viernes, 23 de octubre de 2009

La historia y María Antonieta - Rubén Calderón Bouchet

La historia y María Antonieta
Rubén Calderón Bouchet


El 16 de Octubre se cumplió un aniversario de la muerte de María Antonieta, símbolo de la realeza humillada por la revolución. Rubén Calderón Bouchet la evoca a raiz de profundas y simples reflexiones sobre la historia.


Partimos de un hecho que es imposible discutir: el pasado no puede ser vivido en la memoria por mucha fidelidad que ésta ponga en el sostenimiento de sus recuerdos y, el acto mismo de recordar, es hacer una cierta selección de las circunstancias vividas que sólo retiene algunos aspectos de una realidad que se complace en escapar por todas las pendientes como un estanque desbordado.

Si pretendemos, más allá de la memoria personal, traer a la mente pasajes de una época que no hemos vivido y a la que podemos asomarnos a través de las memorias o documentos dejados por otros, la posibilidad se hace todavía más difícil y resulta absolutamente imposible escapar a las exigencias de evocar una suerte de sueño creado casi totalmente por la fantasía. Trato de atenuar la extensión del adverbio totalmente por respeto a los documentos que dirigen la faena de la imaginación y permiten distinguir lo que consideramos una obra histórica de una ficción novelesca en la que los pormenores del suceso son el producto de nuestra capacidad creadora.

Sarmiento vio desfilar por la ciudad de San Juan a los soldados de Facundo. Hasta que punto sus prejuicios, sus temores, las ideas que con el transcurso del tiempo y el carácter de sus estudios se forjó sobre la personalidad de Facundo, influyeron sobre esa visión que tiene todo el aspecto de ilustrar el tema de la barbarie en su famosa lucha por la civilización y el progreso. Una visión objetiva del pasado en la que no aparezca para nada el calor de las pasiones que alimentan nuestros recuerdos o la evocación de sucesos que no hemos vivido personalmente pero ante los cuales no permanecemos indiferentes, es absolutamente imposible y, si por casualidad se diera, la frialdad de los hechos evocados harían caer el libro de nuestras manos como si estuviéramos leyendo una guía telefónica.

La historia es vida y su persistencia en el presente desde el cual se la evoca es tanto más patente cuanto más vital la recepción hecha por el historiador. Pero aquí conviene distinguir entre la continuación de un discurso partidario y la exposición hecha por un analista capaz de descubrir el sesgo pasional de los protagonistas y exponer sus puestas con la vivacidad del que puede ponerse en todas o casi todas las situaciones, que el complejo ámbito de la historia permite vivir. Michelet tenía todas las condiciones requeridas para meternos en un trozo de la historia de Francia y hacernos vivir apasionadamente los momentos evocados por su pluma. Pero era fundamentalmente un orador y un orador que continuaba el discurso de Dantón y convertía la toma de La Bastilla en el símbolo de una gigantomaquia en la que luchaban dos fuerzas míticas: el Pueblo y la Opresión.

Como los que combaten en la realidad son hombres y no entelequias, el discurso de Michelet pudo ejercer un fuerte influjo en los que todavía estaban bajo la sugestión de tales entidades, pero dejan completamente fríos a los que quieren, más allá de los símbolos, penetrar en los entresijos de las auténticas nociones humanas. Si, entendemos: el pueblo y la opresión, pero también sabemos que la Bastilla era una cárcel para gente selecta y en donde nunca hubo hombres del pueblo propiamente dicho, por eso conviene hacer unos retoques al discurso de Michelet y bregar por un poco más de claridad en la reconstitución del evento.

Esto indudablemente puede lograrse y basta penetrar con alguna sagacidad en la documentación existente y evitar, dentro de lo que nos es posible, asumir una actitud decididamente partidaria. Es cierto: el punto de mira de las estrellas, no es el de los hombres, pero es aquí donde el catedrático debe apelar a la ironía para poder responder, con una sonrisa, de la posible parcialidad de su enfoque. Fui siempre un enamorado de María Antonieta y nunca, en mi fuero íntimo, me permití dudar de la honesta integridad de su conducta pero es indudable que el Conde de Fersen vivió más cerca de ella que yo y su enamoramiento pudo ser menos platónico que el mío. No obstante, asumo la responsabilidad de que pudo existir entre ambos, un sentimiento de noble abnegación por parte del caballero y de una discreta complacencia sentimental por parte de la dama.

Historiadores tan decentes como Bernard Fäy ponen en rigurosa duda la existencia de tan sublimes relaciones, pero yo no, y apelo a esa página de amor que escribió Edmundo Burke para recordarla en el esplendor de su juventud, cuando era una niña de quince o dieciséis años y apareció ante sus ojos en el marco luminoso de un Versalles que todavía no había conocido el dolor del vejámen revolucionario.

“It is now sixteen or seventeen years old I saw the queen of France, then the dauphiness, at Versaiiles; and surely never lighted on this orb, which she hardly seemed to touch, a more delightful vision!”.

Claro, Burke era irlandés y esta raza ha sido completamente arruinada por su persistencia en seguir siendo católica cuando ya el asunto no era de estación. Se me dirá que Burke fue protestante y esto es muy cierto, pero hijo de una católica estuvo siempre comprometido un poco con la mentalidad papista y si no, que lo diga esa página sobre la desdichada reina de Francia y muchas otras que jalonan sus reflexiones sobre la Revolución Francesa y que obedecen a un punto de mira irrevocablemente contrario al de cualquier buen protestante.

Persisto en mis trece: no cualquiera pude evocar una reina sin cometer algunas felonías típicas de la mentalidad demo liberal tan cara a nuestra época. Hollywood las fabrica a piacere y la pobre muchacha que las encarna a su debido tiempo y que ha sido criada en algún pupilaje harto complaciente con las debilidades sexuales, no encuentra ningún inconveniente en suponer que la primera dama del Reino de Francia era de tan frágil arcilla como ella misma y estaba siempre dispuesta a complacer a un súbdito con la dádiva de un órgano que le había sido dado para su solaz y capricho.

¿Es que parir un rey es tan diferente a parir un quidam cualquiera? Aquí resulta conveniente poner un poco de atención a eso que llamamos los condicionamientos culturales y que generalmente nos sirven para justificar algunas manías homosexuales en detrimento de esa fijación en el sexo que atribuimos a dichos condicionamientos. Pero si es la cultura la que nos hace hombres y mujeres, ¿por qué no pensar que puede también forjar reyes y reinas, con saludables diferencias en sus actitudes específicas?.

No ve quien quiere sino quien puede y esta afirmación que se impone por el peso de su evidencia, se complica un poco sin perder veracidad, cuando trasladamos nuestra visión al campo de los hechos históricos. A prima facie los acontecimientos que nos ofrecen los datos existentes, pocos o muchos, no difieren esencialmente de aquellos que nos toca presenciar en nuestra vida cotidiana: hombres y mujeres movidos por sus ambiciones, sus orgullos, sus apetitos o sus temores, debatiéndose en un ámbito cuyo decorado puede ser muy diferente al que frecuentamos, sin que el cambio del marco se traslade a la naturaleza de los protagonistas.

No obstante las notas comunes de nuestros comportamientos, tenemos que tomar en consideración las preferencias valorativas de cada época y saber apreciar los signos que impone la educación recibida en los diversos grados de la escala social. Si carecemos de la sensibilidad que se precisa para distinguir tales matices, la monocromía de nuestra visión del pasado será transferida a un cuadro carente de la vivacidad y colorido propios de la vida real.

El orgullo como el desprecio son sentimientos que todos podemos sentir con más o menos fuerza, pero para apreciar sus beneficios morales hay que verlos encarnados en un hombre poseedor de una escala de valores en quien la altivez, la soberbia de la vida y el desprecio por las actitudes ruines y bajas se hace sentir como un don que jerarquiza y eleva, sin detrimento de la generosidad y la modestia cuando la ocasión lo requiere. No puede despreciar quien no estima y la calidad de sus desprecios tiene que medirse por el valor de sus estimaciones. Nuestro Señor despreció todos los ofrecimientos que el Tentador le hizo en el desierto, pero no despreció ni al leproso, ni a la pecadora, ni al pobre publicano avergonzado de su mísera condición. Despreció a los mercaderes del templo y a los doctores de la Ley que pretendían confundirlo con sutilezas de rábulas, pero no despreció al centurión romano que le pidió por la salud de su esclavo. La nobleza de un hombre se mide más por la calidad de sus desprecios y pude decirse sin temor de cometer un desatino: dime qué cosas desprecias y te diré quien eres.

Se dice que el orgullo es una exagerada estimación de sí mismo y, en tanto exagerada, tal estimación, resulta defectuosa, pero si caemos en el vicio contrario: una actitud despectiva con respecto a nuestra propia dignidad, muchas veces inspirada por el mismo orgullo que suele caer en esos juegos a dos bandas, la situación moral es mucho peor. El desprecio por sí mismo es difusivo y tiene una tendencia inconcebible a extenderse a todos los demás creando un clima de bajeza en el que resulta fácil percibir la presencia invertida del orgullo.

Las sociedades sanas han sabido cultivar ciertos orgullos que, bien administrados, juegan un papel honroso en la distribución de las jerarquías que un buen orden moral impone. Sentirse orgulloso de pertenecer a una familia de honor y de prestigio no es una vanidad superflua y en muchas oportunidades sirve de estímulo para inspirar una conducta en consonancia con esos antecedentes. El “self made man” no es de confiar y en los antiguos regímenes se tenía muy en cuenta el peso de la familia y en poca consideración a los advenedizos. En Roma para ser alguien había que apelar a la manifestación de “los rostros” o sea a las máscaras mortuorias de los antepasados que se hacía desfilar para acentuar el valor de un prestigio naciente.

Hoy es fácil abominar de todos estos ritos y adscribirlos para siempre a los perjuicios de una mentalidad obsoleta. No olvidemos que el hombre antiguo era mucho más social que nosotros y muchos de esos usos que llamamos despectivamente “prejuicios”, eran las defensas vivientes de un orden civil que nuestro individualismo burgués ya no conoce. El noble era educado como noble y el rey y la reina como reyes y en esta educación, en este condicionamiento cultural, se imponía un código que los historiadores tienen que comprender si pretenden tener una idea adecuada de lo que efectivamente sucedía en el Antiguo Régimen.

Hay dos historiadores franceses que encarnan, respectivamente, dos mentalidades diferentes al pasado de su propia nación: Numa Denis Fustel de Coulanges y Jules Michelet. Ambos han sufrido el influjo de las ideas liberales y del positivismo científico que fueron las enfermedades de la inteligencia francesa del siglo XIX, pero Fustel, más atento y mejor dispuesto para con la verdadera Francia que Michelet, supo ver en el Antiguo Régimen virtudes que Michelet, más burgués y republicano, no consideró dignas de una valoración adecuada. Hasta en el estilo con que presentaron sus estudios se puede apreciar la diferencia: muy clásico y contenido el de Fustel de Coulanges, romántico y muy oratorio el de Michelet, ilustran esas dos vertientes de la espiritualidad francesa que en ocasiones se mezclan para nuestro desconcierto y nos obligan a modificar nuestros esquemas valorativos: Barbey escribía como un romántico y pensaba como un clásico, al revés de Anatole France que escribía como un clásico, pero rendía inesperado tributo a los dioses de la revolución.

No obstante cuando Anatole volvía sus ojos al pasado, el espíritu clásico predominaba en él y así tratara de una escritora como Mme La Fayette o de una actitud como de una galantería en el gran siglo de Luis XVI, sabía apreciar con exquisita fineza los matices más refinados de las nobles costumbres de la cortesía francesa.

Hemos entrado a empellones en el siglo del consumismo y la historia nos viene preparada a salsa norteamericana con una gruesa dosis de erotismo democrático y otra no menor de deformaciones bien dispuestas para satisfacer nuestras exigencias igualitarias.

Un gentilhombre es una suerte de bailarín que hace malabarismos con una espada de utilería y una dama, una muchacha enjaezada como una carroza de carnaval y que lanza miradas lánguidas a través de sus falsas pestañas.

Los trajes están bien copiados y las ceremonias imitadas sobre la base de excelentes pinturas, pero los gestos delatan el teatro y el deseo de mostrar una sociedad que trata de acentuar las diferencias de clases con posturas de cómica superioridad.


viernes, 2 de octubre de 2009

Reivindicación del latín - Ian Gibson

Reivindicación del latín
Ian Gibson


Una recomendación de lectura puede cambiarle la vida a una persona, o modificarle sustancialmente. Una de las que influyó poderosamente en mí, cuando tenía quince años, y que sigo agradeciendo, fue El camino hacia Roma (1902), del prolífico escritor británico (con padre francés) Hilaire Belloc. No se trataba del camino de la fe en el sentido metafórico sino de un viaje a pie a la Ciudad Santa emprendido por su autor, férvido creyente, eso sí, desde el este de Francia. Si no me equivoco, en Belfort. Lo que recuerdo sobre todo de aquel libro, más que la descripción del peregrinaje en sí, con sus múltiples encuentros, peripecias y anécdotas, es el acendrado elogio que allí hace Belloc de la liturgia latina. Del latín de la misa, que se oía igual, aunque con distinto acento y variable belleza, en cualquier punto del orbe y hasta en el lugar más recóndito y alejado de las convencionales rutas turísticas.

Yo, que procedía del protestantismo, donde el latín se había rechazado siglos atrás como reacción contra la hegemonía de Roma, no podía sino darle la razón a Belloc. Que la Iglesia católica siguiera conservando en sus ritos y cánticos el idioma en que se habían expresado Virgilio y Horacio (si no Jesucristo) era un hecho humano, cultural y didáctico de inmensa relevancia. Oídas y repetidas las arcanas palabras una y otra vez, mes tras mes y año tras año, hasta los fieles de formación intelectual más pobre asimilaban paulatinamente, sin precisar la intervención de ningún libro de gramática, voces, frases y ritmos del antiguo idioma del Imperio. Se trataba de la lingua franca de la cristiandad. Además, ¿qué trabajo costaba, sobre todo para quienes hablaban romance en una de sus variantes, entender «introibo al altare Dei», «ite missa est» o «stabat Mater»?

El argumento del bueno de Belloc (quien, por cierto, no le hacía ninguna gracia a George Bernard Shaw) me resultaba entonces de una lógica irrefutable. Además, me parecía que, al mantener el latín de la misa, la Iglesia católica no solo contribuía a la conservación de un tesoro universal, sino que, al mismo tiempo, estimulaba y reforzaba el estudio del idioma en las escuelas. Tal estudio, en mi colegio –y me atrevería incluso a decir que en casi todos los de aquella época, tanto en mi país nativo como fuera– resultaba arduo y aburrido. El latín clásico suponía para cualquier escolar un indigesto embrollo de complejas desinencias e insolubles marañas sintácticas. No parecía tener nada que ver con la vida moderna ni prometer utilidad alguna. El argumento de que su adquisición clarificaba y agilizaba los procesos mentales nos dejaba fríos. No nos explicaban que, en realidad, el latín no era para nada una lengua muerta, pese a lo que siempre se decía, puesto que de ella procedían el español, el portugués, el francés, el italiano y otros idiomas (añádase el catalán), hablados por muchos millones de personas. Nadie nos decía que el latín, así entendido, era una lengua viva, vivísima, y que cierta familiaridad con ella, aunque solo fuesen sus rudimentos, podría facilitar nuestro acceso a otros idiomas.

Y a nadie tampoco se le pasaba por las mientes plantear la posibilidad de enseñarlo empezando, no ya con el latín clásico, tan difícil, sino con el mucho más sencillo latín vulgar, el de la Biblia Vulgata o incluso el de la tan injustamente olvidada literatura medieval. La enseñanza del latín en las escuelas era entonces, en realidad, un desastre, y su aprendizaje se convertía en un calvario. ¿A quién le podía sorprender la falta de interés que provocaba en los alumnos?

Vino luego el abandono por parte de la Iglesia, hay que suponer que con el sincero afán de llegar más directamente a la gente llana. Se trataba, me parece a mí, de otro desastre, quizá todavía mayor. ¿Por qué no compaginar, como solución de compromiso, el uso del latín con el idioma vernácula de cada comunidad? Con tan tajante empeño se ha roto una tradición milenaria y se ha contribuido a empobrecer a los fieles y al mundo entero. Me parece lamentable. Sin latín no se puede entender nada de la civilización occidental. Recuerdo la primera página del Ulises de Joyce, donde hay una parodia de la misa latina. Recuerdo también –son dos ejemplos modernos surgidos más o menos al azar– a Luis Buñuel, otro buen latinista (cualidad que se nota en La Vía Láctea), debido a haber sido, como el genio dublinés, aventajado alumno de los jesuitas.

Removiendo carpetas doy con un recorte, correspondiente al año 2000, en el que un distinguido profesor de la Universidad de Málaga, José Palacios, comentaba la melancólica situación que atravesaba el latín en las aulas españolas. Se matriculaban menos alumnos que nunca para dicha asignatura y, de los medievalistas de nuevo cuño, poquísimos optaban por estudiar clásicas. Resultado: cada vez menos personas capaces de leer con la necesaria pericia algunas de las fuentes latinas primordiales del pasado español (las mozárabes, por ejemplo). Palacios defendía fervorosamente, por ello, la necesidad de mantener y propiciar el latín en la segunda enseñanza. Otras muchas quejas se han oído desde entonces en este mismo sentido, pero mucho me temo que, en todos los casos, se trata únicamente de vox clamantis in deserto. Una lástima.


Ian Gibson
El Periódico.com 23/08/09
Fuente: http://www.catapulta.com/


Nota catapúltica: el firmante, un destcado hispanista, no es falangista, ni carlista, ni mucho menos un “lefebvrista”. Por eso su artículo tiene doble valor.




miércoles, 30 de septiembre de 2009

Solidez de familias cristianas para responder a relativismo - Benedicto XVI

Solidez de familias cristianas para responder a relativismo
Benedicto XVI


VATICANO, 25 Sep. 09 (ACI).- Al recibir esta mañana a los prelados de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil del sector nordeste 1-4, el Papa Benedicto XVI exhortó a trabajar por la solidez de las familias cristianas, basadas en el matrimonio entre un hombre y una mujer, y que se constituyan en respuesta viviente ante las seducciones del relativismo.

En su discurso, el Santo Padre señaló que los informes de los prelados tocaban con insistencia la cuestión del "asedio que sufre la familia" y subrayó que "a pesar de todas las influencias negativas" el pueblo de la región nordeste de Brasil "continua abierto al Evangelio de la vida".

La Iglesia "no se cansa de enseñar que la familia tiene su fundamento en el matrimonio y en el plan de Dios", pero "en el mundo secularizado impera la incertidumbre más profunda al respecto, especialmente desde que la sociedades occidentales legalizaron el divorcio. El único fundamento reconocido parece ser la subjetividad individual que se manifiesta en la voluntad de convivir", continuó.

Benedicto XVI afirmó luego que "en esta situación disminuye el número de matrimonios porque nadie quiere comprometer su vida sobre premisas tan frágiles e inconstantes, se multiplican las uniones de hecho y aumentan los divorcios. Sobre esta fragilidad se consuma el drama de tantos niños privados del apoyo de los padres, víctimas del malestar y el abandono y se expande el desorden social".

"La Iglesia no puede permanecer indiferente ante la separación y el divorcio de los cónyuges, ante la ruina de los hogares y las repercusiones del divorcio en los hijos que, para su instrucción y educación, necesitan referencias extremamente precisas y concretas, es decir de padres determinados y seguros que participan de forma diversa en su educación".

"Este es el principio –prosiguió Benedicto XVI– que la práctica del divorcio está socavando y comprometiendo con la denominada familia alargada y móvil, que multiplica los 'padres' y las 'madres' y hace que hoy la mayoría de los que se sienten huérfanos no sean hijos sin padres, sino hijos que tienen padres en demasía".

Esta situación, añadió, "con sus inevitables interferencias y cruce de relaciones no puede dejar de generar conflictos y confusiones internas, contribuyendo a crear en los hijos una tipología alterada de familia, asimilable de algún modo a la convivencia, a causa de su precariedad".

El Papa subrayó luego que "la Iglesia está firmemente convencida de que la verdadera solución de los problemas actuales que encuentran los casados y que debilitan su unión es el regreso a la solidez de la familia cristiana, lugar de confianza mutua, de don recíproco, de respeto de la libertad y de educación para la vida social".

"Con toda la comprensión que la Iglesia siente frente a algunas situaciones, los casados de segunda unión no son como los de la primera: aquella es una situación irregular y peligrosa que es necesario resolver, en fidelidad a Cristo, encontrando con la ayuda del sacerdote un camino posible para poner a salvo a cuantos están involucrados".

El Papa invitó a los prelados a animar a sus sacerdotes y a los centros pastorales "a acompañar a las familias para que no se dejen seducir por los estilos de vida relativistas que promueven algunas producciones cinematográficas y televisivas y otros medios de comunicación".

"Tengo confianza en el testimonio de los hogares que sacan energías del sacramento del matrimonio para superar las pruebas. A partir de familias como esas se debe restablecer el tejido de la sociedad", concluyó.


jueves, 24 de septiembre de 2009

Modo más respetuoso de comulgar es de rodillas y en la boca - Cardenal Juan Luis Cipriani

Modo más respetuoso de comulgar es de rodillas y en la boca
Cardenal Juan Luis Cipriani


LIMA, 21 Sep. 09 (ACI).- En la homilía de la Misa dominical que presidió en la Catedral de la ciudad, el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Cardenal Juan Luis Cipriani, señaló que "el modo más respetuoso de recibir la Eucaristía es de rodillas y en la boca. Hay que recuperar el respeto y reverencia que merece la Eucaristía, porque el amor a Jesús es el centro de nuestra vida cristiana, te juegas el alma".

En su homilía, el Purpurado explicó que este modo de comulgar es el más solemne y recomendado, por lo que los fieles que participaron de la Misa recibieron la comunión con estas indicaciones, explica la nota del Arzobispado de Lima.

El Cardenal animó también a los fieles a contemplar a Cristo Eucaristía en las más de 70 capillas de Adoración al Santísimo que se han construido en la Arquidiócesis de Lima, promovidas con ocasión del Año de la Eucaristía y la Misión Continental, convirtiendo así a la capital del Perú en una "ciudad Eucarística".

"Lima es una ciudad Eucarística con más de 70 capillas de Adoración al Santísimo, lugar donde está expuesto el Señor y al que tu puedes saludar, porque él te escucha y te ayuda. Hay que adorarlo y dejar que tu corazón se llene de gozo y de la belleza de su sabiduría", mencionó.

Paz entre Perú y Chile

De otro lado y en su programa radial sabatino "Diálogos de Fe", el Cardenal Cipriani se refirió a las tensiones entre Perú y Chile y advirtió que no es bueno "estar en los medios de comunicación ventilando situaciones; y, mucho menos, dejando que las pasiones de unos y otros, normales y corrientes, estén creando una situación totalmente fuera de lugar".

"Lo mejor –dijo el Arzobispo Primado– es bastante silencio y una mayor intensificación de las relaciones internas, para que como seres racionales y seres prudentes, pero con la verdad –la cual no se puede dejar de lado– se dialogue. Pero no en este esquema de me compro un submarino, yo me compro dos. Me compro un tanque, yo tengo tres. Realmente, pensar que en este siglo XXI este sea el lenguaje"

"Creo que hay que callar las armas, callar la discusión en la prensa y reflexionar un poco más hacia dentro. Como se ha dicho ahora, una justicia requiere de solidaridad, de dignidad y no de exacerbar", los ánimos, alentó.

"No se olviden, las campañas políticas siempre han tenido un aliado, que es las dificultades internacionales. Siempre quien quiere aprovechar de una situación de coyuntura política, levanta problemas internacionales. Esto es viejo, viejísimo. No caigamos tontamente, cuando ambos países, uno antes y otro después, están cercanos a unas elecciones", señaló.

Solidaridad y respeto a la vida

Al comentar la necesidad de la solidaridad en la sociedad actual, el Arzobispo señaló que "hay que ser solidarios con ese inicio de la vida que se da en el primer instante de la concepción. La humanidad entera, los legisladores, los medios de comunicación y todos con ese respeto sagrado a lo que es ese instante del inicio de la concepción".

"Me cuesta pensar que un señor sea solidario con un sueldo; y simple y llanamente reparte unas pastillas para matar esa reciente concepción, a través por ejemplo de la pastilla del día siguiente", alertó

"Me cuesta esfuerzo pensar que una persona fríamente manipula vidas y después va a ser generoso o solidario cuando haya que aumentar un sueldo. No entiendo. Dejen de maltratar la vida del no nacido y verás que empezamos a pensar diferente", concluyó el Cardenal.




domingo, 20 de septiembre de 2009

El relativismo como camino a la intolerancia - Fernando Pascual

El relativismo como camino a la intolerancia
P. Fernando Pascual, LC


El relativismo cree que la verdad, en uno o en varios ámbitos del saber, sería inalcanzable para los hombres. Por lo mismo, considera “teóricamente” a todas las opiniones como iguales.

Por ejemplo, negar que Dios exista valdría lo mismo que afirmar que Dios existe, pues ni los ateos ni los creyentes pueden probar que su postura sea “verdadera”.

En realidad, el relativismo desencadena una continua lucha de poder en la que se imponen los más fuertes sobre los más débiles. Porque si la verdad fuese inalcanzable, en el mundo de los hombres seguirán siempre en pie juegos de poder, más peligrosos cuando la verdad ha quedado relegada al ámbito de lo inalcanzable. Es entonces cuando “vale” sólo quien domina a los otros desde su punto de vista, que es lo mismo que decir desde sus deseos, sus gustos, su prepotencia, su avaricia, sus ambiciones, sean o no sean verdaderas, buenas o justas.

Es por eso que el relativismo, a pesar de sus apariencias inocentes y benignas, conduce al egoísmo y a la prepotencia, a la lucha y a la mentira, a la intolerancia y a la marginación del diverso.

El Evangelio, por el contrario, nos abre a la verdad, nos aparta del egoísmo, nos purifica de las mentiras.

Por eso también nos enseña el camino de la humildad, del servicio, del amor. Porque la verdad lleva a amar, y amar implica desear el verdadero bien del amado. “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13,34-35).

Existen, por desgracia, grupos dentro de la misma Iglesia que, en nombre de un falso diálogo, promueven el relativismo, y así se apartan de la verdad, de la justicia, del amor. Algunos de esos grupos han llegado al absurdo de apoyar la legalización del aborto o de la eutanasia, han defendido el “derecho” a la esterilización o a los anticonceptivos.

Cuando estamos lejos de Dios, que es amor, todo es posible, incluso apoyar los males más aberrantes. En cambio, cuando vivimos cerca de Dios, avanzamos hacia el Amor verdadero, y buscamos vivir según los Mandamientos del Señor.

Cada católico está llamado a enseñar ese Amor, a mostrar a los hombres el verdadero Evangelio de Cristo, que nos recuerda la entrega del Hijo, en la obediencia al Padre, para rescatarnos del pecado, para librarnos del error, para conducirnos a la Verdad, que es Amor.

Esa es la gran tarea de ayer, de hoy y de siempre: vivir en la Verdad, como Iglesia, bajo la guía de Pedro y de los Obispos sucesores de los apóstoles. Sólo desde esa Verdad que nos viene de Dios superaremos los riesgos del relativismo y podremos promover un diálogo lleno de amor y respeto hacia cada uno de nuestros hermanos los hombres.



jueves, 17 de septiembre de 2009

"Decálogo" para leer la Biblia - Mario de Gasperín

"Decálogo" para leer la Biblia
Mons. Mario de Gasperín


MÉXICO D.F., 13 Sep. 09 (ACI).- El Obispo de Querétaro, Mons. Mario de Gasperín, lanzó un "Decálogo" para la correcta lectura de la Biblia, que debe insertarse, explicó, "en la gran corriente eclesial que conduce y guía el Espíritu Santo".

"La Escritura es el libro de la comunidad eclesial", recordó el Prelado; y precisó que por ello "nuestra lectura, aunque sea a solas, jamás podrá ser en solitario. Muchos a través de los siglos la han leído, meditado, vivido, transmitido. Los mejores intérpretes de la Biblia son los santos".

Asimismo, Mons. Gasperín, subrayó que no se debe olvidar que "el centro de la Santa Escritura es Cristo; por eso, todo debe leerse bajo la mirada de Cristo y cumplido en Cristo. Cristo es la clave interpretativa de la Santa Escritura".

De igual manera, el Prelado enfatizó que para sacar provecho de la Biblia ésta "debe leerse y meditarse con el mismo Espíritu con que fue escrita. El Espíritu Santo es su autor principal y su principal intérprete. Hay que invocarlo siempre antes de comenzar a leerla y al final, dar gracias".

Finalmente, el Obispo de Querétaro resaltó que "todo texto bíblico tiene un contexto histórico donde se originó y un contexto literario donde se escribió"; y advirtió que cualquier texto bíblico fuera de este contexto histórico y literario, "es un pretexto para manipular la Palabra de Dios. Esto es tomar el nombre de Dios en vano".


Decálogo para leer con provecho la Biblia

Septiembre: mes de la Biblia

1. Nunca creer que somos los primeros que han leído la Santa Escritura. Muchos, muchísimos a través de los siglos la han leído, meditado, vivido, transmitido. Los mejores intérpretes de la Biblia son los santos.

2. La Escritura es el libro de la comunidad eclesial. Nuestra lectura, aunque sea a solas, jamás podrá ser en solitario. Para leerla con provecho, hay que insertarse en la gran corriente eclesial que conduce y guía el Espíritu Santo.

3. La Biblia es “Alguien”. Por eso se lee y celebra a la vez. La lectura mejor de la Biblia es la que se hace en la Liturgia.

4. El centro de la Santa Escritura es Cristo; por eso, todo debe leerse bajo la mirada de Cristo y cumplido en Cristo. Cristo es la clave interpretativa de la Santa Escritura.

5. Nunca olvidar que en la Biblia encontramos hechos y dichos, obras y palabras íntimamente unidas unas con otras; las palabras anuncian e iluminan los hechos, y los hechos realizan y confirman las palabras.

6. Una manera práctica y provechosa de leer la Escritura es comenzar con los santos Evangelios, seguir con los Hechos y las Cartas e ir entreverando con algún libro del Antiguo Testamento: Génesis, Éxodo, Jueces, Samuel, etcétera... No querer leer el libro del Levítico de corrido, por ejemplo. Los Salmos deben ser el libro de oración de los grupos bíblicos. Los profetas son el “alma del Antiguo Testamento: hay que dedicarles un estudio especial.

7. La Biblia se conquista como la ciudad de Jericó: dándole vueltas. Por eso, es bueno leer los lugares paralelos. Es un método entretenido, pero muy provechoso. Un texto esclarece al otro, según aquello de San Agustín: “El Antiguo Testamento queda patente en el Nuevo y el Nuevo está latente en el Antiguo”.

8. La Biblia debe leerse y meditarse con el mismo Espíritu con que fue escrita. El Espíritu Santo es su autor principal y es su principal intérprete. Hay que invocarlo siempre antes de comenzar a leerla y al final, dar gracias.

9. Nunca debe utilizarse la Santa Biblia para criticar y condenar a los demás.

10. Todo texto bíblico tiene un contexto histórico donde se originó y un contexto literario donde se escribió. Un texto bíblico, fuera de su contexto histórico y literario, es un pretexto para manipular la Palabra de Dios. Esto es tomar el nombre de Dios en vano.


+ Mario De Gasperín Gasperín
Obispo de Querétaro


lunes, 10 de agosto de 2009

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (IV) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte IV (22 al 28)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.


Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 22: La Crucifixión 1



Video 22: La Crucifixión 2



Video 23: La Resurrección 1



Video 23: La Resurrección 2


Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (III) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte III (15 al 21)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.


Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.



Video 15: Dos banderas 3



Video 15: Dos banderas 4



Video 16: Tres binarios 1



Video 16: Tres binarios 2


jueves, 6 de agosto de 2009

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (II) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte II (8 al 14)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.

Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 8: El infierno 1



Video 8: El infierno 2



Video 9: El hijo pródigo 1



Video 9: El hijo pródigo 2



Video 10: Rey 1



Video 10: Rey 2


Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola (I) - P. Alfredo Sáenz

Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola
R. P. Dr. Alfredo Sáenz, SJ
Parte I (1 al 7)


Los ejercicios Espirituales de San Ignacio son una herramienta maravillosa que aprovechamos magníficamente de la mano del R. P. Alfredo Sáenz, S.J. ¡Ojalá esta recopilación nos ayude a tender más fuertemente a la unión con Dios!.

Producción: Manuel y Stella Schiavoni.
Galeón Producciones Radiotelevisivas.


Video 1: Objetivo Ejercicios



Video 2: Fundamento 1



Video 2: Fundamento 2



Video 3: Fundamento 3



Video 4: Fundamento 4


domingo, 12 de julio de 2009

En nuestras escuelas no hay religión, pero sí ideología - Héctor Aguer

En nuestras escuelas no hay religión, pero sí ideología
Mons. Héctor Aguer


Alocución televisiva de monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata en el programa “Claves para un mundo mejor”(Sábado 20 de junio de 2009)

“Hace unos meses se firmó un acuerdo entre la Santa Sede y la República del Brasil que incluye entre sus cláusulas la posibilidad de la enseñanza religiosa en las escuelas estatales de ese país. Esto en la Argentina de hoy sería absolutamente impensable, a pesar de que en algunas de nuestras provincias, por disposición de las respectivas constituciones existe ya enseñanza religiosa en las escuelas de gestión estatal”.

“Observemos de paso que la Constitución de la Provincia de Buenos Aires establece que los niños bonaerenses deben ser educados en los principios de la moral cristiana, respetando la libertad de conciencia; pero, al parecer, nadie se fija demasiado en esta disposición de la Constitución de nuestra provincia. De hecho, es letra muerta.”.

“De todos modos, el problema principal no es ése. Aún si no se quiere ahora reivindicar que haya enseñanza religiosa en las escuelas estatales, se puede hacer notar en la Ley de Educación Nacional, actualmente vigente, se habla de educación integral. ¿Cómo puede considerarse integral una formación de la persona que excluya la dimensión religiosa?”.

“Se reconoce que la educación es un bien personal y social pero no se ha querido explicitar cuáles son las dimensiones que constituyen esa integridad de la propuesta educativa, muy probablemente para no mencionar el hecho religioso, la dimensión religiosa de la persona”.

“Pero por su parte el Estado impone una cierta ideología, que se filtra en los contenidos curriculares, se ve en los materiales que se difunden a los docentes y en algunas “políticas de estado” que van siendo establecidas por comisiones interministeriales, sobre todo de Educación y Salud”.

“Podemos ofrecer algunos ejemplos al respecto. La nueva materia “Construcción de Ciudadanía” impone una teoría crítica que pretende hacer del niño, del alumno, un pequeño teórico-crítico para cambiar las sociedad, alterando el orden que corresponde en la transmisión de los conocimientos”.

“Se descuidan los saberes básicos y, sin embargo, se insiste en esta perspectiva crítica que es marcadamente ideológica. La fuente de inspiración es el neomarxismo de la Escuela de Frankfurt. ¿Acaso de las escuelas argentinas se quiere sacar analfabetos revolucionarios?”.

“Pensemos en otra materia, como Educación Sexual. Sobre este tema ha habido y sigue habiendo mucha discusión, pero me pregunto si los padres de familia saben qué es lo que se trasmite a sus chicos en la escuela; tendrían que informarse e interesarse seriamente sobre todo porque en esta área se ha impuesto, casi de un modo indiscutible, la ideología de género”.

“Según esta perspectiva, la sexualidad no se inscribe en la naturaleza de la persona, no es una realidad biológica, psicológica, afectiva y espiritual, sino una construcción histórica y socio-cultural. Se es varón o mujer no porque uno haya nacido varón o mujer, sino porque lo hace tal la cultura, que modela el género de las personas. Se propone una escisión entre sexo y género, de modo que se pueda hablar de diversas opciones sexuales; todas serían igualmente válidas”.

“Es curioso cómo, en nombre de la promoción de la mujer, se denigra la figura femenina; sobre todo no se quiere aceptar su vocación materna, porque la maternidad es vista como una carga, ya que la sexualidad está totalmente separada del matrimonio, la constitución de la familia, el amor permanente, la transmisión de la vida… ¿Qué clase de educación puede fundarse en estos principios?”.

“Pues bien, no hay religión en las escuelas pero sí una concepción reduccionista del ser humano que va configurando toda una manera de ver las cosas, que trasmite una cierta cosmovisión. Podemos preguntarnos entonces: ¿cómo se salva la libertad de conciencia y el derecho de los padres de familia a que sus hijos sean educados de acuerdo con sus propias convicciones?. Es un derecho inalienable, que el Estado debe respetar, y es un deber, una responsabilidad que los padres no pueden soslayar”.

Mons. Héctor Aguer, arzobispo de La Plata



domingo, 21 de junio de 2009

El Papa Benedicto XVI declara Año Especial para los Sacerdotes

El Papa Benedicto XVI declara Año Especial para los Sacerdotes


El Papa ha convocado un año especial para los sacerdotes que comenzara en junio de este año y terminará en junio de 2010.

Lo anunció ante la plenaria de la Congregación del Clero que se ha celebrado bajo el tema La identidad del Sacerdote Misionero en la Iglesia, y habló sobre las diferentes dimensiones del sacerdocio.


miércoles, 3 de junio de 2009

¿Cómo celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano? - Explicación en Español

¿Cómo celebrar la Santa Misa según la Forma Extraordinaria del Rito Romano?
Explicación en Español


Muchos sacerdotes de habla española buscan que alguien les muestre la manera de oficiar este venerable rito -que el Papa Benedicto XVI desea que sea celebrado en todas las parroquias- y no encuentran quien les explique. Aquí hallarán esa explicación completa.

En este video en siete partes se detalla la forma de celebrar la misa tradicional católica del Rito Romano que promueve S.S. Benedicto XVI en el Motu Proprio Summorum Pontificum.


Video 1



Video 2



Video 3



Video 4



Video 5



Video 6



Video 7




Interesados en el video en formato DVD solicitarlo a tradidi@live.com (incluye traducción al Inglés, Francés, Español, Portugués, Italiano, Polaco, Neerlandés).

martes, 26 de mayo de 2009

¿El consenso o la verdad? - Fernando Pascual

¿El consenso o la verdad?
P. Fernando Pascual, LC


Contrarios a la verdad son el error y la mentira. Contrarios al consenso son el disenso y, en ocasiones, la actitud violenta ante quienes tienen un punto de vista diferente del propio.

Parecería, entonces, que consenso y verdad no podrían oponerse, porque se colocan en ámbitos distintos.

Sin embargo, existe una tendencia a buscar el consenso por encima de la verdad o al margen de la verdad. Como si la verdad, la idea de poseer la verdad, fuese enemiga del consenso. Y como si el consenso fuese alcanzable con más facilidad si cada uno renunciase a ver su punto de vista como “verdadero”, para relativizarlo en el contexto de un mundo pluralista.

En realidad, el consenso más profundo y completo entre las personas se logra precisamente cuando encuentran la verdad. Es hermoso, en ese sentido, constatar cómo hombres y mujeres llegan a sentirse unidos entre sí precisamente desde el descubrimiento y la aceptación de una verdad que reúne, que crea comunidad.

También, hay que decirlo con dolor, a veces una mentira vestida con ropajes de verdad se convierte en fuente de consenso, de cohesión, de armonía. Pero la mentira, tarde o temprano, revela su debilidad y su engaño. Vivir en la mentira lleva al desengaño y al fracaso, aunque a veces ofrezca ilusiones pasajeras y un cierto sentido de seguridad frágil.

Por eso, en las discusiones sobre los grandes temas humanos, el consenso sólo merece ser alcanzado desde el compromiso sincero por buscar la verdad.

Al hablar sobre el cambio climático, la pena de muerte, el aborto, la dignidad humana, la existencia de otra vida, las distintas ideas religiosas, hay que dejar de lado compromisos fáciles o relativismos engañosos para ir a fondo: ¿quién tiene la verdad? ¿Quién está en el error?

No tiene sentido, por lo mismo, buscar el consenso por el consenso como si fuese la meta, pues la meta es la verdad, no el consenso. Igualmente, no es correcto criticar a quienes tienen un punto de vista firme y decidido simplemente porque así “van contra el consenso”. Lo que importa es saber confrontar las opiniones con la verdad, y descubrir cuál posición sea más verdadera y cuál, en cambio, sea más engañosa o errónea.

El relativismo no lleva a ningún consenso sano. Porque parte de una premisa falsa (aceptada, incluso impuesta, como “verdadera”), según la cual todos los puntos de vista valen lo mismo.

Así sólo se consiguen acuerdos y consensos vacíos y pobres, capaces de llevar a dramas humanos como el del aborto legalizado en muchos países, o al uso y destrucción de embriones humanos en los laboratorios, o a la política de cierre de fronteras que impide un justo intercambio de productos y que mantiene en su pobreza a millones de seres humanos.

Más allá del relativismo está el deseo sincero por buscar la verdad sobre el hombre, sobre el mundo, sobre Dios. Desde ese deseo será posible avanzar, poco a poco, hacia un consenso profundo y pleno. Un consenso que debe arrancar de una verdad indiscutible: todos los seres humanos tienen la misma dignidad y merecen respeto, desde su concepción hasta su muerte.

La búsqueda de la verdad es el mejor camino para conquistar consensos capaces de construir un mundo más justo y más fraterno, para unir a millones de seres humanos por encima de diferencias raciales, culturales o lingüísticas.




Vamos a darle la vuelta a esto: ¡podemos! - Derecho a Vivir

Vamos a darle la vuelta a esto: ¡podemos!
Derecho a Vivir


El Derecho a vivir se encuentra enraizado en la esencia misma del hombre. Es hora de ponernos en marcha a favor de la vida: tenemos mucho por hacer. Argentina: ¡despierta!.






domingo, 24 de mayo de 2009

El deber cristiano de la lucha - P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu

El deber cristiano de la lucha
P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu


Video en cuatro partes de la recensión del P. Alberto Ignacio Ezcurra Uriburu al libro de Antonio Caponnetto.

Video 1



Video 2



Video 3



Video 4







lunes, 11 de mayo de 2009

¿La Iglesia Católica es querida por Jesucristo?

¿La Iglesia Católica es querida por Jesucristo?

Un video que muestra la verdadera identidad de la Iglesia Católica.

¿Realmente fue querida por Cristo o es uno de las más grandes mentiras creadas por el hombre?





El Cardenal de Bolonia prohibe la comunión en la mano

El Cardenal de Bolonia prohibe la comunión en la mano


El cardenal arzobispo de Bolonia, monseñor Carlo Caffarra, ha hecho pública la primera revocación oficial del indulto de la Conferencia Episcopal Italiana de 1989 que permitía recibir la comunión en la mano. En la catedral y otros dos templos de la archidiócesis italiana sólo se podrá recibir la comunión en la boca.


* * *

(Buhardilla de Jerónimo/Infocatólica) Cantuale Antonianum informa sobre las nuevas disposiciones dadas a conocer por la Oficina de Pastoral de las Comunicaciones Sociales de la Archidiócesis de Bolonia (Italia). Se trata de un comunicado que pone en conocimiento público la primera revocación oficial en Italia del indulto de recibir la Comunión en la mano.

“El primer domingo de Adviento de hace veinte años, en 1989, entraba en vigor la resolución de la Conferencia Episcopal Italiana, que autorizaba, con la aprobación de la Santa Sede, la distribución de la Sagrada Comunión en la mano.

En las últimas semanas, los párrocos y rectores de iglesias de nuestra diócesis han recibido la notificación de las disposiciones adoptadas por el Cardenal Arzobispo, en vista de los graves abusos que se han producido en este sentido. En particular, el Cardenal ha ordenado que, en la Catedral de San Pedro, la Basílica de San Petronio y el Santuario de la Virgen de San Lucas, la Comunión se distribuya a los fieles únicamente sobre la lengua”.

La posibilidad que se concedió para recibir la Hostia consagrada en la mano puede, de hecho, originar "graves abusos", porque "hay quienes se llevan las Sagradas Especies para tenerlas como "souvenirs", "quienes las venden”, o peor "quienes las llevan para profanarlas en ritos satánicos". Lo dice el provicario general, Monseñor Gagriele Cavina, en la carta a los sacerdotes que acompaña las disposiciones del Cardenal, citando un escrito de Mons. Malcolm Ranjith, secretario de la Congregación para la Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos.

Debemos tomar nota, escribe el Cardenal Carlo Caffarra, que, “por desgracia, se han repetido casos de profanación de la Eucaristía aprovechando la posibilidad de recibir el Pan consagrado en la palma de la mano, sobre todo, pero no exclusivamente, en las grandes celebraciones o en las grandes iglesias que son lugares de paso de numerosos fieles. Por este motivo es bueno para controlar el momento de la Santa Comunión a partir del cumplimiento de las normas comunes por todos bien conocidas”.

Durante la Comunión, se lee en el decreto del Cardenal, “los servidores asistan al Ministro, en la medida de lo posible, vigilando de que cada fiel, después de haber recibido el Pan consagrado lo consuma de inmediato ante el Ministro y por ningún motivo sea llevado de allí, o colocado en un bolsillo o en sacos o en cualquier otro lugar, o caiga al suelo y sea pisado”.

Junto con una fuerte recomendación de vigilancia que vale para todos los sacerdotes, el cardenal ha dictado esta disposición para tres iglesias de la diócesis: "habida cuenta de la frecuencia con que se han notificado casos de comportamiento irreverente en el acto de recepción de la Eucaristía - escribe el Cardenal - disponemos que en la Iglesia Metropolitana de San Pedro, en la Basílica de San Petronio y el Santuario de la Santísima Virgen de San Lucas en Bolonia, los fieles sólo reciban el Pan consagrado de las manos del Ministro directamente sobre la lengua".

La disposición está atenuada para las parroquias, porque, escribe Mons. Cavina, "los fieles son en gran parte conocidos, y el párroco puede estar más seguro de su actitud al hacer el gesto de la comunión en la mano con el debido respeto e intervenir con oportunas advertencias de vez en cuando a fin de educar continuamente a la asamblea para participar de la liturgia en modo activo y consciente ".

* * *

Comentario: Tomado de REDEMPTIONIS SACRAMENTUM:
92.-... Sin embargo, póngase especial cuidado en que el comulgante consuma inmediatamente la hostia, delante del ministro, y ninguno se aleje teniendo en la mano las especies eucarísticas. Si existe peligro de profanación, no se distribuya a los fieles la Comunión en la mano.
93.- La bandeja para la Comunión de los fieles se debe mantener, para evitar el peligro de que caiga la hostia sagrada o algún fragmento.




sábado, 9 de mayo de 2009

Carta abierta a Hans Küng - Vittorio Messori

Carta abierta a Hans Küng
Vittorio Messori



Querido padre Küng:

Usted es sacerdote, se acerca a los setenta años de edad, entró en el seminario cuando era niño, lo conoce todo y a todos en el mundo clerical. Así pues, también usted habrá oído esas historias divertidas que circulan en el milieu, y de las que usted es protagonista. Una, por ejemplo, es la de los cardenales reunidos en cónclave que –al no encontrar entre ellos a nadie bastante “progresista” y, por tanto, capaz de guiar la barca de Pedro hacia “el sol del porvenir”– le envían un emisario a Tubinga para saber si está dispuesto a subir al solio pontificio. Y usted responde: “¿Yo Papa? ¡Es una provocación vaticana! Si fuera Papa, dejaría de ser infalible, lo que ahora, como teólogo de vanguardia, soy y quiero seguir siendo…”.

Una historia divertida y –ha de admitirlo– que lleva en sí una verdad. Leyendo sus cosas –por lo menos desde hace quince años siempre iguales, pero con un índice de agresividad que a veces se convierte en insulto–, uno tiene realmente la impresión de que usted quiere atribuirse ese carisma de infalibilidad que niega a aquel y a aquellos a los que Cristo ha garantizado la asistencia del Espíritu.

Ahora, usted, con sus Tesis sobre el futuro del papado, llega a desear –constato con tristeza– la rápida intervención de la muerte que, al llevarse a Juan Pablo II, libera a la barca de la Iglesia de un “capitán” que está por echarla a pique. Al periodista de Il Corriere della Sera, que le pregunta si desea que el papa dimita, vista su insistencia en un cambio de cúpula en la Iglesia, responde con decisión que no. En efecto, explica que, aunque dimita, pero siga con vida, “este papa [cito textualmente] haría de todo para apoyar un sucesor en el espíritu del wojtylismo y del Opus Dei. Es preciso, por tanto, garantizar que los cardenales puedan elegir un sucesor sin sufrir manipulaciones, guiados únicamente por el Espíritu Santo”.

Un Karol Wojtyla vivo sería, pues, “un manipulador”, un obstáculo intolerable a la acción del Paráclito: así, que se muera y lo antes posible. Raus! Naturalmente, mi esperanza –y la de todos los que, sea como fuere su fe o su incredulidad, no están cegados por el furor theologorum–, nuestra esperanza, decía, es que hayamos comprendido mal, que usted no quería decir esto, que no quería llegar tan lejos.

Lo espero como hombre y como hermano en la fe. En efecto, a pesar de los insultos que he recibido de usted en la prensa internacional (primero por mi libro-entrevista con el cardenal Joseph Ratzinger, luego por el otro con el papa Juan Pablo II y por la traducción alemana de otros escritos míos), a pesar de las palabras ofensivas que me ha dedicado, he escrito varias veces que, a pesar de todo, tengo por usted un sentimiento de simpatía. En el sentido etimológico del término: “padecer con”.

Küng no corre el riesgo de ser “vomitado” por ser “tibio”, “ni frío ni caliente”, por citar el tercer capítulo del Apocalipsis. Se puede –mejor dicho, creo que se debe, y con firmeza– disentir de la terapia suicida que usted propone para el catolicismo en particular y para el cristianismo en general. Estoy convencido de que, si precisamente se sigue el rumbo que usted propone, la barca de Pedro se rompería contra los escollos o quedaría desierta, abandonada por los últimos ocupantes. Y, sin embargo, a pesar del tono cada vez más desagradable e intolerante que usa usted, nunca le he negado la buena fe, la lealtad de las intenciones: en usted hay pasión, no “tibieza”. Sucede a menudo (así, por lo menos, nos parece a muchos como yo, a los que usted ha insultado) que quien habla demasiado de “diálogo” cree que está libre de practicarlo. Hay en sus invectivas un diagnóstico equivocado, pero está también el tormento por la causa de la fe en el mundo de hoy.

Pero justamente éste, padre Küng, me parece que es el punto decisivo: ¿está usted tan seguro de que este mundo está habitado por personas que esperan de la Iglesia lo que usted imagina? Quien, como el que le escribe (permítame una alusión personal en esta carta que quiere ser personal), viene de lejos, y se ha formado –o deformado– no en cerrados ambientes clericales sino en esa cultura ilustrada que tanto le fascina, a duras penas frena una reacción irónica al leer estas “tesis” suyas, presentadas como nuevas y que en cambio se han repetido cien veces.

Profesor, ¿le ha asaltado alguna vez la duda de que se yerra el tiro al buscarle un lugar al cristianismo –a toda costa, incluso con el peligro de deformarlo– en las categorías “modernas” que le obsesionan, pero que muestran su anacronismo con mil señales? Usted es un apologista; y lo digo con solidaridad, aunque para usted este apelativo forma parte de esa categoría “políticamente incorrecta” que le aterroriza. Pero, para quien conoce cómo ver el mundo de verdad, esta apologética suya parece más adecuada al pasado en el que usted se formó, a los años sesenta conciliares, que levantaron su fama y que marcaron el ápice y al mismo tiempo el comienzo del declive de la modernidad.

Hemos entrado en una tierra desconocida que, a falta de términos mejores, llamamos “posmoderna”. El hombre de hoy –ese al que usted se dirige– está cansado y muere de lo que usted quiere proponerle otra vez: desacralización, desmitificación, profanidad, racionalismo, libertinaje, ilustración, socialización, democratización. Busca a tientas –le escandaliza por supuesto, pero no la tome con quien no hace más que describir– Sagrado, Símbolo, Misterio, Tradición, Disciplina, Religión, Autoridad, Milagro, Mística, Gregoriano, Prodigio, Ángeles, Videntes. Y así hasta la saciedad.

El mítico “hombre de hoy” sobre el que usted fantasea (y que, si alguna vez existió, pertenece a una modernidad muerta) no asiste a los debates –sobre todo si los animan teólogos “ilustrados”– y corre a donde se esparcen voces de apariciones: se niega a leer documentos, aunque sean sofisticados, de las infinitas comisiones y grupos de trabajo clericales, y escuchan con avidez cuando se les habla de Sábana Santa, Lourdes, Fátima o Medjugorje, de prodigios, de ángeles buenos y malos, incluido el demonio; abandona las parroquias, reducidas a centros “democráticos” de comités y asambleas, con elecciones y organigramas, y llaman a la puerta de carismáticos, gurús, sectas e iglesiuchas donde hallar lo “sagrado” y la “religión”, y no sociologías o ideologismos; respeta, tal vez, aunque los abandona a sus asuntos, a sacerdotes y religiosas disfrazados de “gente como las demás”, de las que hay gran abundancia, y ansiosamente va a buscar a hombres y mujeres “diferentes”, “de Dios”. Al padre Pío, para entendernos y por citar a uno que nada sabía de “planes pastorales” ni de “nuevos planteamientos kerigmáticos” y que de las lecciones del profesor Küng poco o nada habría entendido; pero, que, justamente por esto, atrajo en su vida a más almas que todas las facultades teológicas juntas en su historia pasada y futura.

Participaba una vez en una fastuosa conferencia de prensa organizada por el grupo de sus editores para presentar su enésimo libro donde –como de costumbre y con su acostumbrada impetuosidad virulenta– pedía para la Iglesia católica lo mismo que sigue pidiendo con estas últimas “tesis” suyas. Sacerdotes casados; mujeres sacerdote; divorciados admitidos en nuevos matrimonios; homosexuales venerados, métodos anticonceptivos libres, aborto aceptado, párrocos, obispos y papas elegidos por todos; cismáticos y herejes puestos como modelos; ateos, agnósticos y paganos acogidos no sólo como hermanos en humanidad sino como maestros de vida y pensamiento de los que aprender todo… En resumen, el acostumbrado rosario de lo “teológicamente correcto”. Los mandamientos del nuevo conservador, las “valerosas reformas” del conformista occidental medio.

Perdóneme, pero a duras penas contenía los bostezos. A mi lado le escuchaba con atención un pastor protestante que, al final, tomó la palabra: “Es muy hermoso y edificante, profesor Küng. Tiene usted razón, éstas son las reformas que el catolicismo debería poner en práctica. Pero, dígame: ¿por qué nosotros, los protestantes, tenemos todo lo que usted pide, y desde hace mucho tiempo, y sin embargo, nuestros templos están menos llenos que sus iglesias?”.

No sólo usted no respondió a la pregunta, que desde el cielo de las teorías “pastorales”, óptimas para los semestres académicos, bajaba a la brutal realidad de los hechos, estos maleducados que no quieren entrar nunca en nuestros esquemas, sino que veo en su artículo de Il Corriere della Sera que sigue impávido: así, el pecado imperdonable de este papa sería sobre todo el “no haber introducido en la Iglesia católica las instancias de la Reforma y de la modernidad”.

En cuanto a la “modernidad”, ya hemos hecho alusión a algunas cosas. Respecto a la Reforma, ¿es posible que uno como usted, que vive entre Suiza y Alemania, que conoce ese norte de Europa, que se pasó (a menudo por la violencia de los príncipes) al verbo de Lutero, Calvino y Zwinglio, es posible, decía, que no constate el verdadero estado de las Iglesias que antaño estuvieron tan vivas? ¿Es posible que sus viajes por el mundo no le hayan mostrado que el único protestantismo que hoy parece tener futuro es ese protestantismo “enloquecido”, agresivo, intolerante hacia todo ecumenismo, representado por miles de sectas y de iglesiuchas?.

¿Se pueden proponer hoy para la Iglesia romana –casi como si fueran novedades taumatúrgicas– reformas que la que a sí misma se llama “Reforma” descubrió y adoptó hace cinco siglos y cuyos resultados están a la vista de todos los que sepan leer sin los anteojos de la abstracción? Por poner sólo un ejemplo, este año más de once mil anglicanos de Gran Bretaña han pedido entrar en la Iglesia católica. Dentro de algunos días, el arzobispo de Londres ordenará sacerdotes católicos a muchas decenas de pastores anglicanos. Son hermanos (y hermanas) cuya conversión ha sido provocada por la decisión de la jerarquía anglicana de ordenar a las mujeres. Una decisión que no les ha atraído ningún católico (¡ni ninguna católica!), mientras que se ha provocado un éxodo importante hacia el catolicismo. Profesor Küng, por lo menos en este caso, ¿no son los hechos exactamente lo contrario de lo que afirman sus teorías?

¿Qué me dice, por ejemplo, de esa Holanda que antes del Concilio era quizá el país del mundo con la más ferviente vida católica, que inmediatamente después del Concilio se convirtió en la esperanza y La Meca del progresismo clerical, que llevó a cabo lo que era posible realizar de las reformas que usted invoca, cubriendo de desprecio “la arcaica teología romana”, y que en breve tiempo fue reducida a un desierto donde las iglesias que no caen en ruinas las transforman en supermercados, porno-shops o hamburgueserías? Padre Küng, ¿no le ha revelado nunca nadie que si el más católico de los continentes, el latinoamericano, se está pasando rápida y masivamente a las sectas “enloquecidas” que citaba antes o regresa a los cultos afroamericanos es porque busca en esto lo que ya no le da cierto clero católico, que (formado a menudo en la escuela de sus facultades alemanas) dice que “ha elegido a los pobres”, mientras que los pobres no lo han elegido a él?.

Tal vez usted contraponga otros hechos a los míos. Los examinaré con atención: el único carisma que me atribuyo es el de la falibilidad; creo, sin embargo, que no me equivoco al recordar que –“remontando”, como decía, el viejo 68, que sólo sigue vivo en la Iglesia, como usted nos testimonia– lo que le divide a usted de los que insulta es, a fin y al cabo, la concepción misma de Iglesia. La cual no es un club donde los socios pueden cambiar a su gusto el estatuto para “adaptarlo a los tiempos”; no es un círculo de lectores del mismo viejo Libro, donde cada uno defiende su interpretación; no es ni siquiera una asamblea donde el “en mi opinión” de cada uno tiene el mismo valor que el de los demás. Este papa al que (repito: espero que su pensamiento haya sido malentendido) usted parece desear una muerte liberadora, no es un amo, sino un siervo y administrador de una Escritura y una Tradición que no son suyas, al igual que no lo son de ningún hombre. Me detengo inmediatamente porque me sentiría algo ridículo si fuera más allá de la simple alusión al problema con quien, como usted, conoce mucho mejor que yo no sólo la eclesiología católica, sino también la comparada.

Y, precisamente porque la conoce –y tan bien–, permítame decirle que en la Iglesia institucional, de los hombres de Iglesia, veo todos los límites, todos los defectos (que son también los míos: como todo bautizado, ¿acaso no soy yo también “la Iglesia”?); que conozco y apruebo la vieja sentencia sobre la Ecclesia semper reformanda; que estoy tan lejos de todo tipo de triunfalismo que soy sospechoso para muchos que sospechan también de usted.

Y, sin embargo, tal vez precisamente porque no he nacido en esta vieja Iglesia, en ella he hallado –experimentando su vida concreta– un lugar de humanidad, libertad, sabiduría y esperanza que en vano había buscado en otras partes. También –y sobre todo– en esa “modernidad” que le obsesiona y que usted quisiera imponernos y cuya salida buscan los hombres a tientas para no morir asfixiados.

Sepa perdonarme, profesor Küng, respeto sus “nuevos paradigmas” que he meditado en tantos libros suyos, pero –por lo que me atañe– se los dejo con gusto. Si a la fuerza debo equivocarme, más que en su compañía, prefiero hacerlo en compañía de esos muchos para los cuales ese papa “polaco” –como lo llama– no es una carga sino un don; no es un amo contra el que rebelarse sino un padre; no es el presidente de un club sino el sucesor de Pedro en la dirección de una Iglesia que, por la fe, no es sólo ni en primer lugar “el Vaticano” sino que es el Cuerpo mismo de Cristo.

¿Periodista de corte? ¿Diletante y autodidacta de la teología? ¿Laico abusivo entre los clérigos “conocedores”? Quizá también esta vez me lo gritará desde sus periódicos. En cualquier caso, aquí tiene un hermano que, aunque alérgico a toda retórica, le confirma su estima y se siente solidario –malgré tout– con su, si bien trastrocada, pasión apologética y misionera en un mundo que no soporta a quienes como nosotros son sospechosos de “tomarse demasiado en serio” la causa del Evangelio.

(Vittorio Messori, Los desafíos del católico,
Editorial Planeta Testimonio, Madrid, 2001. pp. 154 a 163).






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