesinato del Padre Carlos Mugica, el reconocido “cura villero” o “cura de los pobres” como suelen denominarlo sus panegiristas. El aniversario ha dado ocasión a una desmesurada exaltación de su figura: grandes homenajes civiles y eclesiásticos, derroche de elogios y ditirambos y hasta una de esas modernas gigantografías, que recoge su ascético rostro, insertada en el corazón del pasaje urbano.
    
El Gobierno y la Jerarquía Católica, que no suelen andar muy juntas, esta vez han aunado sus afanes en pro de exaltar la memoria del sacerdote. Es que, curiosamente, Mugica les pertenece en la medida en que ambos, Gobierno y Jerarquía, lo han integrado, cada uno a su modo y con muy diversa gravedad, como veremos, a sus respectivos “relatos”. 
    
Para el Gobierno, en efecto, Mugica es una figura emblemática de ese “setentismo” ominoso y sangriento, metamorfoseado en epopeya, del que ha hecho la columna vertebral de su radical impostura. Es que en esa imaginaria “lucha de liberación” librada por aquella “juventud maravillosa” encuadrada en las “organizaciones combatientes”, en esa falsa épica revolucionaria que reivindica como su pasado glorioso, el relato exige la presencia de un ingrediente “cristiano”. Se podrá preguntar por qué. Porque en ese setentismo real, no el ficticio, y por razones que enseguida examinaremos, una nada despreciable cantidad de católicos (obispos, sacerdotes, religiosas y laicos) dieron su decisiva contribución a ese gran baño de sangre que nos sumió en el dolor y la muerte. Mugica es, en este sentido, el rostro más reconocido (no el único ni, tal vez, al que le quepan las máximas responsabilidades); y esta es la razón del homenaje que hoy le brinda un Gobierno que ha pisoteado hasta el hartazgo la ley de Dios y los derechos de Jesucristo y al que hoy, la emblemática figura del cura villero vuelve a servir de ariete en su renovado odio contra la Iglesia.
    
En cuanto a la Jerarquía Católica, la exaltación no ha sido menor. El Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, al inaugurar la última Asamblea Plenaria de ese organismo, nada menos que en la homilía de la misa de apertura, tuvo un recuerdo especial de Mugica cuya muerte, dijo, “está en la memoria de la Iglesia”. El Cardenal Primado, por su parte, no fue a la zaga: calificó a Mugica de “mártir de los pobres”; la palabra mártir es muy especial y adquiere un sentido muy hondo y sugestivo en labios de un sucesor de los Apóstoles. El relato eclesiástico ha insistido, pues, en presentar a Mugica como un sacerdote fiel a Cristo que en comunión con la Iglesia y el Concilio Vaticano II dio su vida por los pobres: todo un modelo de sacerdote. 
    
Dos relatos, pues, y un mismo protagonista.

martes, 6 de mayo de 2014

Carta Abierta a Monseñor José María Arancedo

Carta Abierta a Monseñor José María Arancedo
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina


Reproducimos a continuación la Carta Abierta que María Lilia Genta dirige a Mons. José María Arancedo respecto de una Homilía pronunciada por él en el día de ayer [Las "negritas" son de nuestro Blog].


Buenos Aires, 6 de mayo de 2014.- 


A S. E. R. Monseñor 
José María Arancedo 
Presidente de la Conferencia Episcopal Argentina 


Excelencia: 

He leído la homilía que VE pronunciara en la Misa de Apertura de la 107 Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Argentina en el día de ayer. En ella recuerda VE que está próximo a cumplirse el cuadragésimo aniversario de la muerte del Padre Carlos Mugica, hecho que (son palabras textuales) “está presente en la memoria de la Iglesia”. Añade que el Padre Mugica fue víctima de un asesinato en una época triste de nuestra historia; que “fue un sacerdote que vivió su fe y ministerio en comunión con la Iglesia y al servicio de los más necesitados, que aún lo recuerdan con gratitud, cariño y dolor”; y concluye pidiendo al Señor que, “junto a la verdad y a la justicialos argentinos avancemos por la senda de nuestra reconciliación. Es respecto de este tema, particularmente sensible, que deseo escribirle ahora. 

Hace varios años, más precisamente el Viernes Santo de 1998, en el texto de una de las estaciones del Vía Crucis celebrado aquel día en Roma, se mencionaba de modo encomiástico a las Madres de Plaza de Mayo a las que se ponía como ejemplo. Por cierto que en aquella época las señoras aún no habían perpetrado su asalto y esquilmación del Estado Nacional con los “Sueños compartidos” de la mano del “hijo” (no Jesús, precisamente). En aquella ocasión, junto a otras señoras, familiares de “ajusticiados” en esos mismos años 70, “duros y tristes”, por “jóvenes idealistas” con quienes, como ha dicho el Papa Francisco, seguramente los Pastores se habían equivocado al educarlos y acompañarlos en sus “utopías”, integré una Comisión que pidió ser recibida por el entonces Presidente de la CEA, el hoy Cardenal Karlic, quien accedió a recibirnos y tras la entrevista nos remitió a nuestros respectivos obispos ordinarios. Así fue que, en mi caso y el de otros familiares, fuimos recibidos por el Arzobispo de Buenos Aires, Cardenal Bergoglio. 

Monseñor Karlic nos atendió con una cortesía gélida, sin dedicarnos una mirada ni menos una palabra de compasión o de misericordia. No digo hacia mí, que apenas soy hija de uno de esos muertos, pero tampoco para la Sra. Sonia Fernández Cutiellos, madre del Teniente coronel Horacio Fernández Cutiellos, muerto en el copamiento de La Tablada, que al menos era, y es, tan madre como las otras. En cambio, debo reconocer que Monseñor Bergoglio nos recibió con la mayor calidez, comprensión y misericordia, nos ofreció todas las parroquias de la Arquidiócesis para que hiciéramos rezar misas y rosarios por nuestros familiares caídos; sólo nos pidió que no rezáramos vía crucis para no aparecer como oponiendo un vía crucis a otro, recomendación que, al menos en mi caso, se cumplió. Aparte del hecho que acabo de relatar, en los años que siguieron, siempre como parte de asociaciones de víctimas del terrorismo, visité varios Obispos y en todos los casos encontré una actitud cálida y misericordiosa, más allá de lo que cada uno pensara políticamente. 

Pero en esta ocasión, Excelencia, no sólo me acerco al Pastor como hija, ya que lo soy de Jordán Bruno Genta, asesinado en la puerta de la misma casa donde hoy vivo con mi familia (coincidentemente, también hace cuarenta años de su muerte y aún nos estremece leer la carta que nos enviaron sus asesinos, escrita por un cura o ex cura según se evidencia en los conceptos allí vertidos). Esta vez me acerco, sobre todo, como joven de los sesenta y setenta. Me acerco in memoriam de tantos miembros de la Acción Católica en la que milité y de otros grupos católicos a los que también pertenecí. Chicas y muchachos con los que compartí misas, retiros, conferencias, actos públicos, guitarreadas y demás actividades propias de aquella juventud. ¡Cuántos de ellos fueron llevados a matar y morir por la encendida prédica del Padre Mugica y de otros curas tercermundistas! A alguno de esos sacerdotes los conocí personalmente, desde la infancia; es el caso del Padre Ricciardelli con quien compartía parroquia y barrio. 

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