viernes, 30 de enero de 2009

Revelación e Inspiración (I) Ubicación del tema - Miguel Antonio Barriola

En torno a la “Revelación e Inspiración” en los libros sagrados de las diferentes religiones
Pbro. Dr. Miguel Antonio Barriola


Exposición realizada en el marco de las actividades de la VI Jornada Bíblica "Jesucristo, único Salvador", realizadas en el Seminario religioso María Madre del Verbo Encarnado en San Rafael, Mendoza (2003).


I – Ubicación del tema

Las oscilaciones entre lo uno y lo múltiple acompañan al hombre desde las más remotas edades. Sus fecundas tensiones, a la vez que las engañosas emboscadas que pueden tender, se patentizan de manera notable en la fe católica, que por su esencia misma es universal, es decir: una, pero siempre en potencia para encarnarse en multitud de culturas e individuos.

Jesús, en efecto, apuntó decididamente hacia la multitud, cuando envió a los suyos a “todas las gentes” (Mt 28,19), pero no menos indicó el único punto amalgamante, del que nunca podría independizarse esa expansión: “enseñándoles a cumplir todo lo que les he mandado” (ibid. v. 20), es decir, no cualquier opinión, moda o reglas de vida, de acuerdo a gustos o inclinaciones culturales, sino “lo que les he mandado”.

La sucesiva historia de la Iglesia en sus diferentes empresas misionales, es testigo de que nunca ha sido una tarea fácil. Ya en el primer milagro pentecostal de las diferentes lenguas, que escuchaban y comprendían “lo mismo”, nos encontramos con la reacción socarrona: “Han tomado demasiado vino” (Hech 2, 13), haciéndose necesaria la aclaración autoritativa de Pedro, entretejiendo en una interpretación unitaria los hilos de la historia anterior, cuya trama más íntima está asegurada por la muerte y resurrección de Jesucristo.

Semejantes encuentros y desencuentros han ido jalonando la tarea misionera en extensa gama de situaciones y pluralidad de latitudes.

Hoy en día, se han agudizado estos problemas, a la luz de la reflexión de fe, balbuceante todavía, pero cada vez más consistente, sobre la “teología de las religiones”.


jueves, 29 de enero de 2009

Escritura y Tradición son el fundamento de la fe - Benedicto XVI


Benedicto XVI: Escritura y Tradición son el fundamento de la fe
Catequesis en la Audiencia General del miércoles


CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 28 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el texto de la catequesis pronunciada este miércoles por Benedicto XVI con ocasión de la Audiencia General, con los peregrinos congregados en el Aula Pablo VI.


* * * * * *

Queridos hermanos y hermanas,

las últimas Cartas del epistolario paulino, de las que quisiera hablar hoy, se llaman Cartas Pastorales, porque se enviaron a figuras singulares de Pastores de la Iglesia: dos a Timoteo y una a Tito, colaboradores estrechos de san Pablo. En Timoteo, el Apóstol veía casi un alter ego; de hecho le confió misiones importantes (en Macedonia: cfr Hch 19,22; en Tesalónica: cfr 1 Ts 3,6-7; en Corinto: cfr 1 Cor 4,17; 16,10-11), y después escribió de él un elogio halagador: "Pues a nadie tengo de tan iguales sentimientos que se preocupe sinceramente de vuestros intereses" (Fil 2,20). Según la Storia ecclesiastica de Eusebio de Cesarea, del siglo IV, Timoteo fue después el primer obispo de Éfeso (cfr 3,4). En cuanto a Tito, también él debía haber sido muy querido al Apóstol, que lo define explícitamente "lleno de celo... mi compañero y colaborador" (2 Cor 8,17.23), es más, "mi verdadero hijo en la fe común" (Tt 1,4). El había sido encargado para un par de misiones muy delicadas en la Iglesia de Corinto, cuyo resultado reconfortó a Pablo (cfr 2 Cor 7,6-7.13; 8,6). Seguidamente, por cuanto sabemos, Tito alcanzó a Pablo en Nicópolis de Epiro, en Grecia (cfr Tt 3,12), y fue después enviado por él a Dalmacia (cfr 2 Tm 4,10). Según la carta dirigida a él, acabo siendo obispo de Creta (cfr Tt 1,5).

Las Cartas dirigidas a estos dos Pastores ocupan un lugar totalmente particular dentro del Nuevo Testamento. La mayoría de los exegetas es hoy del parecer que estas Cartas no habrían sido escritas por el propio Pablo, sino que su origen estaría en la "escuela de Pablo", y reflejaría su herencia para una nueva generación, quizás integrando algún breve escrito o palabra del mismo Apóstol. Por ejemplo, algunas palabras de la Segunda Carta a Timoteo parecen tan auténticas que sólo podrían venir del corazón y la boca del Apóstol.

Sin duda la situación eclesial que emerge de estas Cartas es distinta a la de los años centrales de la vida de Pablo. Él ahora, retrospectivamente, se autodefine "heraldo, apóstol y maestro" de los paganos en la fe y en la verdad (cfr 1 Tm 2,7; 2 Tm 1,11); se presenta como uno que ha obtenido misericordia, porque Jesucristo -escribe así- "manifestase primeramente toda su paciencia y sirviera de ejemplo a los que habían de creer en él para obtener vida eterna" (1 Tm 1,16). Por tanto lo esencial es que realmente en Pablo, perseguidor convertido por la presencia del Resucitado, aparece la magnanimidad del Señor para nuestro ánimo, para inducirnos a esperar y a tener confianza en la misericordia del Señor que, a pesar de nuestra pequeñez, puede hacer cosas grandes. Además de los años centrales de la vida de Pablo, se presuponen también nuevos contextos culturales. De hecho, se hace alusión al surgimiento de enseñanzas consideradas totalmente equivocadas o falsas (cfr 1 Tm 4,1-2; 2 Tm 3,1-5), como las de quienes pretendían que el matrimonio no fuese bueno (cfr 1 Tm 4,3a). Vemos qué moderna es esta preocupación, porque también hoy se lee a veces la Escritura como objeto de curiosidad histórica y no como Palabra del Espíritu Santo, en la que podemos escuchar la misma voz del Señor y conocer su presencia en la historia. Podríamos decir que, con este breve elenco de errores presente en las Cartas, aparecen anticipados algunos esbozos de esa orientación errónea sucesiva que conocemos por el nombre de Gnosticismo (cfr 1 Tm 2,5-6; 2 Tm 3,6-8).

lunes, 26 de enero de 2009

Escritura, Tradición y Magisterio - Mons. Francisco Pérez González


Escritura, Tradición y Magisterio
Mons. Francisco Pérez González


Arzobispo de Pamplona, Obispo de Tudela y Director de Obras Misionales Pontificias en España


En este momento podemos recordar lo que decía Juan Pablo II en la Exhortación Apostólica “Ecclesia in Europa” (nº 45): “El Evangelio de la esperanza, entregado a la Iglesia y asimilado por ella, exige que se anuncie y testimonie cada día. Esta es la vocación propia de la Iglesia en todo tiempo y lugar… ¡Iglesia en Europa! Te espera la tarea de la ‘nueva evangelización’. Recobra el entusiasmo del anuncio”.

Hoy día se percibe entre los cristianos la necesidad de una gran reflexión a cerca de la Palabra de Dios. Así lo ha puesto de manifiesto la consulta que el Santo Padre quiso hacer al episcopado mundial, hace tres años, acerca del tema que interesaría afrontar en la próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos. Como es sabido, la mayor parte de las respuestas coincidían en proponer la Palabra de Dios como argumento central para la reflexión. Por eso, atendiendo al deseo prioritario de las Iglesias particulares, dado a conocer en esas respuestas de los Obispos, sus Pastores, Benedicto XVI propuso que la Asamblea General que se reunirá en Roma durante el próximo mes de octubre tratase sobre La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia.

Este interés por la Palabra de Dios, actualmente muy vivo en la sensibilidad cristiana, ha aflorado de modo espontáneo, en más de una ocasión, durante los encuentros del Papa con gente joven, en los que, de un modo u otro, se van planteando muchas de las preguntas que la gente de la calle se hace acerca de las grandes cuestiones de la fe y de la vida cristiana.

En una de esas ocasiones, con motivo de la preparación de la 21º Jornada Mundial de la Juventud, el 6 de abril de 2006, Benedicto XVI se reunió en la Plaza de San Pedro con un grupo numeroso de jóvenes de Roma y del Lazio [1]. En ese encuentro, un chico de 21 años, estudiante de ingeniería química en la Universidad de “La Sapienza” le exponía con sencillez sus inquietudes con estas palabras:

«Ante las preocupaciones, las incertidumbres con respecto al futuro e incluso simplemente cuando afronto la rutina de la vida diaria, también yo siento la necesidad de alimentarme de la palabra de Dios y conocer mejor a Cristo, a fin de encontrar respuestas a mis interrogantes. A menudo me pregunto qué haría Jesús si estuviera en mi lugar en una situación determinada, pero no siempre logro comprender lo que me dice la Biblia. Además, sé que los libros de la Biblia fueron escritos por hombres diversos, en épocas diversas y todas muy lejos de mí. ¿Cómo puedo reconocer que lo que leo es, en cualquier caso, palabra de Dios que interpela mi vida?»

La respuesta de Benedicto XVI fue bien esclarecedora desde sus primeras frases:

«Un primer punto: Es preciso leer la sagrada Escritura no como un libro histórico cualquiera, por ejemplo como leemos a Homero, a Ovidio o a Horacio. Hay que leerla realmente como palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios. Al inicio hay que orar, hablar con el Señor: “Ábreme la puerta”. Es lo que dice con frecuencia san Agustín en sus homilías: “He llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quiere decir”».

Y, a continuación, añadía:

«Un segundo punto es: la sagrada Escritura introduce en la comunión con la familia de Dios. (…) Y un tercer punto: si es importante leer la sagrada Escritura con la ayuda de maestros, acompañados de los amigos, de los compañeros de camino, es importante de modo especial leerla en la gran compañía del pueblo de Dios peregrino, es decir, en la Iglesia».

El Papa mostraba así, de un modo claro y pedagógico, que entre Sagrada Escritura e Iglesia, hay una íntima relación, desde la que cada una de ellas se comprende en plenitud.

Y continuaba explicando de qué modo se puede interpretar adecuadamente la Biblia para atender en ella a la Palabra de Dios que interpela:

«Escuchando a Dios se aprende a escuchar la palabra de Dios, y luego también a interpretarla. Así se hace presente la palabra de Dios, porque las personas mueren, pero el sujeto vital, el pueblo de Dios, está siempre vivo y es idéntico a lo largo de los milenios: es siempre el mismo sujeto vivo, en el que vive la Palabra».

El mismo Benedicto XVI había querido explicar, en otra ocasión, las consecuencias que se siguen, a la hora de interpretar la Biblia, de la íntima relación entre la Iglesia y la Palabra de Dios. Fue en la ceremonia de toma de posesión de la Basílica de Letrán, en los primeros días de su pontificado:

«En la Iglesia, la Sagrada Escritura –cuya comprensión crece bajo la inspiración del Espíritu Santo– y el ministerio de la interpretación auténtica –conferido a los apóstoles–, se pertenecen mutuamente de manera indisoluble. Allí donde la Sagrada Escritura es extraída de la voz viva de la Iglesia, se convierte en víctima de las disputas de los expertos. Ciertamente todo lo que éstos pueden decirnos es importante y precioso; el trabajo de los sabios nos es de notable ayuda para poder comprender el proceso vivo con el que creció la Escritura y comprender así su riqueza histórica. Pero la ciencia por sí sola no puede ofrecernos una interpretación definitiva y vinculante; nos es capaz de darnos, en la interpretación, esa certeza con la que podemos vivir y por la que también podemos morir. Para ello se necesita la voz de la Iglesia viva, de esa Iglesia confiada a Pedro y al colegio de los apóstoles hasta el final de los tiempos» [2].

Sobre esta cuestión es sobre la que quisiera compartir con ustedes ahora algunas reflexiones. Es decir, sobre la Palabra de Dios recibida en la Iglesia, sobre su proclamación en cada momento de la historia, y sobre la tarea que compete a Pedro y al colegio de los apóstoles para que esa Palabra se haga vida hasta el fin de los tiempos.

jueves, 22 de enero de 2009

¿La Biblia o la Tradición? Una contraposición poco bíblica


¿La Biblia o la Tradición?
Una contraposición poco bíblica


Cortesía de Catholic Answers


Los Reformadores Protestantes decían que la Biblia es la única fuente de las verdades de la fe, y que para entender su mensaje había tan solo que leer las palabras del texto. Es lo que se llama la teoría protestante de la sola scriptura, o en español "solamente la Biblia". Según esta teoría, ninguna autoridad no bíblica puede imponer una interpretación, y ninguna institución extrabíblica -por ejemplo la Iglesia- ha sido establecida por Jesucristo para hacer las veces de árbitro en caso de conflictos de interpretación.

Como buenos herederos de los Reformadores, las sectas fundamentalistas trabajan sobre la base de esta teoría, y no pierden oportunidad para sacar a relucir su principio, que por otro lado parecería ser su arma mas efectiva, algo que ellos aceptan como el fundamento indiscutible de sus puntos de vista.

Sin embargo, no hay cosa más difícil en el diálogo con los fundamentalistas que querer hacerlos demostrar porqué creen ellos en el principio de que la Biblia solamente, separada de toda otra fuente de autoridad, sea suficiente en cuestiones de fe. La cuestión se reduce a saber cuál es el motivo que un Fundamentalista tiene para creer que la Biblia es un libro inspirado, pues es obvio que ella puede tomarse como regla de fe solamente en el caso que pueda ser comprobada su inspiración, y por ende su inerrancia.

Claro que se trata de una cuestión que no preocupa demasiado a la mayoría de los cristianos, y ciertamente son pocos los que le ha brindado atención alguna vez. En general se cree en la Biblia porque es el libro aceptado por todos los cristianos, cuya autoridad no se discute; aún vivimos en tiempos en los que los principios cristianos influyen en la cultura y en el medio en el que vive la mayoría de la gente.

Un cristiano tibio que no daría ni la más mínima credibilidad al Corán, pensaría dos veces antes de hablar mal de la Biblia, ya que esta goza de cierto prestigio, aún cuando no pueda explicarla ni entenderla demasiado. Podría decirse que esa persona acepta la Biblia como inspirada -cualquiera sea su entendimiento de la inspiración- por razones de tipo cultural, razones que, sin duda, son de escaso o ningún valor, ya que por las mismas razones el Corán debería ser tenido como inspirado en países de cultura musulmana.


"Para mí es motivo suficiente"

Dígase lo mismo ante quien sostiene que la familia en la que uno vino al mundo siempre tuvo la Biblia como libro inspirado, y "para mí eso basta". Sería un buen motivo solamente para aquel que no pueda hacer un trabajo de reflexión serio, y no debemos nunca despreciar una fe sencilla, sostenida sobre fundamentos más bien débiles. Pero sea como sea, la mera costumbre familiar o local no puede establecerse como la base para creer en la inspiración divina de la Sagrada Escritura.

Algunos sectarios dicen que la Biblia es un libro inspirado porque "es un libro que inspira". Pero la palabra inspiración es precisamente lo que se quiere probar, y tengamos en cuenta que hay muchos escritos religiosos y muy antiguos que ciertamente son mas "inspirados" o "emotivos" que muchos textos, incluso libros enteros, del Antiguo Testamento. No es falta de respeto afirmar que ciertas partes de los escritos sagrados son tan áridos como lo serían las estadísticas militares; ¡y algunas partes de la Biblia (Antiguo Testamento) son eso, estadísticas militares!

Por ello concluyamos que no es suficiente creer en la Sagrada Escritura por motivos culturales o por costumbre, ni tampoco por sus textos emotivos o su belleza espiritual: hay otros libros, algunos totalmente seculares, que sobrepasan en belleza poética muchos pasajes de la Escritura.


¿Qué dice la Biblia de sí misma?

¿Y qué decir de lo que la misma Biblia enseña sobre su inspiración? Notemos que son muy pocos los pasajes donde la Biblia misma enseña su inspiración, aunque sea de modo indirecto, y la mayoría de los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento no dicen absolutamente nada sobre su inspiración. De hecho ningún autor de los libros del Nuevo Testamento dice estar escribiendo bajo el impulso del Espíritu Santo, excepto San Juan al escribir el Apocalipsis.

Además, en el supuesto caso de que cada libro de la Biblia comenzase con la frase: "Este libro es inspirado por Dios", semejante frase no probaría nada: el Corán dice estar inspirado, el Libro del Mormón, varios libros de algunas religiones orientales. Es más, los libros de Mary Baker Eddy, la fundadora de la Ciencia Cristiana, y de Ellen G. White, fundadora del Adventismo del Séptimo Día se auto-declaran inspirados. Se puede concluir, con bastante sentido común, que el hecho de que un escrito se atribuya cualidades de inspiración divina no quiere decir que así lo sea.

Al fallar estos argumentos, muchos fundamentalistas retroceden y nos afirman que "el Espíritu Santo me dice claramente que la Biblia es inspirada", una noción bastante subjetiva, por decir lo menos, muy afín con aquella otra, tan común entre los sectarios, de que "el Espíritu Santo los guía para interpretar las Escrituras". Y así, el autor anónimo del artículo "Cómo puedo entender la Biblia", un folleto distribuido por la organización evangélica "Radio Bible Class" enlista doce reglas para estudiar la Biblia. La primera es "Busca la ayuda del Espíritu Santo. El Espíritu fue dado para iluminar las Escrituras y hacerlas revivir para ti cuando la estudies: deja que te guíe".

Si con esta regla se entiende que cualquier persona que pida a Dios guía para interpretar la Biblia recibirá esa guía de lo alto -y en este sentido lo entienden la mayoría de los fundamentalistas- entonces la multiplicidad de interpretaciones contrarias y contradictorias, aún entre los mismos Fundamentalistas, daría la preocupante sensación de que el Espíritu Santo no ha estado haciendo bien su trabajo...

miércoles, 21 de enero de 2009

Sagrada Tradición y Sagrada Escritura - Juan Pablo II


Sagrada Tradición y Sagrada Escritura
Juan Pablo II


Catequesis del 24 de Abril de 1985



1. ¿Donde podemos encontrar lo que Dios ha revelado para adherirnos a ello con nuestra fe convencida y libre?. Hay un "sagrado depósito", del que la Iglesia toma comunicándonos sus contenidos.

Como dice el Concilio Vaticano II: "Esta Sagrada Tradición con la Sagrada Escritura de ambos Testamentos, son el espejo en el que la Iglesia peregrina contempla a Dios, de quien todo lo recibe, hasta el día en que llegue a verlo cara a cara, como El es" (Dei Verbum, 7).

Con estas palabras la Constitución conciliar sintetiza el problema de la transmisión de la Revelación Divina, importante para la fe de todo cristiano. Nuestro "credo", que debe preparar al hombre sobre la tierra a ver a Dios cara a cara en la eternidad, depende en cada etapa de la historia, de la fiel inviolable transmisión de esta auto-revelación de Dios, que en Jesucristo ha alcanzado su ápice y su plenitud.

2. Cristo mandó "a los Apóstoles predicar a todo el mundo el Evangelio como fuente de toda verdad salvadora y de toda norma de conducta, comunicándoles así los bienes divinos" (n. 7). Ellos ejecutaron la misión que les fue confiada ante todo mediante la predicación oral, y al mismo tiempo algunos de ellos "pusieron por escrito el mensaje de salvación inspirados por el Espíritu Santo" (n. 7). Esto hicieron también algunos del círculo de los Apóstoles (Marcos, Lucas).

Así se formó la transmisión de la Revelación divina en la primera generación de cristianos: "Para que este Evangelio se conservara siempre vivo e integro en la Iglesia, los Apóstoles nombraron como sucesores a los obispos, dejándoles su función en el magisterio (S. Ireneo)" (n. 7).

3. Como se ve, según el Concilio, en la transmisión de la divina Revelación en la Iglesia se sostienen recíprocamente y se completan la Tradición y la Sagrada Escritura, con las cuales las nuevas generaciones de los discípulos y de los testigos de Jesucristo alimentan su fe, porque "lo que los Apóstoles transmitieron . comprende todo lo necesario para una vida santa y para una fe creciente del Pueblo de Dios" (n. 8).

"Esta Tradición apostólica va creciendo en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo; es decir, crece la comprensión de las palabras y de las instituciones transmitidas cuando los fieles las contemplan y estudian repasándolas en su corazón, cuando comprenden internamente los viven, cuando las proclaman los obispos, sucesores de los Apóstoles en el carisma de la verdad. La Iglesia camina a través de los siglos hacia la plenitud de la verdad, hasta que se cumplan en ella plenamente las palabras de Dios" (n. 8).

Pero en esta tensión hacia la plenitud de la verdad divina la Iglesia bebe constantemente en el único "depósito" originario, constituido por la Tradición apostólica y la Sagrada Escritura, las cuales "manan de una misma fuente divina, se unen en un mismo caudal, corren hacia el mismo fin" (n. 9).

jueves, 27 de noviembre de 2008

Carta Abierta a Monseñor Carmelo Juan Giaquinta

El Nacionalismo Católico y el Reino de Dios
Mario Caponnetto


Carta Abierta a Monseñor Carmelo Juan Giaquinta


Buenos Aires, 27 de noviembre de 2008


A S Excia. Revma.
Monseñor Carmelo Juan Giaquinta
Arzobispo Emérito de Resistencia


Monseñor:

El Boletín de la Agencia Católica Argentina (AICA) en su edición del día de hoy, trae el texto íntegro de la homilía pronunciada por usted el pasado domingo 23 de noviembre, Festividad de Jesucristo Rey del Universo.

De acuerdo con la versión de dicha Agencia, en esa ocasión dijo usted: “El cristiano en cuanto ciudadano ha de trabajar por una sociedad justa según la opción política que le parezca más conducente al bien común. Pero ha de saber que el Reino de Dios no se identifica con ninguna opción política partidaria. Inspira lo que hay de bueno en todas ellas, pero las somete a todas a juicio permanente, pues éstas sufren la tentación de convertirse en un ídolo al que hay que sacrificar todo. Digámoslo con claridad: el reino de Dios no pasó por la propuesta nacionalista de la Argentina católica. Ni por el PJ montonero. Ni por el marxismo. Ni por el capitalismo. Tampoco pasó por la propuesta de Bush. Ni pasará ahora por la de Obama”. 

Si de hablar con claridad se trata, Monseñor, se ha de admitir que sus palabras, lejos de llevar claridad a los fieles, llevan más bien confusión. No se puede, no se ajusta a la verdad ni es honesto, poner en un plano de igualdad (como si se tratara de cosas equiparables) al Nacionalismo Católico y a ideologías como el marxismo, el capitalismo, los montoneros, Bush, Obama. Y esto por una sola y fundamental razón: porque mientras las ideologías mencionadas intentan, o bien reducir el Reino de Dios a meras categorías temporales y sociológicas (teología de la liberación, por caso) o bien sustituir ese Reino por alguna utopía demasiado humana (tal el marxismo), el Nacionalismo Católico, en cambio, entiende que, sin mengua de su legítima autonomía, el orden temporal ha de reconocer la Soberanía de Dios y la Realeza de Jesucristo. Dos cosas muy distintas, como se ve.

domingo, 12 de octubre de 2008

Seguiremos Celebrando el 12 de Octubre - Virginia Gristelli

Seguiremos Celebrando el 12 de Octubre
M. Virginia O. de Gristelli


El enemigo sabe bien dónde apuntar, cuando clava con saña el hacha en la raíz. Ya ha adormecido a varias generaciones de americanos con falsificaciones marxistas y leyendas negras antiespañolas, para asesinar el ser americano, pues no se trata de otra cosa, cuando se quita el alma.

¿Que la raíz indígena, blablabla?... Sí, claro... Parece que en verdad nos hubieran sitiado los fantasmas de las víctimas, apenas arrancados sus corazones para los ídolos, pretendiendo volver a nuestra tierra al infierno del paganismo del que María de Guadalupe la salvó amorosamente. Y a América se la salvó no “cambiándole” sino otorgándole un alma, con el ser bautizada aquel 12 de octubre, puesto que no podemos hablar de un alma viva previa a la Conquista, si no era para Cristo y la Verdad revelada. Como todo bautismo -sacramento “de muertos”- que rescata y resucita al alma de la muerte en que se halla sumida por el pecado original, ciertamente aquí yacía un continente en espera de la Luz sin ocaso. “El mayor genocidio en la historia de la Humanidad”, califican nuestros legisladores porteños, lo que Francisco López de Gomara ha definido como “La mayor cosa después de la creación del mundo, sacando la Encarnación y Muerte del que lo crió”. Nosotros antepondríamos además, solamente el día de la Inmaculada Concepción. Locura y escándalo para los gentiles, sin duda, y para nosotros, Historia Sagrada, ni más ni menos.

Demasiado abismal la diferencia, como para confundirnos, ¿no? Y sin embargo, lamentablemente, muchos católicos están muy confundidos, y hoy son insensiblemente arrastrados por la corriente. Es por eso tal vez que muy seguros de sí, en la resolución de la Legislatura porteña de dejar de celebrar esta fecha, se declara que “hoy en día resulta una discusión inútil plantear el tema del “encuentro de dos culturas”, o hablar del “descubrimiento de América”. Sin embargo, no está de más refrescar datos y hechos que a la luz de los tiempos son argumentos inobjetables para plantearnos en la actualidad una actitud de reflexión frente al 12 de octubre...”. Porque bajo el imperio democrático de Gramsci se han hecho “bien los deberes”, y tal vez queden pocos católicos dispuestos a discutir y combatir por estos temas.

Pues nosotros instamos a la necesidad imperiosa de sostener hasta el cansancio esa discusión, y de librar ese combate. Porque ante los genuflexos de las Constituciones liberales de turno, y de todas las Convenciones Internacionales, NO reconocemos la “preexistencia ética y cultural de los pueblos indígenas” (cf. Const. Nacional, art. 75, 17) sino la “preexistencia del Designio Salvador de la Divina Providencia”, que jamás puede darse en la esclavitud de las idolatrías ni del paganismo. Consecuentemente, mientras que para los Legisladores la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial tiene “jerarquía superior a las leyes” (id., art. 17, 22), para nosotros la suprema jerarquía no puede residir sino en el Decálogo, ante cualquier ley humana, y es en la conformidad con él, y con el Orden y el Derecho Natural, donde se refuerzan y legitiman, en última instancia. Por más “cara de foto” que pongamos, si somos coherentes, no puede decirse que como católicos podamos adherir a los postulados citados de la nueva Carta Magna. Si no quisiéramos esconder la cabeza como el avestruz, comprenderíamos que al señalar en ella (ibid. Art. 7) que los Estados “se comprometen a tomar medidas inmediatas y eficaces, especialmente en las esferas de la enseñanza, la educación, la cultura y la información, para combatir los prejuicios que conduzcan a la discriminación racial y para promover la comprensión, la tolerancia y la amistad entre las naciones y los diversos grupos raciales y étnicos”, veladamente se está dirigiendo toda la política hacia una dictadura del relativismo y sincretismo que de ningún modo podremos admitir, porque con la palabrita mágica paralizadora de las conciencias, “discriminación racial”, lo único que se discrimina es la identidad católica, si como tal ésta pretende señalar su supremacía frente al Corán o al Talmud, por ejemplo (¡y no se trataría, por supuesto, de cuestiones “raciales”!).

Huelgan comentarios muy extensos a la reciente resolución de la legislatura de la Ciudad de Buenos Aires que concluye afirmando "...creemos necesario de una vez por todas, llegada una nueva fecha de octubre, decir “No” enérgicamente a la celebración del 12 de octubre como “Día de la Hispanidad” o “Día de la Raza”. El 12 de octubre no hay nada a celebrar".

Asumámoslo sencillamente, pues: no podemos, tal como están las cosas, ser “políticamente correctos”. Y en cambio, ¿por qué no tratar en todo caso de ser “religiosamente coherentes”?... Respondiendo entonces, SÍ ENÉRGICAMENTE: CELEBRAREMOS CADA VEZ MÁS.

Hoy la Iglesia nos exhorta a una Nueva Evangelización, y a nosotros nos surge una pregunta: ¿es posible acometerla eficazmente a partir del olvido, de la traición a la justa memoria y de la ingratitud? ¿Cómo es posible, digo, ser fieles al imperativo de re-evangelizar América, cediendo ante el imperio de la mentira marxista y liberal, entregando sin chistar nuestras conciencias? Espigando las Sagradas Escrituras podemos concluir en la certeza de que Dios no puede bendecir la ingratitud, y por otra parte, la virtud de la piedad nos impone como deber sagrado la honra de nuestros padres, extensivo a nuestros padres en la fe; a quienes les debemos nuestra vida espiritual. Atentos pues a ello, ¿puede pasar inadvertido para un católico americano, el eterno vínculo que nos une a la España católica -la España genuina, por cierto- y a todos los pueblos junto a los cuales formamos la bendita Hispanidad? ¿Puede ser que en estos tiempos tan ansiosos por salir a “misionar” se silencie indiferentemente el día en que LA misión se hizo milagro patente, arrasador, constituyéndose para siempre los arquetipos magníficos del misionero, del apóstol, y del cristiano militante? ¿Evangelizar en América dando la espalda a los santos apóstoles que nos precedieron de un modo eminente, sólo explicable recurriendo a las maravillas inagotables de la gracia? Parece necedad, por lo menos.

Y no obstante... hoy, 12 de octubre de 2008, se nos repiten frases como que “hace años venimos buscando ‘cómo ser Iglesia’, para vivir en hondura nuestra vocación del servicio evangelizador (...)”; de la “necesidad de mirarnos para poder renovar nuestro fervor apostólico, discernir en la acción, abrirnos con docilidad al Espíritu, salir a las periferias”; se nos insta a una Renovación del compromiso misionero: “recorrer juntos un itinerario de conversión, renovar el ardor misionero y confianza plena en el Señor y disponibilidad a repensar y reformar muchas estructuras pastorales para ser mejores discípulos misioneros”. Y en este año paulino nosotros insistimos: ¿es que en medio de tanta palabra bonita, a nadie se le ocurre MIRAR HACIA LOS MODELOS, o al menos enterar a los jóvenes de su mera existencia? ¿Es que los santos americanos que dejaron su palabra, su vida y su sangre en ocasiones, no tienen ya nada que enseñarnos, pretendiendo que el Espíritu Santo nos enseñe “recetas magistrales” en dinámicas de grupos? ¿Se cree realmente en la Comunión de los santos, y en la eficacia intercesora de quienes habiendo ya “llegado a puerto” pueden realmente iluminar nuestras sendas desde el cielo, si somos fieles en invocarlos? A menudo se oyen lamentos acerca de la ignorancia doctrinal que aqueja a los jóvenes misioneros, junto a la más bella intención, y los celosos “lobos” (que no pastores) que los orientan se escudan en el consabido “su tarea es lo popular”, y “hay que dar prioridad a la urgencia pastoral”. Concedamos un poco... ¡pero ni eso! Que ya sabemos bien que hay pocas cosas más sencillas y eficaces para animar la religiosidad popular, como el proponer ejemplos concretos de vidas de santos. Pero no se conocen, porque no interesa conocerlos, pareciera. Si al fin y al cabo... nosotros tenemos la “nueva teología”, y entonces seguramente los viejos santos americanos suenan a “preconciliares”... ¡a ver si nos encontramos con algún intolerante que viniera a hablar de una única Verdad, o del Cielo y del Infierno! Santa Rosa, San Pedro Claver, San Luis Beltrán, San Francisco Solano, Santo Toribio de Mogrovejo, S. Martín de Porres, santo padre Pro, Toribio Romo y mártires cristeros, María Antonia de Paz y Figueroa; Hernán Cortés, sí; el apóstol innombrable! No podemos resistir, de paso, a la tentación de referir aquí una cita acerca de su reacción (de verdadera misericordia, propiamente hablando), al comprobar el estado de esclavitud espiritual en que vivían los indígenas:

viernes, 22 de agosto de 2008

El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología


El Pbro. Ariel Álvarez Valdés no podrá enseñar Teología



Santiago del Estero, 22 Ago. 08 (AICA).- El obispo de Santiago del Estero, monseñor Francisco Polti Santillán, retiró al presbítero Ariel Álvarez Valdés las licencias para enseñar Teología, publicar sus notas y artículos y usar los medios de comunicación social, al tiempo que lo exhorta a revisar su actitud, para el bien de toda la Iglesia, y de un mayor y fructuoso servicio ministerial. La medida fue tomada, según la Secretaría de Prensa del Obispado santiagueño, debido a que “algunas de sus afirmaciones causan perplejidad y llevan a pastores y fieles a preguntarse si dichas afirmaciones son compatibles con la enseñanza del Magisterio auténtico de la Iglesia”.


Comunicado del Obispado de Santiago del Estero

La Secretaría de Prensa del Obispado de Santiago del Estero informa que, ante la publicación en medios de comunicación locales de informaciones inexactas relativas a la supuesta situación canónica del Pbro. Dr. Ariel Álvarez Valdés, sacerdote incardinado en esta diócesis, el Obispado de Santiago del Estero se ve en la necesidad de aclarar a los fieles católicos de la diócesis y a la opinión pública en general:

lunes, 10 de septiembre de 2001

Retractación del Padre Ariel Álvarez Valdés


Retractación del Padre Ariel Álvarez Valdés
Difundida en AICA


Santiago del Estero, SET 10, 2001 (AICA): La Congregación para la Doctrina de la Fe, que preside el cardenal Joseph Ratzinger, propuso a AICA para que difundiera la retractación de un sacerdote de la diócesis de Santiago del Estero. La proposición le fue comunicada a AICA por el obispo diocesano, monseñor Juan Carlos Maccarone, en carta del 4 de setiembre de 2001. Al mismo tiempo el aludido sacerdote solicitó a AICA dicha publicación. Ambas cartas y el texto de la retractación se publican a continuación:


Carta de Monseñor Maccarone

“La importancia que la Agencia Informativa Católica Argentina (AICA) ha ido adquiriendo en la vida de la Iglesia de nuestro país, hace que sea reconocida y valorada como un medio idóneo en la tarea de difusión de información al servicio de la verdad. Es por eso que, a la hora de sugerir un medio de comunicación adecuado, la Congregación para la Doctrina de la Fe propuso a AICA para que pudiese difundir la retractación de un sacerdote de esta Diócesis en relación a un tema doctrinal.

“Es por eso que le envío una copia de la retractación del Pbro. Ariel Alvarez Valdés de las afirmaciones contenidas en el artículo titulado “¿El Diablo y el Demonio son lo mismo?”, y le pido que, en la medida de sus posibilidades, pueda dar a conocer este texto.”


Carta del presbítero Alvarez Valdés

Con fecha 19 de julio, la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe me pidió que en alguna revista o boletín católico publicara el siguiente texto de retractación. Con tal motivo me permito hacérselo llegar a usted, a fin de que vea la oportunidad de publicarlo en el boletín de AICA.

Texto de la “Retractación

En el mes de diciembre de 1995 publiqué un artículo de divulgación bíblica, titulado “¿EL DIABLO Y EL DEMONIO SON LO MISMO?”. En dicho artículo yo afirmaba que:

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