Pbro. Dr. Miguel A. Barriola
Sobre el libro de Horacio Bojorge, Teologías deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo en su contexto. Ediciones Encuentro, Madrid 2000, 380 págs.
“Todo el que desee interiorizarse en un pensamiento, que tuvo vasta repercusión entre los católicos uruguayos, en Latinoamérica (sobre todo en el gran amigo de Segundo, G. Gutiérrez) y otras latitudes, debería compararlo con las réplicas que se encuentran en el cuidadoso estudio de Bojorge, para poder apreciar una trayectoria, más allá de meras simpatías, aplicando el oído también a otras campanas”.
A cuatro años del fallecimiento de Juan Luis Segundo, jesuita y fecundo escritor uruguayo, Horacio Bojorge, miembro también de la Compañía, oriundo del mismo país, y autor de numerosas publicaciones, ofrece en la obra que presentamos, un cuidadoso y cabal análisis de las principales posturas teológicas de su cofrade.
Además de la amplia producción de Segundo, editada en Uruguay, Sudamérica, EE. UU. y Europa, es asimismo conocido el aplauso y aprobación con que ha sido elogiada por tradicionales adversarios de la Iglesia católica, especialmente en Montevideo.
El hecho podría ser saludado como un relevante logro “ecuménico” después de superar proverbiales distanciamientos. De tal forma Segundo habría hecho triunfar al diálogo sobre el anatema.
No es tal la consecuencia que se desprende al leer el estudio crítico de Bojorge, que, desde el mismo título, está indicando que la “teología”, como se la suele entender en la tradición católica, ha sido transmutada de tal forma por Segundo, que acabó desfigurándose en un afán autodestructor, “suicida”, por haber llegado a ser “deicida”, es decir: tergiversador de su mismo objeto de reflexión: Dios.
Es que el diálogo se torna amorfo, cuando alguno de los interlocutores de tal modo anhela mimetizarse con el otro, que va perdiendo los contornos propios. En efecto, por querer congraciarse con los demás, es frecuente que se ceda tanto a los gustos provenientes de tiendas diferentes, que se evapora la solidaridad con las propias filas.
Lamentablemente es lo que Bojorge (con muchos otros, ampliamente citados en “Teologías deicidas”) patentiza con innumerables ejemplos tomados de las obras que somete a revisión.