lunes, 10 de agosto de 2009

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (IV) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte IV (22 al 28)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.


Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 22: La Crucifixión 1



Video 22: La Crucifixión 2



Video 23: La Resurrección 1



Video 23: La Resurrección 2


Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (III) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte III (15 al 21)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.


Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.



Video 15: Dos banderas 3



Video 15: Dos banderas 4



Video 16: Tres binarios 1



Video 16: Tres binarios 2


jueves, 6 de agosto de 2009

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (II) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte II (8 al 14)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.

Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 8: El infierno 1



Video 8: El infierno 2



Video 9: El hijo pródigo 1



Video 9: El hijo pródigo 2



Video 10: Rey 1



Video 10: Rey 2


Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (I) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte I (1 al 7)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.

Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 1: Objetivo Ejercicios



Video 2: Fundamento 1



Video 2: Fundamento 2



Video 3: Fundamento 3



Video 4: Fundamento 4


domingo, 12 de julio de 2009

En nuestras escuelas no hay religión, pero sí ideología - Héctor Aguer

En nuestras escuelas no hay religión, pero sí ideología
Mons. Héctor Aguer


Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”(Sábado 20 de junio de 2009)

“Hace unos meses se firmó un acuerdo entre la Santa Sede y la República del Brasil que incluye entre sus cláusulas la posibilidad de la enseñanza religiosa en las escuelas estatales de ese país. Esto en la Argentina de hoy sería absolutamente impensable, a pesar de que en algunas de nuestras provincias, por disposición de las respectivas constituciones existe ya enseñanza religiosa en las escuelas de gestión estatal”.

“Observemos de paso que la Constitución de la Provincia de Buenos Aires establece que los niños bonaerenses deben ser educados en los principios de la moral cristiana, respetando la libertad de conciencia; pero, al parecer, nadie se fija demasiado en esta disposición de la Constitución de nuestra provincia. De hecho, es letra muerta.”.

“De todos modos, el problema principal no es ése. Aún si no se quiere ahora reivindicar que haya enseñanza religiosa en las escuelas estatales, se puede hacer notar en la Ley de Educación Nacional, actualmente vigente, se habla de educación integral. ¿Cómo puede considerarse integral una formación de la persona que excluya la dimensión religiosa?”.

“Se reconoce que la educación es un bien personal y social pero no se ha querido explicitar cuáles son las dimensiones que constituyen esa integridad de la propuesta educativa, muy probablemente para no mencionar el hecho religioso, la dimensión religiosa de la persona”.

“Pero por su parte el Estado impone una cierta ideología, que se filtra en los contenidos curriculares, se ve en los materiales que se difunden a los docentes y en algunas “políticas de estado” que van siendo establecidas por comisiones interministeriales, sobre todo de Educación y Salud”.

“Podemos ofrecer algunos ejemplos al respecto. La nueva materia “Construcción de Ciudadanía” impone una teoría crítica que pretende hacer del niño, del alumno, un pequeño teórico-crítico para cambiar las sociedad, alterando el orden que corresponde en la transmisión de los conocimientos”.

“Se descuidan los saberes básicos y, sin embargo, se insiste en esta perspectiva crítica que es marcadamente ideológica. La fuente de inspiración es el neomarxismo de la Escuela de Frankfurt. ¿Acaso de las escuelas argentinas se quiere sacar analfabetos revolucionarios?”.

“Pensemos en otra materia, como Educación Sexual. Sobre este tema ha habido y sigue habiendo mucha discusión, pero me pregunto si los padres de familia saben qué es lo que se trasmite a sus chicos en la escuela; tendrían que informarse e interesarse seriamente sobre todo porque en esta área se ha impuesto, casi de un modo indiscutible, la ideología de género”.

“Según esta perspectiva, la sexualidad no se inscribe en la naturaleza de la persona, no es una realidad biológica, psicológica, afectiva y espiritual, sino una construcción histórica y socio-cultural. Se es varón o mujer no porque uno haya nacido varón o mujer, sino porque lo hace tal la cultura, que modela el género de las personas. Se propone una escisión entre sexo y género, de modo que se pueda hablar de diversas opciones sexuales; todas serían igualmente válidas”.

“Es curioso cómo, en nombre de la promoción de la mujer, se denigra la figura femenina; sobre todo no se quiere aceptar su vocación materna, porque la maternidad es vista como una carga, ya que la sexualidad está totalmente separada del matrimonio, la constitución de la familia, el amor permanente, la transmisión de la vida… ¿Qué clase de educación puede fundarse en estos principios?”.

“Pues bien, no hay religión en las escuelas pero sí una concepción reduccionista del ser humano que va configurando toda una manera de ver las cosas, que trasmite una cierta cosmovisión. Podemos preguntarnos entonces: ¿cómo se salva la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus propias convicciones?. Es un derecho inalienable, que el Estado debe respetar, y es un deber, una responsabilidad que los padres no pueden soslayar”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata



domingo, 21 de junio de 2009

El Papa Benedicto XVI declara Año Especial para los Sacerdotes

El Papa Benedicto XVI declara Año Especial para los Sacerdotes


El Papa ha convocado un año especial para los sacerdotes que comenzara en junio de este año y terminará en junio de 2010.

Lo anunció ante la plenaria de la Congregación del Clero que se ha celebrado bajo el tema La identidad del Sacerdote Misionero en la Iglesia, y habló sobre las diferentes dimensiones del sacerdocio.


miércoles, 3 de junio de 2009

¿Cómo celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano? - Explicación en Español

¿Cómo celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano?
Explicación en Español


Muchos sacerdotes de habla española buscan que alguien les muestre la manera de oficiar este venerable rito -que el Papa Benedicto XVI desea que sea celebrado en todas las parroquias- y no encuentran quien les explique. Aquí hallarán esa explicación completa.

En este video en siete partes se detalla la forma de celebrar la misa tradicional católica del Rito Romano que promueve S.S. Benedicto XVI en el Motu Proprio Summorum Pontificum.


Video 1



Video 2



Video 3



Video 4



Video 5



Video 6



Video 7




Interesados en el video en formato DVD solicitarlo a tradidi@live.com (incluye traducción al Inglés, Francés, Español, Portugués, Italiano, Polaco, Neerlandés).

martes, 26 de mayo de 2009

¿El consenso o la verdad? - Fernando Pascual

¿El consenso o la verdad?
P. Fernando Pascual, LC


Contrarios a la verdad son el error y la mentira. Contrarios al consenso son el disenso y, en ocasiones, la actitud violenta ante quienes tienen un punto de vista diferente del propio.

Parecería, entonces, que consenso y verdad no podrían oponerse, porque se colocan en ámbitos distintos.

Sin embargo, existe una tendencia a buscar el consenso por encima de la verdad o al margen de la verdad. Como si la verdad, la idea de poseer la verdad, fuese enemiga del consenso. Y como si el consenso fuese alcanzable con más facilidad si cada uno renunciase a ver su punto de vista como “verdadero”, para relativizarlo en el contexto de un mundo pluralista.

En realidad, el consenso más profundo y completo entre las personas se logra precisamente cuando encuentran la verdad. Es hermoso, en ese sentido, constatar cómo hombres y mujeres llegan a sentirse unidos entre sí precisamente desde el descubrimiento y la aceptación de una verdad que reúne, que crea comunidad.

También, hay que decirlo con dolor, a veces una mentira vestida con ropajes de verdad se convierte en fuente de consenso, de cohesión, de armonía. Pero la mentira, tarde o temprano, revela su debilidad y su engaño. Vivir en la mentira lleva al desengaño y al fracaso, aunque a veces ofrezca ilusiones pasajeras y un cierto sentido de seguridad frágil.

Por eso, en las discusiones sobre los grandes temas humanos, el consenso sólo merece ser alcanzado desde el compromiso sincero por buscar la verdad.

Al hablar sobre el cambio climático, la pena de muerte, el aborto, la dignidad humana, la existencia de otra vida, las distintas ideas religiosas, hay que dejar de lado compromisos fáciles o relativismos engañosos para ir a fondo: ¿quién tiene la verdad? ¿Quién está en el error?

No tiene sentido, por lo mismo, buscar el consenso por el consenso como si fuese la meta, pues la meta es la verdad, no el consenso. Igualmente, no es correcto criticar a quienes tienen un punto de vista firme y decidido simplemente porque así “van contra el consenso”. Lo que importa es saber confrontar las opiniones con la verdad, y descubrir cuál posición sea más verdadera y cuál, en cambio, sea más engañosa o errónea.

El relativismo no lleva a ningún consenso sano. Porque parte de una premisa falsa (aceptada, incluso impuesta, como “verdadera”), según la cual todos los puntos de vista valen lo mismo.

Así sólo se consiguen acuerdos y consensos vacíos y pobres, capaces de llevar a dramas humanos como el del aborto legalizado en muchos países, o al uso y destrucción de embriones humanos en los laboratorios, o a la política de cierre de fronteras que impide un justo intercambio de productos y que mantiene en su pobreza a millones de seres humanos.

Más allá del relativismo está el deseo sincero por buscar la verdad sobre el hombre, sobre el mundo, sobre Dios. Desde ese deseo será posible avanzar, poco a poco, hacia un consenso profundo y pleno. Un consenso que debe arrancar de una verdad indiscutible: todos los seres humanos tienen la misma dignidad y merecen respeto, desde su concepción hasta su muerte.

La búsqueda de la verdad es el mejor camino para conquistar consensos capaces de construir un mundo más justo y más fraterno, para unir a millones de seres humanos por encima de diferencias raciales, culturales o lingüísticas.




Vamos a darle la vuelta a esto: ¡podemos! - Derecho a Vivir

Vamos a darle la vuelta a esto: ¡podemos!
Derecho a Vivir


El Derecho a vivir se encuentra enraizado en la esencia misma del hombre. Es hora de ponernos en marcha a favor de la vida: tenemos mucho por hacer. Argentina: ¡despierta!.






domingo, 24 de mayo de 2009

El deber cristiano de la lucha - P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu

El deber cristiano de la lucha
P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu


Video en cuatro partes de la recensión del P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu al libro de Antonio Caponnetto.

Video 1



Video 2



Video 3



Video 4







lunes, 11 de mayo de 2009

¿La Iglesia Católica es querida por Jesucristo?

¿La Iglesia Católica es querida por Jesucristo?

Un video que muestra la verdadera identidad de la Iglesia Católica.

¿Realmente fue querida por Cristo o es uno de las más grandes mentiras creadas por el hombre?





El Cardenal de Bolonia prohibe la comunión en la mano

El Cardenal de Bolonia prohibe la comunión en la mano


El cardenal arzobispo de Bolonia, monseñor Carlo Caffarra, ha hecho pública la primera revocación oficial del indulto de la Conferencia Episcopal Italiana de 1989 que permitía recibir la comunión en la mano. En la catedral y otros dos templos de la archidiócesis italiana sólo se podrá recibir la comunión en la boca.


* * *

(Buhardilla de Jerónimo/Infocatólica) Cantuale Antonianum informa sobre las nuevas disposiciones dadas a conocer por la Oficina de Pastoral de las Comunicaciones Sociales de la Archidiócesis de Bolonia (Italia). Se trata de un comunicado que pone en conocimiento público la primera revocación oficial en Italia del indulto de recibir la Comunión en la mano.

“El primer domingo de Adviento de hace veinte años, en 1989, entraba en vigor la resolución de la Conferencia Episcopal Italiana, que autorizaba, con la aprobación de la Santa Sede, la distribución de la Sagrada Comunión en la mano.

En las últimas semanas, los párrocos y rectores de iglesias de nuestra diócesis han recibido la notificación de las disposiciones adoptadas por el Cardenal Arzobispo, en vista de los graves abusos que se han producido en este sentido. En particular, el Cardenal ha ordenado que, en la Catedral de San Pedro, la Basílica de San Petronio y el Santuario de la Virgen de San Lucas, la Comunión se distribuya a los fieles únicamente sobre la lengua”.

La posibilidad que se concedió para recibir la Hostia consagrada en la mano puede, de hecho, originar "graves abusos", porque "hay quienes se llevan las Sagradas Especies para tenerlas como "souvenirs", "quienes las venden”, o peor "quienes las llevan para profanarlas en ritos satánicos". Lo dice el provicario general, Monseñor Gagriele Cavina, en la carta a los sacerdotes que acompaña las disposiciones del Cardenal, citando un escrito de Mons. Malcolm Ranjith, secretario de la Congregación para la Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Debemos tomar nota, escribe el Cardenal Carlo Caffarra, que, “por desgracia, se han repetido casos de profanación de la Eucaristía aprovechando la posibilidad de recibir el Pan consagrado en la palma de la mano, sobre todo, pero no exclusivamente, en las grandes celebraciones o en las grandes iglesias que son lugares de paso de numerosos fieles. Por este motivo es bueno para controlar el momento de la Santa Comunión a partir del cumplimiento de las normas comunes por todos bien conocidas”.

Durante la Comunión, se lee en el decreto del Cardenal, “los servidores asistan al Ministro, en la medida de lo posible, vigilando de que cada fiel, después de haber recibido el Pan consagrado lo consuma de inmediato ante el Ministro y por ningún motivo sea llevado de allí, o colocado en un bolsillo o en sacos o en cualquier otro lugar, o caiga al suelo y sea pisado”.

Junto con una fuerte recomendación de vigilancia que vale para todos los sacerdotes, el cardenal ha dictado esta disposición para tres iglesias de la diócesis: "habida cuenta de la frecuencia con que se han notificado casos de comportamiento irreverente en el acto de recepción de la Eucaristía - escribe el Cardenal - disponemos que en la Iglesia Metropolitana de San Pedro, en la Basílica de San Petronio y el Santuario de la Santísima Virgen de San Lucas en Bolonia, los fieles sólo reciban el Pan consagrado de las manos del Ministro directamente sobre la lengua".

La disposición está atenuada para las parroquias, porque, escribe Mons. Cavina, "los fieles son en gran parte conocidos, y el párroco puede estar más seguro de su actitud al hacer el gesto de la comunión en la mano con el debido respeto e intervenir con oportunas advertencias de vez en cuando a fin de educar continuamente a la asamblea para participar de la liturgia en modo activo y consciente ".

* * *

Comentario: Tomado de REDEMPTIONIS SACRAMENTUM:
92.-... Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano.
93.- La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.




sábado, 9 de mayo de 2009

Carta abierta a Hans Küng - Vittorio Messori

Carta abierta a Hans Küng
Vittorio Messori



Querido padre Küng:

Usted es sacerdote, se acerca a los setenta años de edad, entró en el seminario cuando era niño, lo conoce todo y a todos en el mundo clerical. Así pues, también usted habrá oído esas historias divertidas que circulan en el milieu, y de las que usted es protagonista. Una, por ejemplo, es la de los cardenales reunidos en cónclave que –al no encontrar entre ellos a nadie bastante “progresista” y, por tanto, capaz de guiar la barca de Pedro hacia “el sol del porvenir”– le envían un emisario a Tubinga para saber si está dispuesto a subir al solio pontificio. Y usted responde: “¿Yo Papa? ¡Es una provocación vaticana! Si fuera Papa, dejaría de ser infalible, lo que ahora, como teólogo de vanguardia, soy y quiero seguir siendo…”.

Una historia divertida y –ha de admitirlo– que lleva en sí una verdad. Leyendo sus cosas –por lo menos desde hace quince años siempre iguales, pero con un índice de agresividad que a veces se convierte en insulto–, uno tiene realmente la impresión de que usted quiere atribuirse ese carisma de infalibilidad que niega a aquel y a aquellos a los que Cristo ha garantizado la asistencia del Espíritu.

Ahora, usted, con sus Tesis sobre el futuro del papado, llega a desear –constato con tristeza– la rápida intervención de la muerte que, al llevarse a Juan Pablo II, libera a la barca de la Iglesia de un “capitán” que está por echarla a pique. Al periodista de Il Corriere della Sera, que le pregunta si desea que el papa dimita, vista su insistencia en un cambio de cúpula en la Iglesia, responde con decisión que no. En efecto, explica que, aunque dimita, pero siga con vida, “este papa [cito textualmente] haría de todo para apoyar un sucesor en el espíritu del wojtylismo y del Opus Dei. Es preciso, por tanto, garantizar que los cardenales puedan elegir un sucesor sin sufrir manipulaciones, guiados únicamente por el Espíritu Santo”.

Un Karol Wojtyla vivo sería, pues, “un manipulador”, un obstáculo intolerable a la acción del Paráclito: así, que se muera y lo antes posible. Raus! Naturalmente, mi esperanza –y la de todos los que, sea como fuere su fe o su incredulidad, no están cegados por el furor theologorum–, nuestra esperanza, decía, es que hayamos comprendido mal, que usted no quería decir esto, que no quería llegar tan lejos.

Lo espero como hombre y como hermano en la fe. En efecto, a pesar de los insultos que he recibido de usted en la prensa internacional (primero por mi libro-entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger, luego por el otro con el papa Juan Pablo II y por la traducción alemana de otros escritos míos), a pesar de las palabras ofensivas que me ha dedicado, he escrito varias veces que, a pesar de todo, tengo por usted un sentimiento de simpatía. En el sentido etimológico del término: “padecer con”.

Küng no corre el riesgo de ser “vomitado” por ser “tibio”, “ni frío ni caliente”, por citar el tercer capítulo del Apocalipsis. Se puede –mejor dicho, creo que se debe, y con firmeza– disentir de la terapia suicida que usted propone para el catolicismo en particular y para el cristianismo en general. Estoy convencido de que, si precisamente se sigue el rumbo que usted propone, la barca de Pedro se rompería contra los escollos o quedaría desierta, abandonada por los últimos ocupantes. Y, sin embargo, a pesar del tono cada vez más desagradable e intolerante que usa usted, nunca le he negado la buena fe, la lealtad de las intenciones: en usted hay pasión, no “tibieza”. Sucede a menudo (así, por lo menos, nos parece a muchos como yo, a los que usted ha insultado) que quien habla demasiado de “diálogo” cree que está libre de practicarlo. Hay en sus invectivas un diagnóstico equivocado, pero está también el tormento por la causa de la fe en el mundo de hoy.

Pero justamente éste, padre Küng, me parece que es el punto decisivo: ¿está usted tan seguro de que este mundo está habitado por personas que esperan de la Iglesia lo que usted imagina? Quien, como el que le escribe (permítame una alusión personal en esta carta que quiere ser personal), viene de lejos, y se ha formado –o deformado– no en cerrados ambientes clericales sino en esa cultura ilustrada que tanto le fascina, a duras penas frena una reacción irónica al leer estas “tesis” suyas, presentadas como nuevas y que en cambio se han repetido cien veces.

Profesor, ¿le ha asaltado alguna vez la duda de que se yerra el tiro al buscarle un lugar al cristianismo –a toda costa, incluso con el peligro de deformarlo– en las categorías “modernas” que le obsesionan, pero que muestran su anacronismo con mil señales? Usted es un apologista; y lo digo con solidaridad, aunque para usted este apelativo forma parte de esa categoría “políticamente incorrecta” que le aterroriza. Pero, para quien conoce cómo ver el mundo de verdad, esta apologética suya parece más adecuada al pasado en el que usted se formó, a los años sesenta conciliares, que levantaron su fama y que marcaron el ápice y al mismo tiempo el comienzo del declive de la modernidad.

Hemos entrado en una tierra desconocida que, a falta de términos mejores, llamamos “posmoderna”. El hombre de hoy –ese al que usted se dirige– está cansado y muere de lo que usted quiere proponerle otra vez: desacralización, desmitificación, profanidad, racionalismo, libertinaje, ilustración, socialización, democratización. Busca a tientas –le escandaliza por supuesto, pero no la tome con quien no hace más que describir– Sagrado, Símbolo, Misterio, Tradición, Disciplina, Religión, Autoridad, Milagro, Mística, Gregoriano, Prodigio, Ángeles, Videntes. Y así hasta la saciedad.

El mítico “hombre de hoy” sobre el que usted fantasea (y que, si alguna vez existió, pertenece a una modernidad muerta) no asiste a los debates –sobre todo si los animan teólogos “ilustrados”– y corre a donde se esparcen voces de apariciones: se niega a leer documentos, aunque sean sofisticados, de las infinitas comisiones y grupos de trabajo clericales, y escuchan con avidez cuando se les habla de Sábana Santa, Lourdes, Fátima o Medjugorje, de prodigios, de ángeles buenos y malos, incluido el demonio; abandona las parroquias, reducidas a centros “democráticos” de comités y asambleas, con elecciones y organigramas, y llaman a la puerta de carismáticos, gurús, sectas e iglesiuchas donde hallar lo “sagrado” y la “religión”, y no sociologías o ideologismos; respeta, tal vez, aunque los abandona a sus asuntos, a sacerdotes y religiosas disfrazados de “gente como las demás”, de las que hay gran abundancia, y ansiosamente va a buscar a hombres y mujeres “diferentes”, “de Dios”. Al padre Pío, para entendernos y por citar a uno que nada sabía de “planes pastorales” ni de “nuevos planteamientos kerigmáticos” y que de las lecciones del profesor Küng poco o nada habría entendido; pero, que, justamente por esto, atrajo en su vida a más almas que todas las facultades teológicas juntas en su historia pasada y futura.

Participaba una vez en una fastuosa conferencia de prensa organizada por el grupo de sus editores para presentar su enésimo libro donde –como de costumbre y con su acostumbrada impetuosidad virulenta– pedía para la Iglesia católica lo mismo que sigue pidiendo con estas últimas “tesis” suyas. Sacerdotes casados; mujeres sacerdote; divorciados admitidos en nuevos matrimonios; homosexuales venerados, métodos anticonceptivos libres, aborto aceptado, párrocos, obispos y papas elegidos por todos; cismáticos y herejes puestos como modelos; ateos, agnósticos y paganos acogidos no sólo como hermanos en humanidad sino como maestros de vida y pensamiento de los que aprender todo… En resumen, el acostumbrado rosario de lo “teológicamente correcto”. Los mandamientos del nuevo conservador, las “valerosas reformas” del conformista occidental medio.

Perdóneme, pero a duras penas contenía los bostezos. A mi lado le escuchaba con atención un pastor protestante que, al final, tomó la palabra: “Es muy hermoso y edificante, profesor Küng. Tiene usted razón, éstas son las reformas que el catolicismo debería poner en práctica. Pero, dígame: ¿por qué nosotros, los protestantes, tenemos todo lo que usted pide, y desde hace mucho tiempo, y sin embargo, nuestros templos están menos llenos que sus iglesias?”.

No sólo usted no respondió a la pregunta, que desde el cielo de las teorías “pastorales”, óptimas para los semestres académicos, bajaba a la brutal realidad de los hechos, estos maleducados que no quieren entrar nunca en nuestros esquemas, sino que veo en su artículo de Il Corriere della Sera que sigue impávido: así, el pecado imperdonable de este papa sería sobre todo el “no haber introducido en la Iglesia católica las instancias de la Reforma y de la modernidad”.

En cuanto a la “modernidad”, ya hemos hecho alusión a algunas cosas. Respecto a la Reforma, ¿es posible que uno como usted, que vive entre Suiza y Alemania, que conoce ese norte de Europa, que se pasó (a menudo por la violencia de los príncipes) al verbo de Lutero, Calvino y Zwinglio, es posible, decía, que no constate el verdadero estado de las Iglesias que antaño estuvieron tan vivas? ¿Es posible que sus viajes por el mundo no le hayan mostrado que el único protestantismo que hoy parece tener futuro es ese protestantismo “enloquecido”, agresivo, intolerante hacia todo ecumenismo, representado por miles de sectas y de iglesiuchas?.

¿Se pueden proponer hoy para la Iglesia romana –casi como si fueran novedades taumatúrgicas– reformas que la que a sí misma se llama “Reforma” descubrió y adoptó hace cinco siglos y cuyos resultados están a la vista de todos los que sepan leer sin los anteojos de la abstracción? Por poner sólo un ejemplo, este año más de once mil anglicanos de Gran Bretaña han pedido entrar en la Iglesia católica. Dentro de algunos días, el arzobispo de Londres ordenará sacerdotes católicos a muchas decenas de pastores anglicanos. Son hermanos (y hermanas) cuya conversión ha sido provocada por la decisión de la jerarquía anglicana de ordenar a las mujeres. Una decisión que no les ha atraído ningún católico (¡ni ninguna católica!), mientras que se ha provocado un éxodo importante hacia el catolicismo. Profesor Küng, por lo menos en este caso, ¿no son los hechos exactamente lo contrario de lo que afirman sus teorías?

¿Qué me dice, por ejemplo, de esa Holanda que antes del Concilio era quizá el país del mundo con la más ferviente vida católica, que inmediatamente después del Concilio se convirtió en la esperanza y La Meca del progresismo clerical, que llevó a cabo lo que era posible realizar de las reformas que usted invoca, cubriendo de desprecio “la arcaica teología romana”, y que en breve tiempo fue reducida a un desierto donde las iglesias que no caen en ruinas las transforman en supermercados, porno-shops o hamburgueserías? Padre Küng, ¿no le ha revelado nunca nadie que si el más católico de los continentes, el latinoamericano, se está pasando rápida y masivamente a las sectas “enloquecidas” que citaba antes o regresa a los cultos afroamericanos es porque busca en esto lo que ya no le da cierto clero católico, que (formado a menudo en la escuela de sus facultades alemanas) dice que “ha elegido a los pobres”, mientras que los pobres no lo han elegido a él?.

Tal vez usted contraponga otros hechos a los míos. Los examinaré con atención: el único carisma que me atribuyo es el de la falibilidad; creo, sin embargo, que no me equivoco al recordar que –“remontando”, como decía, el viejo 68, que sólo sigue vivo en la Iglesia, como usted nos testimonia– lo que le divide a usted de los que insulta es, a fin y al cabo, la concepción misma de Iglesia. La cual no es un club donde los socios pueden cambiar a su gusto el estatuto para “adaptarlo a los tiempos”; no es un círculo de lectores del mismo viejo Libro, donde cada uno defiende su interpretación; no es ni siquiera una asamblea donde el “en mi opinión” de cada uno tiene el mismo valor que el de los demás. Este papa al que (repito: espero que su pensamiento haya sido malentendido) usted parece desear una muerte liberadora, no es un amo, sino un siervo y administrador de una Escritura y una Tradición que no son suyas, al igual que no lo son de ningún hombre. Me detengo inmediatamente porque me sentiría algo ridículo si fuera más allá de la simple alusión al problema con quien, como usted, conoce mucho mejor que yo no sólo la eclesiología católica, sino también la comparada.

Y, precisamente porque la conoce –y tan bien–, permítame decirle que en la Iglesia institucional, de los hombres de Iglesia, veo todos los límites, todos los defectos (que son también los míos: como todo bautizado, ¿acaso no soy yo también “la Iglesia”?); que conozco y apruebo la vieja sentencia sobre la Ecclesia semper reformanda; que estoy tan lejos de todo tipo de triunfalismo que soy sospechoso para muchos que sospechan también de usted.

Y, sin embargo, tal vez precisamente porque no he nacido en esta vieja Iglesia, en ella he hallado –experimentando su vida concreta– un lugar de humanidad, libertad, sabiduría y esperanza que en vano había buscado en otras partes. También –y sobre todo– en esa “modernidad” que le obsesiona y que usted quisiera imponernos y cuya salida buscan los hombres a tientas para no morir asfixiados.

Sepa perdonarme, profesor Küng, respeto sus “nuevos paradigmas” que he meditado en tantos libros suyos, pero –por lo que me atañe– se los dejo con gusto. Si a la fuerza debo equivocarme, más que en su compañía, prefiero hacerlo en compañía de esos muchos para los cuales ese papa “polaco” –como lo llama– no es una carga sino un don; no es un amo contra el que rebelarse sino un padre; no es el presidente de un club sino el sucesor de Pedro en la dirección de una Iglesia que, por la fe, no es sólo ni en primer lugar “el Vaticano” sino que es el Cuerpo mismo de Cristo.

¿Periodista de corte? ¿Diletante y autodidacta de la teología? ¿Laico abusivo entre los clérigos “conocedores”? Quizá también esta vez me lo gritará desde sus periódicos. En cualquier caso, aquí tiene un hermano que, aunque alérgico a toda retórica, le confirma su estima y se siente solidario –malgré tout– con su, si bien trastrocada, pasión apologética y misionera en un mundo que no soporta a quienes como nosotros son sospechosos de “tomarse demasiado en serio” la causa del Evangelio.

(Vittorio Messori, Los desafíos del católico,
Editorial Planeta Testimonio, Madrid, 2001. pp. 154 a 163).






martes, 28 de abril de 2009

Todo sobre los ángeles y demonios - José Antonio Sayés


Todo sobre los ángeles y demonios
P. José Antonio Sayés


En el programa "¿Y tú que crees?" el P. José Antonio Sayés, profesor en la Facultad de Teología del Norte de España (Burgos), responde sobre el tema de los ángeles y demonios.

Este gran teólogo ha escrito una obra maravillosa titulada «El demonio ¿realidad o mito?», que recomendamos vivamente.


Video 1



Video 2



Video 3

lunes, 27 de abril de 2009

El fin de los tiempos y seis autores modernos - P. Alfredo Sáenz

El fin de los tiempos y seis autores modernos
P. Alfredo Sáenz


¿Se acercan los tiempos finales? ¿Hay un programado olvido de la Parusía? ¿Cómo será el anticristo? ¿Hay crisis en la Iglesia?

Preguntas profundas contestadas magistralmente por el P. Alfredo Sáenz en el programa "EL PULSO DE LA FE" de Roberto O'Farrill del 02 de marzo del 2008 (que puede ver en el video que está continuación).

Si le interesa el tema y desea profundizar, adquiera el libro del P. Sáenz: "El fin de los tiempos y seis autores modernos". ¡Que lo disfrute!


viernes, 24 de abril de 2009

La interpretación de la Escritura es vital para la Iglesia - Benedicto XVI


La interpretación de la Escritura es vital para la Iglesia
Benedicto XVI
Discurso a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica


CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 23 abril 2009 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso que Benedicto XVI dirigió este jueves a los miembros de la Pontificia Comisión Bíblica, a quienes recibió en audiencia con motivo de su reunión plenaria anual.


***


Señor cardenal, excelencia,
queridos miembros de la Pontificia Comisión Bíblica:

Me alegra acogeros una vez más al término de vuestra anual asamblea plenaria. Agradezco al señor cardenal William Levada su discurso de saludo y la concisa exposición del tema que ha sido objeto de atenta reflexión en el curso de vuestra reunión. Os habéis reunido nuevamente para profundizar un argumento muy importante: la inspiración y la verdad de la Biblia. Se trata de un tema que afecta no sólo a la teología, sino a la misma Iglesia, porque la vida y la misión de la Iglesia se fundan necesariamente sobre la Palabra de Dios, la cual es alma de la teología y, al mismo tiempo, inspiradora de toda la existencia cristiana. El tema que habéis afrontado responde, además, a una preocupación que llevo particularmente dentro, ya que la interpretación de la Sagrada Escritura es de importancia capital para la fe cristiana y para la vida de la Iglesia.

Como usted ha ya recordado, señor presidente, en la encíclica Providentissimus Deus el papa León XIII ofrecía a los exegetas católicos un nuevo aliento y nuevas directivas en el tema de la inspiración, verdad y hermenéutica bíblica. Más tarde Pío XII en su encíclica Divino afflante Spiritu recogía y completaba las enseñanzas precedentes, exhortando a los exegetas católicos a llegar a soluciones en pleno acuerdo con la doctrina de la Iglesia, teniendo debidamente en cuenta las positivas aportaciones de los nuevos métodos de interpretación desarrollados en aquellos momentos. El vivo impulso dado por estos dos pontífices a los estudios bíblicos, como usted ha dicho también, ha encontrado plena confirmación y ha sido ulteriormente desarrollado en el Concilio Vaticano II, de modo que toda la Iglesia ha sacado y sigue sacando beneficio. En particular, la Constitución conciliar Dei Verbum ilumina aún hoy la obra de los exegetas católicos e invita a pastores y fieles a alimentarse más asiduamente en la mesa de la Palabra de Dios. El Concilio recuerda, al respecto, ante todo, que Dios es el Autor de la Sagrada Escritura: "Las verdades reveladas por Dios, que se contienen y manifiestan en la Sagrada Escritura, se consignaron por inspiración del Espíritu Santo. la santa Madre Iglesia, según la fe apostólica, tiene por santos y canónicos los libros enteros del Antiguo y Nuevo Testamento con todas sus partes, porque, escritos bajo la inspiración del Espíritu Santo, tienen a Dios como autor y como tales se le han entregado a la misma Iglesia" (Dei Verbum, 11). Dado que todo lo que los autores inspirados o hagiógrafos aseguran que debe considerarse afirmado por el Espíritu Santo, invisible y trascendente Autor, en consecuencia, se debe declarar que "los libros de la Escritura enseñan firmemente, con fidelidad y sin error, la verdad que Dios quiso consignar en las sagradas letras para nuestra salvación" (ibid., 11).

Del planteamiento correcto del concepto de inspiración divina y verdad de la Sagrada Escritura derivan algunas normas que afectan directamente a su interpretación. La misma constitución Dei Verbum, tras haber afirmado que Dios es el autor de la Biblia, nos recuerda que en la Sagrada Escritura Dios habla al hombre a la manera humana. Y esta sinergia divino-humana es muy importante. Dios habla realmente a los hombres de modo humano. Para una recta interpretación de la Sagrada Escritura es necesario por tanto investigar con atención qué han querido afirmar verdaderamente los hagiógrafos y qué ha querido manifestar Dios a partir de las palabras humanas. "Las palabras de Dios de hecho, expresadas con lenguas humanas, se han hecho similares al lenguaje de los hombres, como ya el Verbo del eterno Padre, habiendo asumido las debilidades de la naturaleza humana, se hizo similar a los hombres" (Dei Verbum, 13). Estas indicaciones, muy necesarias para una correcta interpretación de carácter histórico-literario como primera dimensión de toda exégesis, requieren además una unión con las premisas de la doctrina sobre la inspiración y la verdad de la Sagrada Escritura. De hecho, siendo la Escritura inspirada, hay un máximo principio de recta interpretación sin el cual los escritos sagrados quedarían como letra muerta, sólo del pasado: la Sagrada Escritura debe ser "leída e interpretada con la ayuda del mismo Espíritu mediante el cual ha sido escrita" (Dei Verbum, 12).

Al respecto, el Concilio Vaticano II indica tres criterios siempre válidos para una interpretación de la Sagrada Escritura conforme al Espíritu que la ha inspirado. Ante todo es necesario prestar gran atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura: sólo en su unidad es Escritura. De hecho, a pesar de lo diferentes que sean los libros que la componen, la Sagrada Escritura es una en virtud de la unidad del diseño de Dios, del que Cristo Jesús es el centro y el corazón (cfr. Lc 24, 25-27; Lc 24, 44-46). En segundo lugar es necesario leer la Escritura en el contexto de la tradición viva de toda la Iglesia. Según un dicho de Orígenes, "Sacra Scriptura principalius est in corde Ecclesiae quam in materialibu s instrumentis scripta" es decir, "la Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en instrumentos materiales". De hecho la Iglesia lleva en su Tradición la memoria viva de la Palabra de Dios y es el Espíritu Santo quien le da la interpretación de ella según su sentido espiritual (cf. Orígenes, Homiliae in Leviticum, 5, 5). Como tercer criterio es necesario prestar atención a la analogía de la fe, es decir, a la cohesión de las verdades de fe individuales entre ellas y con el plano completo de la Revelación y de la plenitud de la economía divina contenida en ella.

La tarea de los investigadores que estudian con diferentes métodos la Sagrada Escritura es la de contribuir, según los mencionados principios, a la comprensión más profunda y a la exposición del sentido de la Sagrada Escritura. El estudio científico de los textos sagrados es importante, pero no es por sí sólo suficiente, pues tendría en cuenta sólo la dimensión humana. Para respetar la coherencia de la fe de la Iglesia el exegeta católico tiene que estar atento a percibir la Palabra de Dios en estos textos, dentro de la misma fe de la Iglesia. Ante la falta de este imprescindible punto de referencia, la investigación exegética quedaría incompleta, perdiendo de vista su finalidad principal, con el peligro de quedar reducida a una letra meramente literaria, en la que el verdadero Autor, Dios, deja de aparecer. Además, la interpretación de las Sagradas Escrituras no puede ser sólo un esfuerzo científico individual, sino que debe confrontarse siempre, ser integrada y autentificada por la tradición viva de la Iglesia. Esta norma es decisiva para precisar la relación correcta y recíproca entre exégesis y magisterio de la Iglesia.

El exegeta católico no se siente sólo miembro de la comunidad científica, sino también y sobre todo miembro de la comunidad de los creyentes de todos los tiempos. En realidad, estos textos no han sido entregados sólo a los investigadores o a la comunidad científica "para satisfacer su curiosidad y o para ofrecerles argumentos de estudio y de investigación" (Divino afflante Spiritu, EB 566). Los textos inspirados por Dios han sido encomendados en primer lugar a la comunidad de los creyentes, a la Iglesia de Cristo, para alimentar la vida de fe y para guiar la vida de caridad. El respeto de esta finalidad condiciona la validez y la eficacia hermenéutica bíblica. La encíclica Providentissimus Deus recordó esta verdad fundamental y observó que, en vez de obstaculizar la investigación científica, el respeto de este dato favorece su auténtico desarrollo. Una hermenéutica de la fe corresponde más a la realidad de este texto que una hermenéutica racionalista, que no conoce a Dios.

Ser fieles a la Iglesia significa, de hecho, enmarcarse en la corriente de la gran Tradición que, bajo la guía del Magisterio, ha reconocido los escritos canónicos como Palabra dirigida por Dios a su pueblo y nunca ha dejado de meditarlos y de descubrir sus inagotables riquezas. El Concilio Vaticano II lo confirmó con gran claridad: "todo lo que se refiere a la interpretación de la Sagrada Escritura, está sometido en última instancia a la Iglesia, que tiene el mandato y el ministerio divino de conservar y de interpretar la palabra de Dios" (Dei Verbum, 12). Como nos recuerda la mencionada constitución dogmática, existe una inseparable unidad entre Sagrada Escritura y Tradición, pues ambas proceden de una misma fuente: "La Sagrada Tradición y la Sagrada Escritura están íntimamente unidas y compenetradas. Porque surgiendo ambas de la misma divina fuente, se funden en cierto modo y tienden a un mismo fin. Ya que la Sagrada Escritura es la palabra de Dios en cuanto se consigna por escrito bajo la inspiración del Espíritu Santo, y la Sagrada Tradición transmite íntegramente a los sucesores de los apóstoles la palabra de Dios, a ellos confiada por Cristo Señor y por el Espíritu Santo para que, con la luz del Espíritu de la verdad la guarden fielmente, la expongan y la difundan con su predicación; de donde se sigue que la Iglesia no deriva solamente de la Sagrada Escritura su certeza acerca de todas las verdades reveladas. Por eso se han de recibir y venerar ambas con un mismo espíritu de amor y reverencia" (Dei Verbum, 9). Como sabemos, esta frase "con un mismo espíritu de amor y reverencia" fue creada por san Basilio, y después fue recogida por el Decreto de Graciano, por la que entró en el Concilio de Trento y después en el Vaticano II. Expresa precisamente esta inter-penetración entre Escritura y Tradición. Sólo el contexto eclesial permite a la Sagrada Escritura ser entendida como auténtica Palabra de Dios, que se convierte en guía, norma y regla para la vida de la Iglesia y en crecimiento espiritual de los creyentes. Esto, como ya he dicho, no impide de ninguna manera una interpretación seria, científica, pero abre además el acceso a las dimensiones ulteriores de Cristo, inaccesibles a un análisis sólo literario, que es incapaz de acoger en sí el sentido global que a través de los siglos ha guiado a la Tradición de todo el Pueblo de Dios.

Queridos miembros de la Comisión Pontificia Bíblica, deseo concluir mi intervención formulando a todos vosotros mi agradecimiento personal y mi aliento. Os doy las gracias cordialmente por el comprometido trabajo que realizáis al servicio de la Palabra de Dios y de la Iglesia, mediante la búsqueda, la enseñanza y la publicación de vuestros estudios. A esto añado mi aliento en el camino que todavía queda por recorrer. En un mundo en el que la investigación científica asume una importancia cada vez mayor en numerosos campos, es indispensable que la ciencia exegética se coloque a un nivel adecuado. Es uno de los aspectos de la inculturación de la fe que forma parte de la misión de la Iglesia, en sintonía con la acogida del misterio de la Encarnación. Queridos hermanos y hermanas: el Señor Jesucristo, Verbo de Dios encarnado y divino Maestro que ha abierto el espíritu de sus discípulos a la comprensión de las Escrituras (Cf. Lucas 24, 45), os guíe y apoye en vuestras reflexiones. Que la Virgen María, modelo de docilidad y obediencia a la Palabra de Dios, os enseñe a acoger cada vez mejor la riqueza inagotable de la Sagrada Escritura, no sólo a través de la investigación intelectual, sino también de vuestra vida de creyentes, para que vuestro trabajo y vuestra acción puedan contribuir a que sea cada vez más resplandeciente ante los fieles la luz de la Sagrada Escritura. Al mismo tiempo que os aseguro el apoyo de mi oración en vuestro empeño, os imparto de corazón, como prenda de divinos favores, la bendición apostólica.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez y Jesús Colina
© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

jueves, 9 de abril de 2009

Domingo de Pasión (II) - Leonardo Castellani


Domingo de Pasión (II)
P. Leonardo Castellani


Excelente meditación del sabio P. Castellani. Especial para esta semana santa... y la siguiente... y la siguiente... y la siguiente...

El segundo comentario al Passio de San Mateo que habíamos prometido versa sobre la legalidad de la muerte de Cristo.

Hace tiempo leímos en un diario yanqui una noticia curiosa: que los israelitas de Nueva York querían hacer una revisión jurídica del proceso a Cristo; es decir, reunir otra vez el Sinedrio, rever testimonios y pruebas, y dictar sentencia definitiva. No sé si se hizo. Lo curioso sería que lo hubiesen hecho y hubiesen condenado de nuevo a muerte al Nazareno ese, que tanto ha dado que hacer. La verdad es que en todo rigor debían hacer eso; porque si llegaran a absolverlo, tenían que volverse todos cristianos; o mejor dicho, ya lo serían1.

Pero si lo han hecho, lo probable es que la sentencia no ha sido ni guilty, ni non guilty; sino una sentencia de notproven o out of legality: nulo por irregularidad de forma jurídica. El proceso de Cristo ha sido altamente ilegal.

El P. Luis De La Palma S. J. en su clásica obra “Historia de la Pasión” ha reseñado en una página maestra las ilegalidades de ese rabioso proceso, que fue una monstruosidad jurídica. El Sinedrio o Tribunal Supremo se reunió en el tiempo pascual, cosa que les estaba vedada; se produjeron testigos falsos y contradictorios; no hubo testigos de descargo; no se dio al reo un defensor; al responder a una pregunta del juez, el acusado fue abofeteado; se tomó una respuesta del reo como prueba y el juez se convirtió en fiscal; la respuesta del Sinedrio no se dio por votación; se celebraron dos sesiones en el mismo día, sin la interrupción legal mandada entre la audición y la sentencia; el sentenciado fue diferido a la Autoridad Romana, que ellos no reconocían como legítima y que - como les advirtió el mismo Pilatos - no entendía jurisdiccionalmente de delitos religiosos; la acusación promovida en el Pretorio (“Éste se ha hecho Dios y por eso debe morir”) no era delito en ese Tribunal; el reo fue tundido a azotes, que era el comienzo de la crucifixión, antes de la sentencia prolata; el delito de conspiración contra el César, que promovieron después, no era pasible de crucifixión, ni siquiera de muerte, como lo era la sedición a mano armada y la traición al ejército imperial, cosas que manifiestamente no hizo Cristo; y finalmente dejando otras dos irregularidades menores, el pazguato de Pilato no profirió la sentencia oficial: Ibis ad crucem, sino que dijo malhumorado: “Agárrenlo ustedes y hagan lo que quieran”, cosa que un juez no puede hacer, porque es abdicar su oficio; después de haber hecho la fantochada de lavarse las manos con lo que creyó quedar bien con Dios, con los judíos y con su mujer; y después de haber proclamado públicamente la inocencia del acusado: “Non invenio in eo culpam” ("No encuentro culpa en él"), lo mandó al patíbulo.

No sé si olvido alguna porque cito de memoria; pero con la mitad de estas irregularidades el proceso es archinulo; y el juez tenía el deber estrictísimo de absolver al acusado; hacer administrar cuarenta menos uno a Caifas por los malos tratamientos que había permitido infligirle; y hacer barrer a golpe de lictor a la turba con Barrabás y todo, que al pie de la escala de mármol - no querían pisar el pretorio para no mancharse y poder comer la pascua, los angelitos -, bramaban como leones y toros (“Toros bravos me han cercado, líbrame de la boca del león”, dijo el Profeta), y atropellaban el decoro del Procónsul con amenazas absurdas. Lo único que hay que anotarle al pollerudo de Pilatos es que no recibió ninguna coima - no se acordó - cosa que no se puede decir de todos los jueces cristianos.

Pero donde se equivoca De La Palma es en enrostrar a los fariseos todas estas fallas del “procedimiento”; en este caso no tienen importancia maldita2. Si Cristo no era lo que Él decía, había que darle muerte por encima de todo procedimiento; y eso en virtud del sentimiento religioso. Era un blasfemo; y por cierto, el blasfemo más extraordinario que ha existido. Por eso, ellos no tuvieron reparos en des-responsablar a Pilatos: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. Esto era un juramento tremendo, que los latinos llamaban exsecración. En eso se sentían seguros: “Creían - perversamente - hacer un obsequio a Dios”. Si el Nazareno no era Dios; ni el pastor Eróstrato que incendió el templo de Diana de Efeso, ni Calígula que violó una Vestal, ni Enrique II que hizo matar a Santo Tomás-Beckett en su catedral y durante su misa, han hecho una blasfemia y un sacrilegio comparable: “Reo es de muerte; nosotros sabemos que es reo de muerte; poco importa lo que le digamos a este romanacho incircunciso…”. Si la acusa de conspiración contra el César, y la subsiguiente amenaza no hubiesen surtido el apetecido efecto, poco les hubiera importado acusar a Cristo de haber pagado tres asesinos para matar a Pilatos, su mujer y su hijo (Pilatos no tuvo hijos en vida; aunque después de muerto ha tenido muchos hijos adoptivos).

Porque la cuestión en causa no era la sedición contra el César - que ellos deseaban con toda el alma, los hipócritas - ni si Cristo había dicho que iba destruir el Templo y reedificarlo en tres días - que ellos sabían no había dicho - ni nada por el estilo. La cuestión real era: ¿Cristo es lo que él dijo o no? Esta es la cuestión más tremenda que se ha puesto en la historia de la humanidad: cuestión de vida o muerte.

Todavía se pone y se pone continuamente; y la prueba son los honestos judíos de Nueva York. El proceso de Cristo se reproduce continuamente en el alma de cada hombre: Cristo es acusado, da testimonio de sí, deponen contra él falsos testigos, malos sacerdotes lo juzgan y condenan, Judas lo besa, inmundos herodes se burlan de él, y muchos pilatillos lo crucificamos. Es la cuestión de un simplicísimo si o no que se produce en lo más profundo del alma: “Sí, es Dios. No, no es mi Dios”. Si no es mi Dios, es reo de muerte… ¡Que desaparezca, que sea crucificado, que sea sepultado y sellado su cadáver y que no sepa más de él ni de su memoria!… Tremendo pensamiento.

Los cristianos creemos que la dispersión secular del pueblo judío - que ahora se está por terminar - es la respuesta a aquella exsecración de los fariseos: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos”. ¿Por qué "sobre nuestros hijos"? ¿No es injusto eso? Aquí hay un misterio. En realidad, todo judío que por su culpa no se vuelve cristiano, da su aquiescencia a la condenación de Cristo; porque ellos tienen en sus manos las Escrituras con todas las profecías (la pieza maestra del proceso, el testigo que no se llamó) y nadie tan bien como ellos puede entender de esta causa. Decir esto parece duro y tremendo; y en realidad lo es. Pero la cuestión es esta: o fue Dios o no fue Dios y no hay evasiva ni respuesta intermedia posible. O blasfemo, o mi Creador y Señor.

Dejemos en paz a los judíos si no es para rogar por ellos, como ruega la Iglesia el Viernes Santo: demasiado han sufrido. Lo malo es la segunda crucifixión de Cristo (“Rursum crucifigentes Filium Dei”) que hacemos los cristianos. En mi propia vida tengo bastante que considerar; pero eso no es para contarlo aquí. Pero en la vida pública de las naciones llamadas cristianas, desde la Reforma acá, un largo e infausto Vía Crucis ejecuta al Cuerpo Místico de Cristo. Los caifas, los judas, los pedros, los herodes, los pilatos se multiplican; y todos los gestos de aquella nefasta hazaña se reproducen simbólicamente: se lo niega, se lo calumnia, se lo impreca, se lo azota y se lo crucifica. Y se lo sepulta.

Las naciones parecen en camino de crucificar nuevamente a Cristo; y de gritar al cielo: “que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

«Hasta el cielo en dolor anegado
llega el grito de un ruego execrable,
cubre el ángel su rostro espantado,
dice Dios: “Yo lo voy a cumplir”.
Y esa sangre, que el padre imprecaba,
a la prole infeliz aún enlima
que hace siglos la lleva y de encima
no la pudo hasta hoy sacudir…
´Padre nuestro, pues tanto le cuesta
por Él cese tu ardor vengativo
de los ciegos la insana respuesta
vuelve en bien, oh piadoso Señor´.
Sí, esa sangre sobre ellos descienda
pero en lluvia que limpie sus lodos.
Todos hemos errado, y de todos
esa sangre redima el error».
3

[Tomado de "El Evangelio de Jesucristo", pp. 195-199]

__________

Notas
1. Esta noticia ha dado origen a una obra dramática: “El proceso de Jesús”, que se está viendo mucho ahora en Buenos Aires.
2. Esta sentencia es de Santo Tomás de Aquino.
3. En la Argentina se ha visto mucho una película “holliwoodense” llamada “El manto sagrado”, en la cual el proceso de Cristo y sus promotores están escamoteados, y la idea que saca el vulgo es que a Cristo lo mataron los romanos; es decir, ¡los fascistas! –y que Cristo murió por la “democracia”. Han aplicado a la teología la técnica de los dibujos animados: el manto (no la “túnica”, que es lo que los soldados echaron a suertes) obra brujerías; pero no se sabe si Cristo es Dios, o qué. La “cinta” está inspirada por ese “neomahometismo culto” que parece ser la teología de una gran parte del pueblo yanqui; conforme a lo que predijo hace más de un siglo y medio el Conde Joseph de Maistre: “El protestantismo vuelto sociniano (negada la divinidad de Cristo) no se diferencia ya esencialmente del mahometismo”.
También se ha visto muchísimo aquí “El Proceso a Jesús” de Diego Fabbri, pieza teatral que como obra de arte es muy deficiente y como sermón en pro de Jesucristo (intención del autor) nos parece ineficaz.

Domingo de Ramos - Leonardo Castellani


Domingo de Ramos
P. Leonardo Castellani


Excelente meditación del sabio P. Castellani. Especial para esta semana santa... y la siguiente... y la siguiente... y la siguiente...


En el Domingo de Ramos se lee durante la misa - y la gente no sabe lo que pasa - la Pasión según San Mateo; y en el curso de la Semana Santa se leen las otras tres “Pasiones”; la de San Juan, se canta. La Iglesia quisiera que toda esta Semana se recordara de continuo y meditara la Pasión de Cristo. Pero para poder hacer eso, hay que ser fraile.

La Iglesia quisiera que se meditara la Pasión de Cristo toda la vida; que eso significan los Crucifijos; y los “Calvarios” que se yerguen sobre todas las montañas y lomas en los países católicogermanos de Europa; meditación a la que no puede agotar ninguna vida de hombre. La actual devoción al “Corazón de Jesús” significa lo mismo: es la Pasión de Cristo contemplada en el interior, es decir, en sus afectos, que fueron infiernados; y en su causa, que fue el Amor; el amor no correspondido. Es decir, los dolores del alma. San Juan es el “scriba ánimæ Christi”, el notario del corazón de Jesús.

Haremos dos comentarios de la Pasión y Muerte de Cristo: uno sobre los dolores de su alma - sobre lo cual escribió un sermón inmortal E. Newman - y otro sobre la legalidad de la muerte de Cristo. Hoy día, después del historiador Gibbons, muchos escritores impíos sostienen que la muerte de Cristo “fue legal”.

Los dolores físicos de Cristo fueron extremos: una verdadera tempestad de horrores. Un día de intenso trabajo, el rito de la Pascua, el largo y emotivo Sermóntestamento después del lavatorio de los pies pedían una noche de sueño: siguió la larga subida al Olivar desde la otra punta de la ciudad, rodeando el Templo: la bajada al Cedrón y la subida a Getsemaní, la doble oración del Huerto en la cual sudó sangre; y el apresamiento lleno de brutalidades; que no otra cosa significan el machetazo de Pedro a Malco y la huida despavorida de los Apóstoles. Después siguió la parada ante el Sanedrín y la bofetada; y las inmundas vejaciones, ultrajes y golpes en la galería de la Curia Sinagogal. Al amanecer Cristo tenía que estar desmayado o muerto; y entonces comienza la real pasión: le quedaban todavía doce horas de torturas sobrehumanas, a saber, los paseos horribles por toda la ciudad, los azotes a la columna (que ellos solos producían la muerte en muchos casos), la coronación de espinas, el acarreo de la cruz, el enclavamiento y las tres horas de espantosa agonía. Hasta la última gota de sangre. Despacio, diabólicamente graduado.

Los dolores de un hombre son una función de su sensibilidad; los dolores físicos al fin y al cabo desembocan en la conciencia, la cual les da su tercera dimensión: por eso un dolor físico cualquiera es infinitamente mayor en un hombre que en un animal. Y por eso la pasión física de Cristo, aunque la suma de las torturas no hubiese sido casi infinita, hubiese sido a causa de su exquisita sensitividad casi infinita; porque Cristo representa con respecto a nosotros algo como nosotros con respecto a un animal. Cristo tenía una cuarta dimensión.

Hay hombres que han sufrido horrores en su vida estando casi incólumes exteriormente: a causa de su sensitividad. El filósofo Kirkegor por ejemplo: yo no he vacilado en estampar hace poco a su propósito la frase sagrada: “enclavaron sus manos y sus pies y contaron todos sus huesos”. Y sin embargo Kirkegor físicamente no sufrió mucho: tenía una pequeña renta para vivir, no tuvo enfermedades agudas, su “wouldbe” suegro lo amenazó una vez con un puñetazo pero no se lo dio, su gigantesco trabajo de escritor (que en 8 ó 10 años produjo una obra que en la actual edición alemana tiene 52 tomos) estaba compensado por el gozo de la creación de obras geniales… Pero Kirkegor era un melancólico, tenía los nervios de un gran artista; y lastimados encima. La lectura de su Diario lo pone poco a poco a uno delante de los dolores de Job; y uno se queda pasmado delante de un verdadero abismo de paciencia. Fue ciertamente un crucificado.

La pasión del Cristo se abre y se cierra con dos frases de dimensión infinita, que indican los dolores del alma de Jesús, que sólo Él podía conocer. Al comenzar dijo: “Mi alma está triste hasta la muerte”; y al terminarla dijo: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”. Estas palabras responden al grito que puso en sus labios el profeta: “Todos los que pasáis por el camino, atended y mirad si hay dolor comparable a mi dolor”.

Estas palabras designan un dolor abismal, casi infinito: la Muerte y el Infierno, que son los dos males supremos, hijos del Pecado. Porque el sentirse real y verdaderamente abandonado por Dios, eso es el Infierno. Y Cristo no exageraba ni mentía.

La primera sangre que derramó Cristo no se la arrancaron los azotes: se la arrancó la tristeza. “Empezó a entristecerse y a atediarse y aterrorizarse”, anota el Evangelista. Vieron visiblemente los Apóstoles en el gesto de Cristo esos tres monstruos (Tristeza, Tedio y Terror) que cayeron sobre Él al ingresar en el Oliveto; y la respuesta del Maestro a su muda o hablada interrogación fue descubrirles su alma “triste hasta la muerte”. La aprensión imaginativa de un gran peligro o un gran dolor –y más de un dolor irremediable– suele atormentar a veces más aún que el mismo hecho: a muchos los ha llevado a la desesperación y al suicidio. Esa es la condición del hombre; pero esa condición, que nos ha sido dada para que luchemos y evitemos la catástrofe, a Cristo le fue dada para mayor tormento. “Y era su sudor como sudor de sangre que corría hasta la tierra”, empapadas las vestiduras por lo tanto. Púrpura real. “¿Quién es éste que viene desde Esrom, enrojecidas sus vestiduras como vestiduras de rey?”.

La tristeza de Cristo tenía tres raíces:
1. El Universal Pecado que había asumido como Cordero Sacrificial pesando asquerosamente sobre su conciencia santísima; 2. La previsión de todos los horrores próximos con la violenta y frustrada voluntad de rehuirlos y evitarlos; 3. La visión clarísima de la ingratitud de la humanidad. "¿Quae utílitas in sánguine meo?" ("¿Para qué ha servido mi sangre?"). ¡Judas!

De nosotros depende que haya servido o no. Podemos consolar el corazón de Dios.

Comenzó a entristecerse…”. Esa tristeza fue aumentando hasta el final, hasta llegar al grito de los condenados. Los Apóstoles no vieron más que la entrada al abismo. Más allá ningún hombre puede seguir al Hombre-Dios.

Es cuestión de recordar la frase ingenua y temeraria del paisano: “Si esto que dicen los curas es verdá, y todo eso fue por mí, yo tengo que hacer alguna cosa muy brava por vos”.
[Tomado de "El Evangelio de Jesucristo", pp 191-194.]
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