Negar la Comunión
Bruno Moreno Ramos
La desfachatez de los Obispos alemanes, encabezados por el Cardenal Walter Kasper y el Cardenal Reinhard Marx (ambos en la foto que encabeza este artículo), es incalificable. Y queda patentizada en este clarificador artículo del bloguero Bruno Moreno Ramos de InfoCatólica.
Es sabido que la iniciativa de dar la comunión a los católicos divorciados en una nueva unión es una iniciativa fundamentalmente alemana. Su principal promotor es el Cardenal Kasper y otros Obispos alemanes, como el Card. Marx, presidente de la Conferencia Episcopal Alemana. Mons. Gebhard Fürst de Stuttgart o Mons. Zollitsch de Friburgo, se han mostrado plenamente de acuerdo con ella. Resalto lo de alemanes porque su nacionalidad tiene bastante que ver con el tema de negar a alguien la comunión.
En Alemania, la Iglesia se financia a través de un sistema peculiar. Los ciudadanos se inscriben públicamente en un registro oficial como pertenecientes a una religión particular o a ninguna y, a la hora de hacer la declaración de Hacienda, tienen que pagar un impuesto religioso especial y bastante cuantioso (casi un 10% de los impuestos totales), el llamado “Kirchensteuer” o “dinero de la Iglesia”, en beneficio de ese grupo religioso. Si uno se declara oficialmente luterano, por ejemplo, paga el impuesto para financiar a la comunión luterana. Lo mismo sucede con los inscritos como católicos, que deben pagar el “Kirchensteuer” para la financiación de la Iglesia Católica.
Como consecuencia, las diversas confesiones religiosas en Alemania y, en particular, la Iglesia Católica, disponen de mucho dinero. Gracias al “Kirchensteuer”, la Iglesia en Alemania recibe cada año una cantidad del orden de los cinco mil millones de euros. En consecuencia, las organizaciones caritativas alemanas, como Adveniat, disponen de muchos fondos y en todos los países de misión se sabe que, para conseguir dinero, conviene acudir a esas organizaciones. Por desgracia, esta abundancia de dinero también tiene efectos perversos, como por ejemplo el aburguesamiento del clero, que vive muy bien, y la burocratización de la Iglesia, con diócesis que tienen un enorme número de funcionarios.
Últimamente, además, el sistema ha demostrado ser autodestructivo, porque los ciudadanos que no tienen religión según los registros oficiales del gobierno simplemente pagan menos impuestos, en lugar de contribuir a algún tipo de fines sociales. Esto hace que muchos alemanes (cientos de miles cada año) decidan dejar de ser oficialmente luteranos, católicos, etc. para ahorrarse así el impuesto religioso.
En los últimos años, las cifras de los que hacen eso han sido tan grandes que, en 2012, los Obispos alemanes dictaron un decreto que establecía que los católicos que se hubieran borrado del registro gubernamental alemán de católicos para no pagar el impuesto no podían acceder a la Confesión, a la Comunión ni a la Confirmación, excepto en peligro de muerte. Las protestas contra esta decisión fueron muy grandes, por la apariencia inevitable de que se estaban vendiendo los sacramentos y por la posibilidad de cumplir el mandamiento de ayudar a la Iglesia en sus necesidades a través de aportaciones directas, pero los Obispos alemanes no dieron su brazo a torcer.